Primera regla: “Nunca pierdas dinero”. Segunda regla: “Nunca olvides la primera regla”


En los momentos actuales, donde la rentabilidad de los activos más seguros tiende a la baja, se hace cada vez más difícil encontrar alternativas que puedan seducir a los inversores más conservadores.

Hay que tener en cuenta que, con las últimas actuaciones del Banco Central Europeo (BCE), la renta fija a corto plazo ya no es una alternativa para estos perfiles y que los fondos de inversión que la tienen en cartera cada vez ofrecen menor rentabilidad (incluso podría darse que las comisiones de los mismos provocaran rentabilidades negativas en los próximos meses, si se mantiene el conservadurismo en las inversiones).

¿Qué podemos hacer entonces? Se nos ofrecen diferentes alternativas:

A) Podríamos bajar el listón de la calidad en nuestras inversiones de renta fija, escogiendo activos que pudieran ofrecer mayor rentabilidad. Sin embargo, no considero esta opción como atractiva para este tipo de inversor conservador. Debido a que esta posibilidad modifica la tipología de los activos en los que estamos invertidos, cobra una importancia capital conocer de primera mano la composición de la cartera de los fondos que poseemos, para evitar que nos den gato por liebre.

B) Tomar posiciones en renta variable, ya que puede ser uno de los grandes beneficiados de las políticas llevadas a cabo por el BCE y que, posiblemente, veamos una revalorización de nuestras inversiones. Esta opción puede que, a posteriori, sea la acertada, pero es una alternativa que no está exenta de riesgos, ya que cualquier toma de beneficios en los mercados puede evaporar en un mes los beneficios obtenidos en estos últimos ejercicios.

C) La gestión alternativa de baja volatilidad se vuelve entonces la alternativa favorita, ya que proporciona a los inversores más conservadores una posibilidad de rentabilizar su patrimonio en un momento de mercado donde depósitos y renta fija no ofrecen rentabilidad y la renta variable puede resultar demasiado agresiva para su perfil.

Una vez que hemos elegido la estrategia que seguiremos en nuestra cartera, tendremos que dedicar algo de tiempo a seleccionar los activos concretos en los que vamos a invertir (en nuestro caso, fondos). Y debemos estar atentos porque, muchas veces, los fondos mixtos han sido erróneamente denominados como de gestión alternativa, logrando la preservación de capital con una combinación “estática” de renta fija y de renta variable. Sin embargo, como hemos dicho, en unos momentos en que los activos de calidad no ofrecen rentabilidad, dichos fondos quedan a merced del comportamiento de la renta variable.

Por ello, insistimos, es importante conocer cómo los fondos obtienen sus rentas y, para ello, se exige un ejercicio de trasparencia por parte de los gestores (deben quedar atrás los tiempos en que era una tarea titánica conocer la razón del comportamiento de un determinado fondo). Asimismo, en un entorno donde la remuneración del capital se hace a la menor tasa que hayamos visto, es importantísimo tener en cuenta las comisiones de los productos que contratamos, ya que las mismas van a determinar la diferencia a la hora de ver los resultados. Es más, los conceptos de riesgo y comisiones se interrelacionan: una comisión alta puede llevar a un gestor a asumir riesgos más elevados, simplemente para poder igualar en rentabilidad a fondos competidores más baratos.

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