Primeras reacciones a la respuesta del Banco de Inglaterra al impacto económico del Brexit


Buena muestra de la expectación que ha levantado el Banco de Inglaterra (BoE) es que su página web se colapsó a los cinco minutos de publicar las actas de la última reunión de su Comité de Política Monetaria (MPC). No era para menos: la institución había pedido en la reunión de julio más tiempo para asimilar el impacto del Brexit. Ahora, la institución ha optado por voto unánime recortar los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta el mínimo histórico del 0,25%. Es la primera vez que modifica el tipo oficial de interés de Reino Unido desde marzo de 2009.

La Vieja Dama ha anunciado más medidas extraordinarias: un programa de adquisición de 10.000 millones de libras en bonos corporativos de Reino Unido y la expansión de su QE en 60.000 millones de libras durante los próximos seis meses, hasta los 435.000 millones. Mark Carney, gobernador del BoE, declaró que existía la posibilidad de poder incrementar estas cuantías si fuera necesario.

Desde AXA IM, el analista David Page destaca el cambio en la estrategia de comunicación del BoE desde mayo: si hace tres meses el Informe trimestral sobre Inflación “caía en una posición ambigua sobre la economía en caso de salir el Brexit”, en cambio el pasado 30 de junio Carney afirmaba que sí se necesitaría alguna clase de estímulo, probablemente a lo largo del verano. Y en agosto, esos estímulos se han materializado.

El experto considera que el paquete recién anunciado “improbablemente satisfaga al MCP”, aunque por otra recuerda que parte el Comité ha mostrado en numerosas ocasiones “su escepticismo sobre los beneficios de los tipos de interés negativo, y no esperamos que se conduzca la política monetaria hacia esa dirección”.

La reacción del mercado a esta nueva ronda de estímulos no se ha hecho esperar. Su principal canalizador fue la libra, que se ha depreciado con fuerza en sus 16 principales cruces. Paralelamente, las compras de gilts se dispararon a una velocidad récord.

Mike Amey, responsable de carteras denominadas en libras de PIMCO, afirma que “al extender el programa QE durante los próximos seis meses, y el programa de adquisición de deuda corporativa en los próximos 18 meses, el MPC ha indicado que espera estar en modo acomodaticio durante un buen periodo de tiempo”. Amey considera que ha sido esta interpretación la que ha empujado a la rentabilidad de los gilt y a la libra a nuevos mínimos tras el comunicado de la entidad. “Estos movimientos están justificados por lo que es ciertamente un programa completo y apoyará estos niveles de aquí en adelante”, concluye.

Pros y contras del paso del BoE

Anthony Doyle, director de inversiones de renta fija minorista de M&G Investments, afirma que el movimiento del BoE “no ha sorprendido al mercado, que ya descontaba un 100% de probabilidades de que se llevara a cabo una rebaja de tipos hasta el 0,25%”. El experto recuerda que, al bajar al nivel inédito del 0,25%, el precio oficial del dinero ahora se sitúa en su nivel más bajo de los últimos 322 años.

“Lo que sí ha sorprendido es la envergadura del paquete de estímulos, que podría ampliar el balance del Banco en 170.000 millones de libras”, comenta Doyle. Éste indica que esta elevada cuantía podría ser la respuesta a “la atonía de los indicadores económicos registrada tras el referéndum, que apunta a un notable deterioro de la actividad empresarial y de la confianza de los consumidores”. Cabe recordar que el MPC también ha rebajado drásticamente su previsión del crecimiento, del 2,3% al 0,8% para 2017.

“Ante la incertidumbre económica generada por la decisión del Reino Unido de abandonar la UE, el MPC ha optado por actuar pronto, con firmeza y contundencia para limitar el daño que una contracción en la inversión empresarial y en el consumo de los hogares podría tener en la economía del país”, concluye el director de inversiones.

Mitul Patel, responsable de tipos de interés de Henderson, corrobora que el BoE parece haber optado por “aplicar un programa de estímulo agresivo por adelantado, con el fin de amortiguar la probable debilitación de la economía tras el referéndum”. Patel afirma que la institución “ha optado por usar todo su arsenal de una sola vez y, si bien ha proclamado que existía un mayor margen de maniobra, es poco probable que los mercados consideren que, llegados a este punto, la política monetaria pueda hacer mucho más para impulsar tanto el crecimiento como la inflación”.

“El recorte de tipos hará daño a los ahorradores, pero puede ayudar a los bancos a proporcionar préstamos más baratos a las empresas que estén esperando a invertir – por lo que apoyará al empleo- y también podría aliviar la carga de las familias endeudadas”, opina Toby Nangle, gestor de Columbia Threadneedle Investments. Aunque el experto ha encontrado significativo el recorte en las previsiones de crecimiento, admite que sus propias expectativas (un PIB del 0,5% para 2017) eran más pesimistas. “Quizá sean más impactantes las revisiones de las previsiones de inversión: se prevé que la inversión empresarial de 2016 caiga al -3,75%, frente a la expectativa del 2,5% de mayo recogida en el Informe Trimestral de la Inflación. La previsión para 2017 se ha aplastado hasta el -2%, frente al 7,25%”.

“Un recorte de 25 puntos básicos en los tipos de interés no proporcionará más que un subidón de azúcar en el corto plazo para la economía británica”, opina en cambio Christopher Metcalfe, gestor de renta variable británica de Newton (parte de BNY Mellon IM). El gestor cree que la nueva política monetaria tendrá un efecto limitado: “El precio de pedir prestado para las empresas ya está bajo y es difícil imaginar que, si las empresas tienen miedo o no están dispuestas a invertir tras el Brexit y con el tipo de interés a 50 puntos básicos, reducirlo a 25 puntos básicos consiga inducirlas a invertir”.

No obstante, el BoE ha mostrado ser consciente del margen limitado de la rebaja de tipos. Vía comunicado, la entidad ha explicado que “al estar los tipos de interés cerca de cero, es probable que sea difícil para algunos bancos y sociedades de ahorro y préstamo para la vivienda que reduzcan mucho más los tipos de sus depósitos, lo que a su vez podría limitar su capacidad para rebajar los intereses de sus préstamos”. Para mitigar este efecto, el banco central también ha anunciado un Esquema de Financiación Periódico (TFS por sus siglas en inglés) para proporcionar a los bancos financiación a tipos similares a la tasa oficial. “Esta acción de política monetaria debería ayudar a reforzar la transmisión de la reducción del tipo de interés a la economía real para asegurar que familias y empresas se benefician de las acciones del MPC”, afirma el comunicado.

Meltcalfe tiene su propia postura sobre la efectividad de esta correa de transmisión: “Unos tipos de interés más bajo suponen márgenes más bajos para el sector bancario. Se está volviendo cada vez más difícil para los bancos conseguir un diferencial atractivo sobre sus depósitos sin tomar un riesgo mayor de crédito y/o depósito. Este es el mensaje claro del experimento de Europa de los tipos bajos”.

“El banco realmente necesitaba anunciar este tipo de medidas. Pero más por el bien de su propia reputación, que por los beneficios económicos que supongan”, afirma desde Aberdeen su economista jefe, Lucy O’Carroll. La experta añade que “lo que realmente importa es si el Gobierno aprobará medidas de estímulo fiscal en otoño. La política monetaria ya no puede hacer mucho más por si sola”. 

Azad Zangana, economista y estratega de Schroders, ha definido las medidas como “el mejor colchón para la ralentización del crecimiento económico esperada para los próximos meses”, aunque bajo su punto de vista “sólo estimulará marginalmente la economía”. El escenario central con el que trabaja Zangana es que Reino Unido esquivará una recesión técnica, aunque asigna un 40% de probabilidades sobre la posibilidad de que la economía caiga en recesión.

A pesar de las declaraciones de Carney sobre la posibilidad de ampliar los estímulos si fuera necesario, el economista considera “muy dudoso que un QE adicional, más TFS o más compras de deuda corporativa tengan ningún impacto noticiable sobre la economía”. “En cambio, pensamos que el gobierno necesita dar un paso adelante para introducir estímulos fiscales significativos”, concluye.

¿Qué supone esta medida para los inversores?

El escepticismo es máximo entre los inversores sobre las oportunidades de inversión que brinda este paquete de estímulos. David Lafferty, estratega jefe de mercado de Natixis Global AM, resume así su punto de vista: “Para los inversores, el panorama general no ha cambiado. La fuerza gravitacional de las políticas monetarias seguirá empujando la rentabilidad global a la baja”.

Nick Langley, co-consejero delegado y co-director de inversiones en RARE Infrastructure (filial de Legg Mason Global AM), coincide al afirmar que “ante la rentabilidad casi nula que arrojan los activos líquidos, este último recorte hará que los tipos de la deuda pública caigan aún más”. En este contexto, Langley opina que “las clases de activos como las firmas de infraestructuras cotizadas pueden ofrecer mayores rentabilidad, algo difícil de encontrar en otros activos, con la ventaja añadida de que brindan protección frente al probable repunte de la inflación”.

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