¿Puede ser sostenible un país?


La investigación extrafinanciera de las sociedades es algo que existe desde hace varios años y las clasificaciones de las sociedades sobre la base de “best approach” son hoy cosa corriente. Sin embargo, parece como si la crisis de la deuda soberana en la zona euro y el replanteamiento del estatuto de activo sin riesgo para las obligaciones gubernamentales de la zona euro hayan sido un mal necesario para que se hagan clasificaciones sobre criterios extrafinancieros también para los Estados. La mayoría de los modelos son, por tanto, bastante recientes, aunque para ciertos inversores, como Petercam, la cuestión de la sostenibilidad de un país ya cobraba sentido incluso antes de la crisis del verano de 2008.

Así pues, los modelos de sostenibilidad de los países son todavía hoy limitados, sobre todo por la ausencia (y la dificultad de determinar) una definición universal.

Sin embargo, las primeras lecciones de la crisis soberana de la zona euro parecen dar pistas sobre lo que incluye la sostenibilidad financiera de un país. Así, parece claramente evidente que la deuda pública no puede ser considerada por sí sola. Debe ser analizada en paralelo con la importancia de la deuda privada, de las empresas y de los hogares. La balanza por cuenta corriente es un elemento importante de sostenibilidad.

Pero, ¿cuáles son los criterios de sostenibilidad fuera del perímetro financiero? ¿Cuáles son los otros ejes de sostenibilidad de un país? ¿Existe un vínculo entre ambas dimensiones?

Dada la ausencia de definición universal de sostenibilidad, Petercam, como inversor en obligaciones gubernamentales, instauró un modelo interno de análisis de sostenibilidad a lo largo de 2007. El enfoque de sostenibilidad utilizado se basa en varias dimensiones:

La dimensión política y democrática (1): un país sostenible respeta sus compromisos frente a los países terceros y a su población. El buen gobierno del país asegura la instauración de instituciones de desarrollo y control adecuadas para garantizar el mejor funcionamiento del país. Las instituciones se erigen de manera democrática, la corrupción está proscrita y los ciudadanos son libres de expresarse.

La dimensión medioambiental (2): un país sostenible es cuidadoso de sus recursos naturales y, por tanto, actúa con respeto por el medio ambiente que lo rodea. Considera el planeta como un bien público en el que cada uno tiene el deber de respetarlo y preservarlo.

La dimensión social (3): un país sostenible está atento al bienestar de su población. Con este fin, las instancias de gobierno aseguran una calidad de vida suficiente a todos los niveles para el conjunto de su población. Se garantiza la seguridad y la accesibilidad a una asistencia sanitaria de calidad.

La dimensión del futuro (4): un país sostenible invierte en sus futuras generaciones. Por una parte, asegurando las mejores condiciones para la llegada de las futuras generaciones y, por otra parte, aportándoles la educación suficiente para asegurar el desarrollo y el gobierno del país del futuro.

La dimensión económica (5): finalmente, un país sostenible se da los medios de asegurar su viabilidad económica evitando la deuda excesiva, asegurando una estabilidad de los precios a su población y administrando sus ingresos y gastos como un buen padre de familia.

Al seleccionar criterios pertinentes que permiten medir estas cinco dimensiones, se manifiesta claramente una diferencia entre países de un universo relativamente semejante como, por ejemplo, la OCDE. A la luz de estas cinco dimensiones, destacan varios países como mejor clasificados, como los países escandinavos o, también, Suiza. En cambio, países como Grecia, Turquía o México muestran debilidades de sostenibilidad, visibles en el conjunto de las cinco dimensiones.

Sostenibilidad y rentabilidad

¿Podemos, por tanto, concluir que existe un vínculo entre sostenibilidad económica (incluida la capacidad de hacer frente a los acreedores) y sostenibilidad socio-medioambiental?

Si bien es verdad que hasta la fecha no se ha podido aportar una prueba científica, es difícil concluir que sea cosa del azar a la vista de los resultados obtenidos.

En efecto, con ayuda de una cincuentena de criterios repartidos entre las cinco dimensiones estudiadas –el peso de la dimensión económica es menor, porque forma también parte integrante del proceso de decisión de la inversión– se han clasificado 32 países miembros de la OCDE sobre la base de un enfoque llamado de "best in class". Cuando se compara el resultado obtenido desde finales de 2007 hasta la fecha, con los resultados en los mercados financieros estos tres últimos años, los cinco e, incluso, los diez primeros países (Noruega, Suecia, Suiza, Finlandia, Islandia, Dinamarca, Alemania, Austria, Nueva Zelanda y Países Bajos) parecen haber salido bien parados.

Para seleccionar los criterios pertinentes en cada dimensión, se ha querido que el enfoque sea lo más objetivo posible. En efecto, al seleccionar datos cuantitativos, comparables para el conjunto de los países estudiados y procedentes de fuentes fiables y reputadas, el factor subjetivo de concepto de sostenibilidad, inducido particularmente por ausencia de definición universal, se reduce sensiblemente.

El principal desafío de la metodología utilizada es garantizar una fuerza de predicción al modelo. Es decir, al tener tendencia los mercados financieros a anticipar los acontecimientos, un modelo de análisis es pertinente si es predictor y permite distinguir señales anticipadoras. En base a datos históricos, es difícil atribuir una cierta predicción a los factores empleados.

Esta carencia podría ser compensada en parte teniendo en cuenta las políticas aplicadas o los tratados y convenios firmados. Sin embargo, en ambos casos, se trata de compromisos, y los resultados reales sólo son mensurables después de un cierto tiempo.

Pero, en respuesta a los resultados obtenidos, Petercam está convencida que abordar la sostenibilidad de un país más allá de su sostenibilidad financiera es un valor añadido en la apreciación de un Estado y la calidad de su crédito. Con casi cinco años de existencia del modelo, es posible valorar la dinámica de un país en las diferentes dimensiones observadas. Así, en el modelo se incluye también un criterio de tendencia que permite ver el dinamismo de un país a mantenerse en el pelotón de la clasificación, sus esfuerzos por mejorar una posición media o, por el contrario, una cierta laxitud que conduce a un deterioro relativo con relación a los otros países en los terrenos estudiados. De este modo, hay determinadas tendencias que son perceptibles y constituyen una fuente de información suplementaria para el inversor sobre los compromisos reales de un país como importante actor económico.

 

 

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