¿Qué está pasando en China? Actualización de perspectivas en un comienzo de año problemático


Los primeros días del año han sido difíciles para China, debido a la depreciación del yuan en su cruce contra el dólar (-0,6% en lo que va de año, según Bloomberg). Muchos han interpretado este movimiento como una forma de los inversores de poner en precio anticipadamente la aplicación de medidas proteccionistas durante la inminente Administración Trump.  

Para Luke Spajic, gestor de crédito emergente en PIMCO, “claramente los inversores en China están de los nervios: durante los últimos meses, el yuan ha caído y los flujos de salida de capital han continuado, en ambos casos rápidamente, mientras que el Banco Popular de China (BPCh) ha tomado pasos para endurecer las condiciones financieras”. Si se recuerda que la subida de tipos de la Fed de diciembre de 2015 provocó una caída en espiral del yuan similar a la actual y una corrección global de la renta fija y la renta variable, hay motivos de sobra para explicar los nervios de los inversores.

Para Spajic, todo se reduce a la situación de “Trinidad imposible” en la que lleva China al menos un año: mantener un tipo de cambio fijo, movimientos libres de capital y una política monetaria independiente. “Combinar unas condiciones financieras más estrictas con este “trilema” significa que la divisa probablemente siga siendo una válvula de escape”, sentencia.  

Éste predice que “es probable que continúen los flujos de salida de capital en el corto plazo”, especialmente porque a principios de año se actualiza la cuota anual individual de conversión de 50.000 dólares en divisas extranjeras. El escenario base con el que trabajan en PIMCO es que el yuan se depreciará entre un 5% y un 9% a lo largo del año, aunque también creen que “ha aumentado la posibilidad del que el BPCh deje al yuan cotizar libremente, o que al menos ensanche su banda de cotización”.  

Luca Paolini, estratega jefe de Pictet AM, admite que en la firma han empezado 2017 con una postura más cauta en China debido a la combinación de ajustes de tipos de interés, aceleración de la salida de capitales y aumento de los costes de la deuda en dólares para las compañías y bancos chinos: “Salvo si el BPCh reduce sus tipos de interés a corto plazo, los bonos del país pueden seguir bajando de precio. Incluso con crecimiento de la economía EE.UU., existe el riesgo de que no se contagie si Trump logra implantar una agenda anti comercio internacional”, explica el experto.

Paolini se fija en un elemento adicional que puede perjudicar a China, pero también a otros países emergentes: la reducción de las condiciones de liquidez, que sugiere que “los activos de mayor riesgo son más vulnerables en 2017”. “Hay que tener en cuenta que el estímulo de los cinco mayores bancos centrales, mediante la compra de bonos, puede reducirse hasta 800.000 millones de dólares, desde los 1,7 billones de 2016. Dada la fuerte correlación entre este estímulo y el PER de las acciones, esta ratio puede comprimirse”, advierte el estratega.

El cóctel se completa con una invitada inesperada, la inflación. Tal y como explican los expertos de J.P.Morgan AM, el índice de precios de producción (PPI por sus siglas en inglés) de China creció en diciembre al ritmo más rápido de los últimos cinco años, un 5,5% interanual, mientras que el consenso esperaba un 4,6%. Esta subida se atribuyó principalmente a la aceleración de los costes de la minería y materiales básicos.

“Estas subidas de costes de producción para el “productor del resto del mundo” deberían empezar a mover la inflación global hacia arriba a medida que empezamos el año nuevo. El índice IPC de China se mantuvo estable al 2,3%, pero todavía por debajo del objetivo del 3%, así que las expectativas para la política monetaria están por el momento sin cambios”, explican desde la firma.

“Aunque vemos que el riesgo de una devaluación fuerte ha sido relativamente contenido, el renmimbi continuará bajo presión”, indican desde Mirae Asset. “Junto con una inflación más fuerte de lo esperado tanto en los precios al consumidor como a la producción, esperamos ver un ajuste en las condiciones monetarias durante la primera parte del año”, añaden.

Una visión constructiva

Pese a estos múltiples problemas, desde Invesco muestran una visión constructiva que detalla Mike Shiao, director de inversiones en Asia sin Japón en Invesco Hong Kong. “Los políticos chinos tienen dos objetivos principales: mantener un crecimiento económico decente e impulsar nuevas reformas estructurales”, recuerda. Su expectativa para este año es que “China ponga un mayor énfasis en mantener el crecimiento, con una menor prioridad por las reformas estructurales por ahora, ya que el crecimiento sigue siendo el elemento más importante para la estabilidad del crecimiento chino a largo plazo”.Shiao cree que el Gobierno actuará de dos maneras para incentivar este crecimiento: aumentando el gasto en infraestructuras y manteniendo una postura acomodaticia sobre el sector inmobiliario.

Dicho esto, en la parte en la que el experto se muestra más claro es sobre el endeudamiento chino: “Monitorizamos las condiciones de la deuda china con mucha atención. La deuda total actual es de un 255% del PIB, frente al 150% de hace 10 años”. Aunque admite que es un nivel elevado, aporta tres motivos para descartar que suponga un riesgo inminente de crisis a corto plazo. El primero reside en que “la deuda de China está en su mayoría financiada localmente. Esto elimina desajustes de la divisa y riesgos sistémicos que podrían estar potencialmente ligados a deudas extranjeras”.

El segundo motivo es que el nivel de endeudamiento gubernamental y de las familias es bajo, del 45% en el primer caso (aunque calcula que la del gobierno central es inferior al 20% del PIB) e inferior al 40% en el segundo caso, frente al 70%-90% que presentan habitualmente las economías desarrolladas.

Finalmente, Shiao indica que “el gobierno cuenta con la fortaleza de su balance por el lado de los activos, para poder apoyar industrias con problemas, gracias a sus elevadas participaciones en activos de calidad, sus participaciones en compañías cotizadas y su flexibilidad para adaptarse si es necesario”. Invesco ha calculado que las empresas públicas representan alrededor del 50% de las acciones clase A, con una capitalización bursátil combinada de unos 25 billones de renmimbis (unos 2,7 billones de dólares).

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