Por qué los inversores no deberían dejar pasar el tren de la bolsa nipona, según Oyster


Los números rojos parecen instalados casi de forma permanente en la bolsa japonesa, pero según algunos gestores la situación no hace justicia a la verdadera realidad. Entre ellos está Ian Wright, fundador de Morant Wright Management, entidad en la que Oyster Funds externaliza la gestión de su fondo de renta variable nipona Oyster Japan Opportunities desde su lanzamiento en 2005. De hecho, el fondo es un clon del Morant Wright Japan Opportunities lanzado en 1999 por la gestora. Para el experto, hay al menos cinco razones que explican esa infraponderación injustificada en las carteras tanto de inversores japoneses como foráneos.

 

En primer lugar, Wright señala las valoraciones. Así, con una bolsa “muy deprimida”, en niveles de 1994 y tan sólo unos puntos por encima del suelo tocado en la crisis de Lehman Brothers, el precio frente al valor en libros de sus valores está en niveles de 1965.

 

En segundo término está el crecimiento. Las valoraciones son bajas a pesar de que las perspectivas de crecimiento apuntan a cifras superiores al 2% para el año próximo, es decir, por encima de muchos países europeos y de EEUU, catalizado por la recuperación ante el terremoto de marzo y también por los tres paquetes de ayuda fiscal que el Gobierno ha insertado en el sistema por valor cercano, en conjunto, a los 20 billones de yenes.

 

Como tercer factor de apoyo, el Banco Central de Japón ha estado apoyando, con las medidas implementadas hace un año que no sólo le permiten comprar bonos gubernamentales y papel comercial, sino también ETF y reits, los precios de los activos de riesgo. Con todo, Wright cree que la política monetaria es “relajada pero no lo suficientente”, en la medida en que el “Banco Central no cree en las medidas de relajación monetaria y expansión de balance para lograr su objetivo de inflación”, al contrario de la Fed, el BCE o el Banco de Inglaterra. De ahí que el yen, “aunque no está tan caro como se piensa”, dañe las exportaciones.

 

El cuarto factor de apoyo, y clave, es la fortaleza del sector privado, pues Wright calcula que la mitad de las firmas cotizadas tienen liquidez neta, una fuerte posición que aprovechan para premiar al accionista mediante programas de recompra de acciones y reparto de dividendos, más altos en los últimos años. “Ha habido una revolución en este sentido”, dice el experto, indicando cómo los inversores extranjeros –que poseen el 26% de la bolsa del país- y los fondos de pensiones –el 10%- se han convertido en accionistas activos con este tipo de peticiones.

 

Por último, el hecho de que la rentabilidad que ofrece la renta variable, del 2,5%, es mayor al de los bonos, 1%, debería animar a entrar en las bolsas, aunque el gestor reconoce que el sistema actual, según el cual los inversores prefieren la renta fija, es muy cómodo para ellos. “Los inversores nacionales tienen mucha liquidez, unos 800.000 millones de yenes en depósitos, y la clave es si volverán al mercado de forma seria, porque la renta fija les ofrece una círculo vicioso cómodo y sin volatilidad, que está dañando a todo el mundo”, dice el experto, indicando que no les importa si las bolsas están baratas tanto como dicha volatilidad. Y actualmente, la situación es negativa, marcada por el sentimiento de aversión a la renta variable de todo el mundo ante la crisis europea. “La crisis ha afectado negativamente, tanto por las exportaciones –aunque Europa representa sólo en torno a un 10% de las mismas- como por el sentimiento”, explica Wright, rechazando la idea de que los bancos nipones, ricos en liquidez, ayuden a los europeos ya que la pasada experiencia en EEUU no fue satisfactoria.

 

Con todo, las exportaciones japonesas se están centrando cada vez más en Asia (ya alcanzan el 56%), un punto positivo del que el país podría beneficiarse, si bien Wright reconoce su preocupación por la desaceleración económica en China y problemas como la situación del mercado inmobiliario o derivado de la transición de una economía exportadora a una dirigida al consumo interno.

 

El Oyster Japan Opportunitieses sigue un proceso de inversión bottom-up, centrado en el balance de las compañías y en su valoración, con preferencia por firmas poco analizadas, incorrectamente valoradas y de capitalización media. La cartera está diversificada entre 50 y 80 nombres de forma que el peso máximo de un valor no puede superar el 3% y actualmente tiene presencia en sectores como el inmobiliario, el minorista y el de maquinaria, huyendo de la electrónica de consumo. En lo que va de año se deja en torno al 13%.

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