Por un puñado de dólares


Por un puñado de dólares. Bien es cierto que un trillón (1 billón en castellano…nuestro PIB anual) es un buen puñado de dólares. Aunque como decía un jefe mío hace muchos años: "nunca es suficiente dinero".

La cuestión es que la Casa Blanca ha rechazado que vaya a utilizar su potestad de acuñar monedas de colección en metales preciosos para burlar la limitación del techo de la deuda. Hubiera sido inquietante, no tanto por el Tesoro de Estados Unidos como por la aceptación o no por parte de la Fed de tal moneda como garantía de préstamos o emisión directamente de liquidez a las arcas públicas. No se producirá este riesgo. Las espadas siguen en alto para conseguir un acuerdo, que los republicanos ya han relacionado con la concreción de recortes de gastos tras el acuerdo de subir los impuestos. Si a finales del año pasado la pelota estaba en el tejado de los republicanos ahora la respuesta deberá proceder de los demócratas y la Casa Blanca.

Por cierto, en diciembre el déficit público estadounidense fue de 260 millones de dólares. Se esperaba un billón. En los primeros tres meses del año fiscal el déficit se ha reducido un 9,1% en cifra anual. Los ingresos han crecido un 12% y los gastos han crecido un 17% en cifra anual. Una buena base de discusión para la clase política norteamericana a corto plazo.

Un contagio positivo. Así lo consideraba el presidente del BCE tras la última reunión de la institución. ¿Buenas noticias? Sin duda, nada macro, resultados y decisiones políticas novedosas. De hecho, la buena noticia son los propios mercados. ¿Por qué? Pues eso: porque suben. ¿Y por qué suben? Porque hay dinero y ganas de invertirlo, con la garantía implícita de los bancos centrales. ¿No escuchan la música? Sé que es una canción antigua. Cada cierto tiempo la hemos escuchado en estos cinco años de crisis. Pero no falla. Luego, más tarde o más temprano, se impone el subyacente real. Aunque quizás esta vez sea diferente. O quizás no tanto.

Debo admitir que tenía sería dudas sobre la capacidad de financiación de un mercado como el que dejamos a finales del año pasado, pese a la mejora de la segunda mitad, considerando las elevadas necesidades del sector público y privado en Europa, Estados Unidos y Japón. Más de 90 billones sólo en emisiones públicas en enero en las dos primeras zonas. Nada de lo que preocuparse, por el momento. Diría incluso algo más: los pesimistas se convierten en neutrales y los neutrales en fervientes optimistas ante un movimiento del mercado tan claro. Mejor no pensar, si no te quieres quedar al margen de un tren que se va… dicen. Tan claro el movimiento, que lo mejor por el momento es no hacer preguntas. Y es que se pone de nuevo de manifiesto que los mercados siempre tienen razón. O mejor, buena parte de los inversores quieren tener buenas noticias por primera vez…. ¿desde hace un año? Veremos.

Pero lo que es más llamativo si acaso es ver como el sesgo positivo supera los malos datos macro, las amenazas políticas en aire y los potenciales riesgos en algún caso más próximos a la realidad de lo que parece. Es el caso del abismo fiscal, con algunos analistas dándolo por zanjado cuando aún queda por negociar los recortes de gastos y el techo de la deuda. O en Europa la concreción de la regulación del Supervisor Único. Lo que sí parece claro es que en esta ocasión no será la financiación del sector público, en la eurozona, un nuevo detonante de la crisis como ocurrió en 2012. Salvo, naturalmente, que el discurso del ECB no cambie ante un comportamiento, de los gobiernos, que vuelva a incumplir los acuerdos de ajuste alcanzados. Pero incluso esta eventualidad está siendo limitada por la Comisión Europea que se muestra ahora mucho más dispuesta a valorar con flexibilidad los planes de ajuste. ¿Qué nos queda a corto plazo? Temer lo impensable.

 

Autor de la imagen: AnnGrlk, Flickr, Creative Commons

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