Por qué usted no debería de haber vendido sus fondos en 2018


Lo sucedido en los mercados financieros el año pasado ha sido algo inusual. Nunca antes en la historia tantas clases de activo habían ofrecido rentabilidades negativas. En la práctica, esto ha supuesto pérdidas en prácticamente todo tipo de carteras. No ha habido refugio posible en el que resguardarse. Ni siquiera la liquidez ha sido un lugar en el que atecharse para no perder dinero. La cuestión es que lo sucedido ha vuelto a poner a prueba la capacidad de los inversores para aguantar en fases adversas del mercado. Y su paciencia es más bien escasa, sobre todo la de aquellos con carteras conservadoras, los cuales sienten una verdadera aversión a ver números rojos en sus extractos. Muchos deshicieron posiciones y vendieron sus fondos en 2018 cometiendo un craso error.

Si hubiese tenido un poco de paciencia, el inversor habría recuperado en apenas un mes buena parte de las pérdidas generadas durante todo el año pasado. Lo que no funcionó en 2018 está funcionando en 2019. Esto es algo que se puede fácilmente comprobar echando un simple vistazo a la evolución mostrada por las gamas de cualquier entidad. Como ejemplo hemos tomado como referencia a una gestora con una oferta de fondos en todas las categorías (monetarios, renta fija, renta variable, multiactivos, alternativos), analizando cuáles fueron las rentabilidades generadas por sus principales productos en 2018 (indicadas en la columna 1Y) y cuáles los retornos que están ofreciendo esas mismas estrategias en lo que va de año (YTD). Los resultados no pueden ser más elocuentes. Pulsar el botón del pánico sale caro.

Ejemplo de la recuperación en fondos monetarios, de renta fija y multiactivos...

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... y ejemplo de recuperación en fondos de renta variable

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“Aquel inversor que en el mes de diciembre capitulara se ha perdido gran parte de la recuperación. Es una buena lección la que hemos aprendido el año pasado”, afirma Mariano Arenillas, responsable de DWS para Iberia. El problema ha sido doble. En primer lugar, las expectativas de los inversores eran demasiado elevadas. La política de los bancos centrales ha hecho que hayamos tenido un ciclo de crecimiento muy largo y sostenido con muy baja volatilidad. Esto ha sido una anormalidad que ha derivado en que las exigencias de rentabilidad del inversor retail hayan sido muy superiores a la que han podido ofrecer los activos. En segundo, que muchos de los que cambiaron el depósito por el fondo no están acostumbrados a sufrir pérdidas.

“Los clientes que piensen que van a obtener de manera recurrente rentabilidades positivas todos los años se pueden llevar decepciones como las de 2018. Asustarse y vender es lo que hace daño a una cartera. Éstas tienen que ser estables y estar diseñadas para batir a la inflación y generar rentabilidades de entre un 4% y un 6%. Y para conseguirlo hay que mantenerse en el mercado a lo largo de un ciclo. Si tú eres inversor, debes tener un horizonte de inversión mínimo de tres años. No hay que pensar tanto en el rabioso corto plazo como en el largo plazo”, subraya.

El responsable de DWS para España y Portugal reconoce que el enfriamiento de la demanda por el producto fondo se está notando. “Optar por abandonar los depósitos, que rentan menos que la inflación, y construir carteras conservadoras orientadas a generar rentabilidades de entre el 2% y el 3% es un movimiento inteligente. Se trata de intentar optimizar tu riqueza. Otra cosa es que la paciencia de este tipo de inversor no sea la misma para los cuales están diseñados estos productos. Ese perfil conservador quiere ese 2-3%, pero en cuanto aparecen las primeras pérdidas se pone nervioso. La importancia de no ponerse nervioso y aguantar es algo que cuesta mucho hacer llegar al inversor final”, reconoce.

Cada cierto tiempo se producen fases de volatilidad a medida que los inversores van reaccionando con nerviosismo ante los cambios en las coyunturas económicas, políticas y empresariales. “Los mercados tienden a reaccionar en exceso ante los acontecimientos que nublan las perspectivas a corto plazo. Como inversor, es importante tomar distancia en estos momentos y afrontarlos con amplitud de miras. Cuando estamos preparados desde el comienzo para sufrir episodios de volatilidad en la evolución de nuestras inversiones, menos probabilidades tenemos de vernos sorprendidos cuando ocurren y más probabilidades tenemos de reaccionar racionalmente”, destacan desde Fidelity.

Captura_de_pantalla_2019-02-06_a_las_0Es un mensaje muy repetido por parte de las gestoras internacionales, pero muy necesario recordar, ya que cada vez que se producen episodios de volatilidad y correcciones en el precio de los activos, muchos inversores vuelven a caer siempre en en el mismo error. Materializan pérdidas y luego se pierden las fases de recuperación. Siguen a la manada y eso tiene como principal consecuencia que  terminan comprando cuando los precios están altos y vendiendo cuando están baratos. El ser humano es así. Tiende a evitar los números rojos, ya que siente el dolor de una pérdida aproximadamente el doble que la alegría por una ganancia. Sólo quien sabe controlar sus emociones tiene éxito. El que se pone nervioso se suele equivocar tomando decisiones en caliente.

A menudo, esas preocupaciones se las traslada a su asesor financiero o banquero privado, que debe hacer una labor pedagógica para evitar que su cliente tome decisiones inadecuadas y contraproducentes. Lo correcto es seguir la línea que durante años han venido defendiendo desde la industria, que pasa inexorablemente por crear una cartera equilibrada y muy bien diversificada. Ese es el trabajo del profesional. El de su cliente es mantener la calma y confiar en que la estrategia generará buenos resultados a largo plazo.

“El reto para los asesores financieros y banqueros privados sigue siendo el mismo: ofrecer resultados a largo plazo mientras lidian con las presiones a corto plazo en los mercados. Deben equilibrar los riesgos y abrazar formas alternativas de construir carteras, siempre con un ojo puesto en el largo plazo”, concluye Sophie del Campo, responsable de Natixis IM para Iberia, Latinoamérica y Estados Unidos Offshore.

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