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Qué es el Capital Natural: cómo cuantificar el valor del medioambiente


TRIBUNA de Luis Lópe-Cózar, CEO de Azentúa (Valor Ambiental y Sostenible, S.L.U.).

Según la última Encuesta a Inversores Institucionales realizada por Schroders este año, el número de escépticos de la inversión sostenible ha caído cerca de un 50% en los últimos tres años. La proporción de inversores a nivel mundial que no creen en la inversión sostenible pasó del 20% en 2017 al 11% este año. La lucha contra el cambio climático se ha convertido en una cuestión clave para los accionistas, pero ¿cómo cuantificar su potencial económico? El concepto, la integración y la gestión de la sostenibilidad es un hecho y se ha convertido en motor de cambio para los mercados, países y empresas, constituyéndose en una clave de la rentabilidad actual y futura.

En 1992, la segunda Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro se enfocó hacia la importancia del medioambiente y de los servicios que proporciona (colectivamente indicados como Capital Natural de la Tierra) para preservar la existencia humana. 20 años después se celebró la cuarta cumbre (también en Rio de Janeiro), denominada Conferencia de Desarrollo Sostenible+20, en ella se establece la Declaración sobre el Capital Natural como un llamamiento a los sectores público y privado a trabajar juntos para crear las condiciones necesarias para que el Capital Natural pueda ser mantenido y mejorado como un bien económico, ecológico y social crítico.

En el número de marzo de la revista Funds People (nº 128) explicamos en detalle el concepto de Capital Natural. Ahora repasaremos a fondo cómo cuantificarlo.

Atravesar estas etapas significa definir un proceso, riguroso y sistemático. El proceso de valoración en sí debe conllevar un análisis previo de sus valores, es decir, identificar y desagregar las funciones, productos y servicios ambientales que genera; en segundo lugar, valorar cada uno de ellos a través de los distintos métodos de valoración y, por último, volver a agregar todos los servicios que presta para hallar su Valor Económico Total.

Así las cosas, se puede definir el concepto de Valor Económico Total (VET) de un bien como la suma del valor de uso y el de no uso. Según muestra la ilustración siguiente, el valor de uso considera los elementos asociados al uso que se hace del bien. El valor de uso directo se reconoce de manera inmediata a través del consumo del recurso biológico o de un servicio que presta el mismo y puede estar incluso asociado a un valor en el mercado (por ejemplo, la visita a un curso de agua como podría ser un embalse, una laguna o un río). El valor de uso indirecto está relacionado con los beneficios que recibe la sociedad a través de los servicios ambientales de los ecosistemas y de las funciones del hábitat (por ejemplo, el valor que tiene el ecosistema acuático como uso para la pesca deportiva). Finalmente, el valor de opción contempla el valor de los usos potenciales, conocidos y desconocidos, en el futuro (el valor que tiene el curso de agua para sus futuros usuarios potenciales, por ejemplo, la opción a visitarlo en un futuro, aunque no tenga la intención de visitarlo inmediatamente).

Por otro lado, el valor de no uso es aquel que no está relacionado con el uso actual o potencial de un recurso. El valor de legado tiene en cuenta el valor asociado al hecho de que las generaciones futuras podrán hacer uso del bien (el curso de agua puede ser visitado por las generaciones futuras, es un legado que se traspasa). Por último, el valor de existencia es el valor que se da a un bien o recurso por su mera existencia (el valor del curso de agua no por su uso presente o futuro, sino por su existencia como tal).

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El esquema es un ejemplo de la medición del valor económico total con el curso del agua (CA)

Existen diversos métodos de valoración económica que pueden ser aplicados para valorar los distintos tipos de servicios ecosistémicos. Los métodos más utilizados son; precios de mercado, costes evitados, función producción, precios hedónicos, costes de viaje y valoración contingente. Los servicios de abastecimiento son más fáciles de valorar puesto que suelen comercializarse en los mercados y por tanto sus precios de mercado pueden usarse para hacer las valoraciones económicas. En el caso de los servicios de regulación o culturales, que no suelen tener precios de mercado (excepto, por ejemplo, la captura de carbono) las técnicas empleadas se basan en información de mercado relacionada con el servicio o bien (preferencias reveladas) o en mercados simulados (preferencias declaradas).

Es con este tipo de estudios (así nos lo confirman los resultados obtenidos en las, todavía pocas, experiencias existentes), con el que una empresa puede identificar y cuantificar los riesgos y oportunidades que derivan del conocimiento intrínseco de su entorno ambiental. Solo conociendo el valor monetizado de su medioambiente es cómo podemos valorarlo y cómo podemos tomar las decisiones adecuadas para su correcta gestión. Solo así es como la empresa podrá contribuir, de manera efectiva, a su sostenibilidad y al crecimiento de su marca y reputación.

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