Qué esperar en la cita anual de banqueros centrales en Jackson Hole


Un año más, repite como epicentro estival de la política monetaria mundial el apacible valle de Jackson Hole, otrora habitado por gentes bien distintas, principalmente tramperos y montañeros. Este entorno al pie de las Montañas Rocosas, cuya ciudad principal – Jackson- no alcanza los 10.000 habitantes, reunirá a las cabezas visibles de bancos centrales de todo el mundo entre los días 24 y 26 de agosto, en un momento que muchos no dudan en tildar como crucial.

De hecho, según el estratega de Aberdeen Standard LifeLuke Bartholomew, “la reunión de Jackson Hole de este año podría producir el sentimiento de final de una era”. Son varias las razones que aporta el experto, empezando por los propios asistentes a la reunión: “Es probable que sea la última de Janet Yellen si es reemplazada a comienzos del año que viene, como se espera”. El estratega aporta otro argumento de peso, la sensación creciente de que “bajo la administración de Trump, el enfoque tecnócrata de la Fed está cada vez más desacreditado”.

Jackson Hole ha alternado históricamente simposios tranquilos, marcados por discursos versados sobre el estado de la economía, con otros de mayor trascendencia, como aquel celebrado hace siete años en el que Ben Bernanke dejó la puerta al QE3 o el discurso de Mario Draghi en 2014, cuando prácticamente anunció la puesta en marcha del QE a la europea. Este año la situación es bien diferente, con la Fed inmersa en el ciclo de subidas de tipos de interés – y lista para empezar a reducir su balance- y el BCE buscando los medios para empezar a revertir sus estímulos cuantitativos.

¿Qué esperar?

El tema en el que se centrará la cita de este año, organizada como siempre por la Fed de Kansas City, lleva el título “Promoviendo una Economía Dinámica y Global”. El discurso de Janet Yellen – programado para el 25 de agosto a las 8:00, hora local-, se centrará en la estabilidad financiera, mientras que el de Mario Draghi será a las 13:00 y girará en torno a la temática oficial de la reunión, así como a dar una respuesta frente a las especulaciones sobre el final del programa PSPP.

Con estos mimbres, numerosos actores del mercado han apostado a que la inflación será la gran protagonista del simposio. Entre tanto, el euro se ha apreciado ligeramente en espera de las palabras de Mario Draghi, mientras que la libra ha seguido cayendo – ya está en mínimos de diez meses-, el yen se ha depreciado contra el dólar y el Dollar Index – que recoge una cesta de divisas contra el billete verde- ha subido, aunque ligeramente. La rentabilidad del bono estadounidense a diez años se ha incrementado escasamente, mientras que los principales bonos europeos han mantenido un comportamiento estable.

El estratega de Aberdeen Standard Life opina, dado el contexto, que “el debate que la Fed y otros bancos centrales deberían tener en Jackson Hole es cómo lidiar con futuras crisis”, porque “la realidad es que las herramientas convencionales que han utilizado en el pasado simplemente no serán tan efectivas en el futuro con unos tipos de interés que probablemente serán permanentemente bajos”.

Basándose en la publicación de las minutas de la última reunión del BCE, los expertos de MFS consideran que “se han reducido las expectativas de que Mario Draghi utilice el discurso que dará en Jackson Hole para anticipar un cambio hacia una política monetaria menos flexible”. Desde la gestora añaden que “cualquier discusión al respecto deberá esperar hasta el otoño”.

En cambio, los analistas de Deutsche Bank afirman que “la Fed debería ser más importante que el BCE en Jackson Hole”. Según sus cálculos, si la inflación sigue manteniéndose más débil de lo esperado se difuminaría la posibilidad de otra subida de tipos por parte del banco central estadounidense en diciembre; según análisis del banco a partir de los datos sobre la brecha de desempleo, inflación, crecimiento del mercado laboral y condiciones financieras, actualmente el mercado ha puesto en precio un 60% de probabilidad de subida de 25 puntos básicos en diciembre. “Esto no constituye un caso fácil, pero sugiere que las expectativas del mercado son demasiado bajas”, afirman.

En cambio, estiman que el BCE tiene por delante “un camino estrecho hacia una salida gradual”. En este caso, consideran que “un euro fuerte y una trayectoria incierta de la inflación son argumentos en contra de la programación del final del QE”.

Sintra, precedente de Jackson Hole

Para David A. Meier, economista de Julius Baer, los bancos centrales ya han tenido un experimento previo a la reunión de Jackson Hole para testar la reacción de los mercados al regreso inminente de la normalización monetaria en Europa: el simposio organizado el pasado mes de junio en Sintra (Portugal) por el BCE. Según Meier, aquel encuentro a la sombra del melancólico Palacio Da Pena “mostró a varios bancos centrales tonteando con la normalización monetaria, que arrastró a los mercados”, en el sentido de que la especulación en torno al final de los estímulos cuantitativos del BCE – incluso una posible subida de tipos- “hicieron volar al euro”.

Para el economista, “el ejercicio de Sintra pareció exagerado, pues causó considerables reacciones en los mercados de divisas”. En su opinión, “Jackson Hole podría traer el resultado opuesto”, en referencia a que “los bancos centrales, particularmente el BCE, podrían intentar quitarle importancia a los efectos de la normalización monetaria para mantener tranquilos a los mercados financieros”.

Así, el experto considera que Mario Draghi podría “incidir sobre la flexibilidad en la planificación de su reversión monetaria, pues la inflación aún no ha subido lo suficiente como para justificar un endurecimiento monetario inmediato”. En cambio, piensa que la Fed lo tiene un poco más fácil: “Podría intentar convencer a los mercados de que la inflación en EE.UU. volverá a subir, cuando el mercado laboral esté tan ajustado que haga subir los salarios, justificando una continuación de las subidas de tipos”. De hecho, en Julius Baer siguen contando con que en diciembre se produzca la susodicha subida.

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