¿Qué es el riesgo de longevidad?


El envejecimiento de la población mundial es una de las tres grandes tendencias, junto con el crecimiento de la población y el auge de las clases medias emergentes, que en Fidelity Worldwide Investment creen “con cierto grado de seguridad” que se desarrollarán a largo plazo. Los analistas de la gestora profundizan en su último informe sobre las oportunidades de inversión que ofrece esta megatendencia estructural. 

“El mundo en 2045 será un lugar muy diferente del que conocemos hoy: los mayores de 60 años serán por primera vez más numerosos que los jóvenes de 15 años o menos”, comienzan advirtiendo desde la firma americana, para enfatizar que la humanidad se está adentrando en un periodo de envejecimiento sin precedentes, producido por la combinación del aumento de la esperanza de vida y la caída de la natalidad. Se centran en los efectos del cambio demográfico en las economías desarrolladas, donde la generación del baby boom (los nacidos entre 1946 y 1964) está entrando en edad de jubilación: “Estas personas viven cada vez más y mejor. Sin embargo, su longevidad está costando a los proveedores de pensiones y rentas vitalicias más de lo que estas entidades pensaron en un principio. Los presupuestos públicos sufren grandes tensiones, mientras que los fondos de pensiones y los ahorradores particulares se enfrentan a los retos de financiar jubilaciones más largas”, indican los analistas. 

Un reto para los sistemas de jubilación en los próximos 50 años

Desde Fidelity alertan de que esta tendencia “es cada vez más problemática para los planes de pensiones de prestación definida, los proveedores de rentas vitalicias y los gobiernos”, especialmente si se tiene en cuenta que aquellas personas que se incorporaron al mercado laboral en EE.UU. y Europa en 2010 previsiblemente tendrán jubilaciones el doble de largas que los que comenzaron a trabajar en 1980. Según un estudio del FMI, por cada año adicional de longevidad media mundial, la factura de las pensiones se incrementa entre un 3% y un 4% (equivalente a 1 billón de dólares). A esta situación se le ha puesto la etiqueta de riesgo de longevidad, y para los analistas de Fidelity “se perfila como uno de los mayores obstáculos para los sistemas de jubilación durante los próximos 50 años”. Cuantifican el volumen total de exposición al riesgo de longevidad relacionado con pensiones y rentas vitalicias entre 15 billones y 25 billones de dólares en todo el mundo. 

Actualmente, los planes de prestación definida del sector privado mundial acumulan ya unos pasivos (cantidad adeudada a pensionistas actuales y futuros) de 23 billones de dólares. “De hecho, muchos planes de pensiones tienen enormes déficits de financiación y el problema no es simplemente que las personas viven más, sino el hecho de que su longevidad ha sido sustancialmente subestimada durante algunos años”, denuncian desde la gestora. Aportan otro estudio del FMI: si en 2050 una persona vive tres años más de lo previsto, que es la cifra en la que se ha subestimado de media la longevidad en los cálculos hechos en el pasado, entonces los ya elevados costes derivados del envejecimiento podrían aumentar un 50% más.

¿Dónde están las oportunidades de inversión? 

“Las reaseguradoras van a desempeñar un papel importante como compradores de riesgo de longevidad y, en este sentido, está dando sus primeros pasos un incipiente mercado de transferencia de riesgos de longevidad”, continúa el análisis. En este campo detectan que se han producido 20 operaciones en las que una empresa transfiere parte del riesgo de longevidad del plan de pensiones del grupo a una reaseguradora, como ha sido el caso de la multinacional de servicios de telecomunicaciones BT a Prudential Financial. Todas las operaciones las han protagonizado grandes planes de pensiones y aseguradoras, y desde Fidelity pronostican que “a la vista del enorme volumen de pasivos por prestaciones definidas, que van a crecer al mismo ritmo que la esperanza de vida, existe un margen muy amplio para que el riesgo de longevidad sea gestionado por entidades externas”.

El segundo sector donde se perciben más oportunidades en el segmento de la salud, habida cuenta de que los mayores de 65 años representan de media casi el 35% del gasto sanitario total en el mundo desarrollado. No obstante, hay notables diferencias, puesto que el gasto es más alto en países ricos. Por ejemplo, en EE.UU. ha supuesto el 18% del PIB entre 2009 y 2013. “El gasto en salud y farmacia ha crecido en términos reales en prácticamente todos los países de la OCDE durante la última década, y la tendencia debería mantenerse a medida que los tratamientos vayan siendo cada vez más específicos y personalizados”, aseveran los analistas. 

"El envejecimiento poblacional implica más demanda de productos para estomas, urología, incontinencia y heridas” indica por su parte Nicky Stafford, gestora de fondos de renta variable mundial de Fidelity. También tienen en cuenta en sus cálculos el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas: enfermedades cardiacas, problemas respiratorios, diabetes y cáncer. El análisis se muestra muy claro en las oportunidades que brinda esta área de investigación farmacéutica, dado que las perspectivas estructurales de la atención sanitaria se apoyan en estas tendencias: “El aumento de la demanda, sobre todo de soluciones personalizadas por parte de unas poblaciones que envejecen más, reforzará el interés de los inversores en un sector que ya es apreciado por sus cualidades defensivas”, explican. Algunos de los nombres donde perciben más oportunidades son CVS Caremark, Roche, Novartis o Novo Nordisk. 

El último sector destacado es el de la tecnología médica, cuyo crecimiento se alimenta del incremento de la demanda de las poblaciones que envejecen en Europa, Japón, EE.UU. y China. Por tecnología médica se entiende la industria dedicada a la fabricación de dispositivos relacionados con la edad tan diversos como audífonos, caderas y rodillas artificiales, o aparatos para monitorizar el corazón. Los principales contratiempos que presenta este sector es que sus costes son desproporcionadamente altos y afrontan unos procesos de contratación cada vez más exigentes. Por ejemplo, en EE.UU. son los equipos directivos de los hospitales, y no los médicos los encargados de comprar estos artículos, y la política que siguen es tratar de rentabilizar al máximo sus presupuestos. A ojos de los expertos de la firma estadounidense, esta situación es el caldo de cultivo ideal para que se vean operaciones corporativas en el ámbito de la tecnología médica como la compra reciente de Medtronic por Covidien. 

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