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¿Por qué vuelven a estar de moda los fondos indexados?


Aunque siempre se habla de los ETF como los instrumentos vehiculares para canalizar la inversión en gestión pasiva, en realidad existen otros productos de los que se habla menos y que, sin embargo, llevan la delantera a nivel de activos bajo gestión. Se trata de los fondos indexados, productos que en España han logrado por ahora una escasa penetración, pero que en Europa tienen un importante tirón. Tan es así que, de todo el volumen que gestiona la industria a nivel europeo, el 7% está en fondos indexados, frente al 6% que se invierte en ETF. Es decir: hoy por hoy, en Europa hay más dinero en fondos indexados que en fondos cotizados. La gran diferencia entre ellos es la evolución que han experimentado a nivel de flujos.

Desde 2004, en ningún año los fondos indexados han registrado flujos netos anuales superiores a los de los ETF, lo que ha permitido a los fondos cotizados situarse a un nivel patrimonial muy similar al de los fondos indexados, rivalizando por la supremacía en el ámbito de la gestión pasiva. Mientras que los ETF han experimentado todos los años entradas netas de dinero desde 2004, en el caso de los fondos indexados la tendencia ha sido muy diferente. Entre 2008 y 2014, todos los años, a excepción de 2012 que se anotaron ligeras captaciones netas positivas, los fondos indexados han experimentado salidas de dinero en Europa. En 2008 y 2009 el volumen de reembolsos conjunto superaron los 100.000 millones.

Hasta 2015, todo parecía indicar que los ETF se convertirían en el nuevo vehículo por excelencia para capturar el interés de los inversores por la gestión pasiva. Los ETF no hacían más que crecer en activos y los fondos indexados perderlos. Sin embargo, a partir de ese año el escenario cambió para los fondos indexados. De repente, estos productos volvieron a atraer flujos a nivel europeo. Aquel año captaron aproximadamente 50.000 millones; en 2016 algo más de 30.000; en 2017 casi 40.000 y en 2018 los últimos datos de Lipper muestran que las entradas netas están rondando los 20.000 millones. ¿Qué explica este repentino interés por los fondos indexados? ¿Por qué se han vuelto a poner de moda estos productos?

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Según Detlef Glow, responsable de Análisis de Lipper para EMEA en la XVII European Fund Distribution Landscape Seminar organizado por Accelerando Associates en Madrid, la razón es muy simple. “La evidencia académica en los últimos años ha venido a reforzar la idea de que, si eres un inversor que mueves poco la cartera, los productos de gestión pasiva te permitirán generar una mejor rentabilidad. El problema es que algunos inversores institucionales europeos no tienen permitido comprar ETF, por lo que se ven forzados a utilizar los fondos indexados. Asimismo, algunas plataformas no tienen creados los sistemas para operar con ETF, así que muchos inversores no les queda más opción que recurrir a los fondos indexados”.

Aunque muchos inversores creen que los ETF y los fondos indexados son lo mismo, en realidad no es así. Existen entre ellos siete diferencias muy claras. Los inversores que puedan escoger en qué producto invertir deben tenerlas muy presentes para quedarse con el vehículo que mejor se adapte a sus necesidades.

Lo más importante que deben tener en cuenta es el coste total de posesión y los factores que lo determinan. Tal y como indica Aitor Jauregui, responsable de BlackRock para España, Portugal y Andorra, para hacerlo la clave está en dos factores: el importe de la orden y el horizonte temporal. “Es fundamental analizar el coste total de posesión antes de realizar la inversión. Para una exposición estructural a largo plazo el fondo indexado puede resultar más eficiente, mientras que para posiciones tácticas u operaciones intradía puede ser más apropiado el ETF”.

Es una conclusión a la que se llega tras un pormenorizado estudio de varios factores: el coste que supone operar, cuánto ingresa el vehículo por préstamos de títulos, cuál de ellos tiene un tratamiento fiscal más favorable en el cobro de dividendos…

“Lo primero que tiene que hacer el inversor que se decante por la gestión pasiva es saber cuál es el índice que quiere replicar. En el caso de que disponga de ambos productos, el siguiente paso es fijarse en cuáles son las limitaciones regulatorias de cada uno (fiscalidad, es o no un vehículo UCITS, está o no registrado en la CNMV…), con el objetivo de elegir aquel que mejor se adapte a su política de inversión. Si ambos fuesen aptos, sería el momento de prestar atención a las restricciones operativas (precio interno de tener que operar en secundario o en NAV, la liquidez de cada uno…). Una vez pasada esa barrera, el inversor debería centrarse en qué vehículo replica mejor el índice (análisis del tracking error, tracking difference, costes de entrada y salida, cuál ingresa más por el préstamo de títulos, cuál retiene menos en el cobro de dividendos…)”, revela.

Haciendo la suma del coste y los ingresos que genera el producto por cada concepto podrá determinar qué vehículo le resulta más conveniente en cada momento.

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