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Preparados para la verdadera revolución de los vehículos eléctricos


TRIBUNA de Simon Webber, gestor de Fondos de Inversión en Schroders. Comentario patrocinado por Schroders.

Como expertos en inversión sostenible y especialmente involucrados con el cambio climático, hemos analizado uno de los sectores que más afecta a este fenómeno y que se encuentra en un momento histórico de cambio: el de la automoción.

El primer coche de la historia fue eléctrico. Robert Anderson inventó el vehículo eléctrico a batería entre 1832 y 1839 pero varios motivos, como el precio o la autonomía, hicieron que con los años el motor de combustión ganara la batalla. El interés por los coches eléctricos se despertó de nuevo a principios de este siglo, debido principalmente a los daños al medio ambiente que causan las emisiones de carbono.

En el momento en el que nos encontramos los vehículos eléctricos han llegado a un punto de inflexión. Por un lado, la calidad del producto ha mejorado, y por otro, hay una clara predisposición por parte del consumidor ya que el coste de tener un coche eléctrico por fin se está nivelando con el de los coches tradicionales con motor de combustión.

Tesla y su espectacular crecimiento ha ayudado a aumentar el interés por este producto, pero consideramos que pensar en un futuro en el que todos los vehículos sean eléctricos exigirá más tiempo e inversión de lo que la mayoría de los inversores prevén. Sin embargo, en nuestra opinión, creemos que es especialmente interesante analizar el mercado de furgonetas y camiones eléctricos, ya que vemos cómo su uso se está acelerando por encima de la media.

El coche eléctrico se enfrenta a diferentes obstáculos y la composición general de la flota de automóviles tardará todavía muchas décadas en cambiar principalmente por dos motivos. El primero es que no existen suficientes fábricas de baterías para abastecer a todos los automóviles del mundo. La inversión necesaria para generar la capacidad de fabricación requerida será ingente. La primera Gigafábrica, construida por Tesla, tiene un coste estimado de 5.000 millones de dólares para una instalación de 50 GWh. Si asumimos que, en el futuro, las fábricas solo costarán un 60% de lo que esta primera fábrica ha significado, la inversión sectorial acumulada necesaria para convertir toda la industria automovilística a su vertiente eléctrica supera los 400.000 millones de dólares. Claramente, en esta transición se crearán y destruirán nuevos mercados de gran envergadura a los que los inversores deberán prestar atención para identificar nuevas oportunidades de inversión.

El segundo factor que está ralentizando la adopción de los coches eléctricos es la velocidad de sustitución: la vida media de un coche es de más de quince años. Y en los países emergentes es todavía mayor. Suponiendo que los vehículos eléctricos representen el 25% de todas las nuevas ventas de automóviles en 2030 a escala global, y el 75% en 2040, los vehículos eléctricos apenas representarán un 11% de la flota total en 2030, menos del 45% en 2040 y un 77% en 2050 (que es cuando el transporte deberá registrar cero emisiones para cumplir el objetivo del Acuerdo de París). En este escenario, la mayoría de los desplazamientos en coche todavía generarán unas emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) considerables en 2040 y la única forma de llegar a las cero emisiones sería si se forzase una retirada anticipada obligatoria de vehículos con motor de combustión.

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Fuente: Schroders, abril de 2019.

Sin embargo, el sector del reparto comercial y la logística se pasará al vehículo eléctrico mucho más rápido ya que sus vehículos tienen un uso mucho más intensivo que los turismos. Esto implica que, por lo general, su vida útil es inferior.

El sector logístico no ha tardado en percatarse de ello y las empresas que dependen de grandes flotas de entrega están sustituyendo sin miramientos sus furgonetas y camiones por equivalentes eléctricos. Esto se debe, en parte, a que los ayuntamientos han endurecido rápidamente los reglamentos de emisiones. Pero también es, sencillamente, un tema de precio ya que usar vehículos eléctricos es más barato.

Además, las empresas de entrega se están viendo presionadas por sus clientes. Por ejemplo, Amazon ha anunciado recientemente sus planes de que el 50% de todos sus envíos registren unas emisiones de carbono neutrales de cara a 2030 (cuando solo en torno al 10% de la flota de turismos existente habrá pasado a ser eléctrica).

Pero Amazon es solo un ejemplo, hay muchas compañías más que están siendo pioneras en adaptarse a retos globales como el cambio climático. Y es precisamente en estas empresas donde creemos que existen oportunidades ya que consideramos que están mucho mejor posicionadas para afrontar el futuro. Con el objetivo de capturar estas oportunidades, precisamente, hace más de 11 años creamos el Schroder International Selection Fund Global Climate Change (SISF Global Climate Change), un fondo que, a través de la gestión activa, busca oportunidades en todo el mundo invirtiendo en empresas que reconocen la amenaza del cambio climático y se enfrentan antes que otras a los retos que este plantea, así como en compañías que forman parte de la solución a los problemas que acarrea este fenómeno.

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