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¿Qué esperar de un precio del petróleo en máximos desde 2014?


TRIBUNA de David Brett, redactor de inversiones. Comentario patrocinado por Schroders.

Parte de la volatilidad que experimentan en ocasiones los mercados se debe al ruido generado por diversos acontecimientos (políticos, económicos, sociales). Esta volatilidad cobra mayor protagonismo cuando afecta a activos especialmente sensibles a las dinámicas de la oferta y la demanda, como lo es el petróleo. La mayoría de inversores aún recuerdan con agravio la crisis del oro negro en los años 70, que provocó que el precio del barril se cuadruplicara. No obstante, no tenemos que remontarnos tan atrás en el tiempo para observar un nuevo pico en esta materia prima, un hecho que está generando tensión en los mercados: como consecuencia de las sanciones impuestas tras la ruptura del acuerdo nuclear por parte de EE.UU. con Irán, el precio del petróleo alcanzó el 17 de mayo su máximo en tres años y medio. El Brent superó la barrera psicológica de los 80 dólares, lo que supone una subida en el año de aproximadamente un 20%. Además, la fuerte demanda impulsada por mercados como China e India y las tensiones geopolíticas en Oriente Medio han propiciado la creación de una tormenta perfecta para que los precios se vean impulsados al alza. 

¿Estamos ante el comienzo de un rally? En Schroders creemos que gran parte de las restricciones en la oferta serán descontadas por el mercado, lo que podría suponer estar cerca de la cima de la escalada de precio actual, que se situaría alrededor de los 80 dólares por barril. Una manera de aprovechar este rally sería a través de compañías explotadoras y productoras de petróleo. Muchas de ellas se han comprometido a devolver capital a sus inversores a través del pago de dividendos más altos. Los presupuestos se han calculado con barriles a unos precios de entre 50-60 dólares, por lo que, si el pronóstico se cumple, tendrán un amplio margen de liquidez, que tendrán que decidir cómo gastar.

Ante una subida en el precio de esta materia prima, las preocupaciones recaen en las posibles repercusiones que esto puede tener en la economía global. El aumento de los costes de la energía afectará, sobre todo, a los ingresos de los hogares reduciendo su capacidad de gasto, algo que podría representar un problema sobre todo en Estados Unidos donde el coste de vida ya ha empezado a aumentar. En regiones emergentes el impacto tendrá efectos distintos según la condición de exportador o importador neto de petróleo de cada país. Aquellos como Turquía e India, mercados importadores netos de petróleo, podrían ver sus economías desafiadas por los altos precios del crudo. En cambio, Emiratos Árabes Unidos y Rusia podrían obtener considerables beneficios por la revalorización de esta materia prima, debido a la condición de exportadores netos de energía. Pese a ello, también la idiosincrasia de cada país puede magnificar el impacto. Este caso es el de Turquía, que, si bien es un importador neto de petróleo, su economía también presenta desequilibrios con un gran déficit de cuenta corriente. Como resultado, la lira turca se encuentra bajo presión, y esto ha exacerbado los costes de importación petrolera.

Frente a estas circunstancias, ¿qué nos puede deparar el futuro de esta materia prima? El petróleo ha disfrutado de un periodo de relativa estabilidad durante los últimos años, que tuvo como precedente una época de precios bastante elevados, lo que motivó un nivel de inversiones muy alto. Sin embargo, desde Schroders estimamos que los niveles actuales de inversión no son capaces de ofrecer suficiente suministro para satisfacer el crecimiento de la demanda anual de más de 1,5 millones de barriles por día en los próximos años. El reciente aumento en los precios del petróleo estimulará la inversión, aunque los efectos de la misma tardarán algunos años en llegar al mercado, por lo que los precios se mantendrán bastante por encima del coste medio de producción. El transporte seguirá siendo el sector clave para la demanda de petróleo. En este sentido, China e India serán áreas importantes de crecimiento en el corto plazo, en donde las ventas de automóviles continúan creciendo a tasas extremadamente altas. En el largo plazo, el impacto de los vehículos eléctricos e híbridos provocará que las tasas de crecimiento de la demanda de petróleo se ralenticen y lleguen incluso a disminuir, pero dadas las limitaciones en las infraestructuras, no esperamos que esto suceda antes de 2030.

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