"Pura Vida“ en Costa Rica


Al principio del año visité Costa Rica para relajarme y explorar si la calidad de vida y la felicidad de la gente es tan alta como se dice. Según los sondeos los ticos (así se le dice de los costarricenses) son los más felices del mundo. Su saludo y su lema es “Pura Vida” y esas dos palabras brillan en la pared detrás de Inmigración en el aeropuerto. He visitado muchos países y conozco esa situación algo tensa al cruzar el control, pero la verdad es que nunca me habían recibido tan amablemente como este funcionario deseándome un muy buen viaje y sonriendo auténticamente. Siempre la primera impresión es muy importante y ésta se confirmó a lo largo de mi viaje. La gente es muy educada y amable.

Se dice que Costa Rica es la Suiza de Latinoamérica por la estabilidad política y su alta calidad de vida. Además conozco varios extranjeros que viven allá debido a su favorable tributación, ya que las tasas son más bajas en términos generales que en Europa y sobre todo rige el principio territorial, es decir sólo tributan los ingresos que han sido generados dentro del país y no en todo el mundo. También para aficionados de naturaleza, Costa Rica es un paraíso con numerosas playas, parques naturales, una vegetación muy diversa, montañas altas y un clima agradable. Digno de mencionar es que fue la primera nación del mundo en abolir el ejército en 1948.

La capital San José (360.000 habitantes) no es muy grande y en tres días tenía la sensación de haberlo visto casi todo. Para mi gusto falta el ambiente de plazas, bares, monumentos y la gente en la calle que tenemos  en Europa. Siendo alemán flipaba al enterarme de que no existen direcciones. Las casas no tienen número y, aunque en teoría existe un sistema de numeración de calles, nadie lo usa en la práctica. Fui por ejemplo en taxi a un despacho de abogados bastante grande, y la dirección que me envió por SMS mi persona de contacto fue textualmente: “Nuestra oficina se ubica en Escazu, 600 metros oeste del restaurante Tony Romas, último edificio a mano derecha, sexto piso”. Sin nombre de calle, ni número de edificio.

En mi reunión pregunté por curiosidad si realmente no existía una dirección del piso y él me contestó que no, y si existe algo, nadie lo sabe. ¡Vaya Suiza!, pensaba. Un amigo tico en otra ocasión me comentó que en los correos ponen las direcciones exactamente así, orientándose con puntos claves y concluyó que las cartas siempre llegan. Para mí eso es o un desastre total o un milagro.

Durante mi viaje visité además San Isidro Perez, Quepos y la playa de Jacó. San Isidro es una ciudad pequeña o un pueblo grande que parece a un supermercado enorme. La americanización ha dejado sus huellas convirtiendo cada casa en un comercio y cadenas de comida rápida atenazan el país. San Isidro tiene su encanto por la naturaleza en sus alrededores y la cercanía a la montaña más alta de Costa Rica: el Cerro Chirripó con más de 3.800 metros. Conocí a un alemán en San Isidro que se forró gestionando programas de trading para bancos grandes. En 2008 vio que en el sistema algo iba muy mal y se mudó a Costa Rica para pasar la crisis. Según él Europa no será un sitio seguro para vivir en el futuro, ante el panorama de la crisis se extiende cada vez más y está lejos de ser solucionado. Él me dijo que sobre todo en la región de San Isidro viven muchos extranjeros que se han comprado un terreno e intentan vivir autosuficientemente. En general noté en conversaciones con varios extranjeros (suizos, americanos etc.) que viven allá, que todos comparten la sensación o la convicción de que algo va muy mal en Occidente.

El encanto de mi próxima estación, Quepos, es la cercanía a una playa muy bonita y un parque nacional popular, ambos con el nombre Manuel Antonio. Hay bastante turismo y la playa es ciertamente muy recomendable. En general Costa Rica apuesta mucho por el turismo y la preservación del medio ambiente. Siendo yo un experto de inversiones en recursos naturales (minería) suelo combinar viajes con visitas de minas o proyectos mineros. Pero en Costa Rica no dan licencias para la explotación de minerales. Quedé con un director de la empresa canadiense B2 Gold que tienen un proyecto de oro en Costa Rica y me explicó la situación. El gobierno es tan dogmático en este punto que no ven ninguna posibilidad de avanzar el proyecto aunque las actividades artesanales que tienen lugar en su área de concesión son mucho más dañinas para el medio ambiente que una explotación profesional de una empresa internacional respetando los estándares internacionales. Es más bien una cuestión de imagen para el país que quiere ser reconocido cómo un destino preferible de eco-turismo.

En Jacó Beach, la playa más cerca de San José, hice sólo un “stop-over” de una noche porque muchos me advirtieron del ambiente (drogas, prostitución y fiestas salvajes). La playa es muy grande y perfecta para caminos largos para disfrutar de la brisa del mar pero lamentablemente la arena es volcánica y el agua no es muy limpia. Para los aficionados de la playa puedo recomendar Manuel Antonio. Otra posibilidad que me han contado es viajar a regiones más lejanas como la península Nicoya, donde muchos famosos como Leonardo di Caprio o Mel Gibson tienen una propiedad, o irse al lado de la costa caribeña, muy bonita y auténtica pero también algo más bohemia y llena de hippies. No se puede ver todo en 12 días y vi bastante en poco tiempo. La calidad del viaje no aumenta con el número de estaciones sino más bien con experiencias nuevas e impresiones que dejan encuentros con personas nuevas. Para mantener mi flexibilidad fui decidiendo a lo largo del viaje mi siguiente paso y me desplacé entre ciudades en el autobús. Me pareció curioso ver los conductores hablando por el móvil mientras conducían, algo inimaginable en Europa. Pero siempre llegamos bien y normalmente a tiempo.

En resumen, Costa Rica es sobre todo un país para viajeros que son aficionados a la naturaleza y personas que quieren vivir una vida más tranquilla y con menos control e intervención del estado. La forma de ser de los ticos es la gran riqueza del país. Un europeo probablemente echa de menos ambiente y le puede chocar la americanización, pero por lo menos en el deporte domina el fútbol y no el beisbol o el rugby. Tal vez no por casualidad el primer Mc Donald que abrió fuera de Norte América se encuentra en San José. Hay algunas similitudes con Suiza pero también muchos contrastes. En Costa Rica falta ciertamente la obsesión por las normas y reglas y en Suiza estoy seguro de que nadie podría imaginarse la vida sin direcciones. ¡Pura vida!