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Puentes donde no hay ríos


En los últimos tiempos hemos visto el surgimiento de una nueva rama dentro de la economía que aún merece más investigación por parte de los teóricos: el riesgo político como determinante de los ciclos económicos. Existe, no se puede negar, pero no está lo suficientemente documentado. Los que estudiamos economía recordamos los modelos de equilibrio general, crecimiento, incluso, algunos alcanzaron a ver los modelos más estudiados recientemente, como los de Minsky, pero nadie mostraba modelos de riesgo político: no existían en economía, y los desarrollos se dejaban a otras disciplinas consideradas por muchos economistas como ‘lights’ entre las que se encontraban la Ciencia Política y la Sociología.

Hoy en día, esas dos disciplinas cobran una relevancia extrema. Pueden ser las únicas capaces de explicarnos como la política puede determinar el ciclo económico y el ciclo inversionista. Como parte del análisis, el efecto del ciclo político-económico debe partir del efecto que sobre la tasa de descuento de la economía tenga la política. A mayor incertidumbre, la tasa de descuento será mayor, lo que repercutirá sobre variables como la inversión y el consumo. De esta forma, ante una mayor tasa de descuento (implícita), los agentes financieros tendrán un incentivo para reducir el flujo de crédito a la economía real, explicando así, en una forma muy Minsky, una caída económica.

De esta forma, es claro el por qué las inversiones reaccionan ante eventos políticos. Mayor riesgo, desvaloriza activos como las acciones. La pregunta clave, entonces es: hasta qué punto se desvalorizarán las acciones ante la incertidumbre política? Respuesta: hasta que las señales empiecen a mostrar estabilidad. Especialmente si esa estabilidad es la que esperan los analistas. O hasta que la tasa de retorno de un proyecto sea tan alta, que el Valor Presente Neto del mismo, incluso traída a números actuales con una tasa de descuento muy alta, sea positivo. Cuando alguna de estas condiciones se da, los mercados financieros tienden a reaccionar positivamente.

Esto para Europa tiene serias implicaciones en la actualidad. El BCE está tratando de mantener una tasa de descuento baja, pero no puede. Los inversionistas reclaman mayor retorno, pero las empresas europeas no son, en muchos casos, lo suficientemente competitivas e innovativas, por lo cual su rentabilidad o retorno sobre la inversión es baja.

Es claro que durante los meses que acabamos de pasar, las acciones europeas estuvieron favorecidas por el mensaje que venía desde el Viejo Continente. Pero con los desarrollos políticos recientes en Francia y Grecia, el mensaje que estaba manteniendo el positivismo en Europa, de repente desapareció. Y descubrimos que no teníamos ninguna de las dos condiciones necesarias para encontrar valor en esas inversiones. Hoy, Europa en el agregado, se torna altamente incierto.

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