¿Por qué los políticos se equivocan con las comisiones de los planes de pensiones?


Pocas veces en la política española se consiguen poner de acuerdo todos los partidos del arco parlamentario. Así sucedió la semana pasada en el Senado, cuando se aprobó por unanimidad una enmienda presentada por Miguel Pérez de Juan, senador del Partido Popular.  

 

El asunto a tratar eran las comisiones de los planes de pensiones. La propuesta pedía que se limitaran las comisiones de estos productos y que la retribución de los gestores se ligara a los resultados. La idea parece apuntar a una reducción de las comisiones ante los pobres resultados que ofrece el producto.  Si, como parece, sale adelante la propuesta, estaríamos ante una rebaja de las comisiones de los planes de pensiones. Pero, ¿realmente es una buena idea? Hay varios puntos que deberían tenerse en cuenta antes de tomar la decisión.  

 

- Nivel de precios. En la actualidad la comisión media de los planes de pensiones del sistema individual es del 1,41%, según datos de la DGS. Esta cifra es superior al 0,91% de comisión anual media de los fondos de inversión. No obstante, hay que tener presente que los planes de pensiones tienen un horizonte de inversión a más largo plazo y un mayor peso invertido en renta variable. Frente al 8% de renta variable en las carteras de los fondos de inversión, los planes de pensiones duplican esa cifra en exposición a bolsa. A más renta variable, mayor comisión. 

 

- Menos activos invertibles. Una reducción de las comisiones se traduce en una limitación de los activos invertibles. En los últimos años ya se ha visto cómo los límites en las comisiones en cascada de los planes de pensiones han reducido las posibilidades de inversión en otros fondos. La cartera de los planes de pensiones tiene un alto componente en activos locales y pierde la diversificación necesaria para una inversión a largo plazo. Una reducción de las comisiones quitaría incentivos para invertir en activos más sofisticados. 

 

- Menor competencia. Si se reducen las comisiones, se presionará el margen de las entidades, expulsando del mercado a algunos actores y reduciendo la competencia. El sistema de pensiones de empleo es un buen ejemplo de ello. Con una comisión media del 0,16% (por lo que parece, el paraíso al que aspiran los políticos), las gestoras ofrecen sus servicios a pérdida. Saben que no les resulta rentable gestionar a esos precios de derribo, pero también saben lo interesante que es gestionar el plan de pensiones de alguno de los grandes del Ibex 35 por el negocio paralelo que le puede traer. ¿Se quiere hacer lo mismo con el sistema individual? Si las entidades gestionan a pérdida ya se las ingeniarán para sacar la rentabilidad por otra vía en un producto que el cliente demanda principalmente por su favorable fiscalidad. Eso sí, por el camino se habrán quedado los grupos con menor margen de maniobra. Además, se habrá reducido la transparencia en el sector al no reflejar el precio la gestión realizada. 

 

No hay duda que si se pone en marcha la medida, las comisiones bajarán. Ya se vio en el negocio de los fondos de inversión hace una década. El cambio en el régimen legal de comisiones de gestión aplicables a los fondos de inversión que tuvo lugar en junio de 2000 provocó en los años posteriores una rebaja generalizada de las comisiones. Entonces, la comisión de gestión máxima aplicable a los FIM se redujo desde el 2,5% hasta el 2,25% y la de los FIAMM, desde el 1,5% hasta el 1,0%. Seguramente, la rebaja será positiva en el caso de algunos productos de renta fija que ofrecen comisiones que no se han adaptado al nivel actual de tipos. Pero, esa no es la solución. Nuestra clase política cometería un error si se quedara en esta decisión, ya que sólo servirá para que algunos abandonen el negocio. 

 

Los planes de pensiones afrontan un problema de falta de competitividad y, salvo contadas excepciones, no tienen la imagen de un producto capaz de generar rentabilidad al cliente. Una reducción de 25 ó 50 puntos básicos en la comisión no va a resolver el problema de unos pobres resultados a largo plazo. Cuando el principal atractivo de un producto es el fiscal corre el riesgo de que la fiscalidad que ahora sopla a su favor mañana desaparezca.  

 

¿Realmente le conviene a España reducir la competencia y limitar aún más un producto que debería ser estratégico en la política económica de los próximos 50 años? En estos momentos, resulta más importante crear el ambiente de competencia propicio de un vehículo visto por muchos como una forma de pagar menos impuestos cuando va a acabar el año. Si se sigue el ejemplo de los fondos de inversión, la llegada de las gestoras internacionales a España agudizó el ingenio de las gestoras españolas. Ahora saben que si no ofrecen el producto más atractivo, el dinero se irá a otra entidad. Esta sensación no parece estar en la mente de muchos gestores de pensiones. Y una rebaja de comisiones máximas no va a cambiar eso.