Propósitos para el nuevo año


Propósitos para el nuevo año Miguel de Juan Fernández- A bordo del ARGOS 26 Diciembre 2013

Dedicado a Teo, el argonauta más joven del Argos…un mes

Por fin llegó la Navidad y con ella el recordar a Aquél por quien se celebra, naturalmente (y por si alguien anda confuso no me refiero a un gordito bonachón vestido de rojo ni el solsticio de Invierno). Al reunirnos en familia y disfrutando de unos días en los que parece que todo el mundo intenta ser algo mejor de lo que ha sido hasta ese mismo momento- o de lo que será una vez pasen las fiestas-, muchos suelen hacerse con un cargamento repleto de buenos propósitos para el nuevo año,…es lo que tiene, el ser humano es optimista por naturaleza y se ve que anhelamos ser mejores cada vez que podemos, aunque luego, pecadores de nosotros, caigamos una y otra vez en la tentación. Al acabar un año y comenzar otro, los propósitos se renuevan año tras año (lo que demuestra cuanto y cuantas veces hemos caído en el pasado en la tentación y no hemos hecho lo debido) y pese al pésimo historial de logros seguimos insistiendo en que “esta vez sí”, este próximo año seguro que conseguimos nuestros objetivos.

Como inversores lo cierto es que en muchas ocasiones nos comportamos así, generalmente nuestro objetivo está puesto en los próximos doce meses, en tratar de conseguir la mayor rentabilidad en el periodo que la Tierra tarda en dar una vuelta alrededor del Sol y, como les he comentado en otras ocasiones a mis argonautas, si nos centramos en el próximo año, en los próximos doce meses, perderemos de vista el que debería ser el objetivo principal (y para los argonautas lo es), que es tratar de conseguir la mayor rentabilidad en periodos largos de tiempo, cuanto más largos mejor. Recuerdo hace años, hablando en el punto álgido de la burbuja de las puntocom, a finales de 1999, cómo le decía a un joven cliente que con el patrimonio que tenía entonces- pongamos unos 30.000 euros- su objetivo “razonable” sería conseguir que a los 35 años, cuando entrara en la edad de jubilación, dicho patrimonio hubiera alcanzado los 850.000 euros, es decir, conseguir una rentabilidad anual media en esos treinta y cinco años de un 10%,…casualmente la rentabilidad media histórica del mercado bursátil incluyendo los dividendos. Su respuesta- recordad que estábamos en los años en que ganar un 20% lo hacía cualquiera- era que eso era ridículo y que no tenía sentido, ya que “él podía invertir esos 30.000 euros en tal acción que estaba subiendo como la espuma, venderla con un 100% de ganancia a los tres o seis meses, comprar otra con las mismas características y así, cada poco tiempo doblar su capital,…alcanzaría los 850.000 euros en algo más de tres años,…¿para qué iba a esperar 35 años?” …La última vez que hablé con él su patrimonio ascendía a la increíble cantidad de ….4.000 euros. Su estrategia de entonces consistía en tratar de ir saltando de flor en flor buscando aquella empresa cuya cotización estuviera subiendo, la más hot que dirían los cursis.

Y como siempre en estos casos la cosa funciona fenomenalmente (ferpectamente diría Obélix) hasta que deja de hacerlo y entonces el descalabro suele ser monumental. Hace poco, en otro artículo, os indicaba que Warren Buffett- el mejor inversor conocido- nunca se había planteado ser el mejor en un año determinado. De hecho cuando estableció sus objetivos para su partnership se marcó como objetivo batir al índice Dow Jones (incluyendo dividendos, algo que os recuerdo sólo el Argos realiza en España,…al menos que yo conozca) en al menos diez puntos de media anual, y a su vez indicaba a sus inversores que para valorar correctamente qué tal cumplía dicho objetivo lo razonable eran periodos de unos cinco años mínimo.

El resultado fue que se equivocó: en los trece años en los que estuvo gestionado el partnership, antes de modificarlo por Berkshire Hathaway,¡ batió al mercado por más de veinte puntos de media anual! Naturalmente no se conocen muchos inversores descontentos con su labor. En ningún caso su trabajo derivó en conseguir tal o cual rentabilidad en los próximos doce meses, ello le hubiera llevado a perderse las grandes rentabilidades que generó en el largo plazo y, como él dice, el tiempo es enemigo de las empresas mediocres pero amigo de las empresas excelentes.

Como le comentaba esta misma semana a una argonauta tomando un café navideño, el valor liquidativo de un fondo de inversión no refleja exactamente lo que hay detrás, tan sólo lo que el mercado ofrece por nuestros activos en un momento determinado, por ejemplo, alguna de nuestras inversiones “valen” mucho más del precio que nos cotiza el mercado y sin embargo el valor liquidativo ha de indicar exclusivamente lo que hoy nos han ofrecido,…ni más ni menos. Por eso es tan importante conocer al gestor o su concepto de inversión, saber lo que hace con nuestro dinero para poder distinguir lo que ofrece el mercado de lo que sería realmente su valor. El momento en el que dichos parámetros se acerquen- que un título alcance su valor intrínseco, por ejemplo- no podemos controlarlo y a nadie se le ha prometido que lo que compre ahora deba alcanzar su valor en los próximos doce meses; la rotación de la Tierra alrededor del Sol puede tener su importancia para las mareas y para las cosechas, pero no necesariamente para la fructificación de las inversiones.

Si habéis de hacer un propósito para el nuevo año, que sea el conocer dónde ponéis vuestro dinero, entended la empresa o a quien invierte en vuestro nombre. No todos os escribirán Cartas como las del Argos- no todos son reyes, príncipes o héroes- pero es vuestra responsabilidad conocer y pedir explicaciones sobre lo que están haciendo con vuestro patrimonio,…aunque vaya bien. Un abrazo a todos y hasta el próximo artículo. Que los Reyes Magos sean benévolos con vosotros y os renueven la ilusión de cuando erais niños.

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