Por qué siguen demandando depósitos los ahorradores españoles


El fenómeno de los tipos negativos no es ni mucho menos exclusivo a la renta fija. También está teniendo un gravoso efecto sobre los instrumentos para el ahorro más conservadores: “Los intereses que pagan las cuentas de ahorro, los depósitos a la vista y los depósitos a plazo fijo son minúsculos, lo que se traduce en rentabilidades negativas cuando se descuentan los gastos y la inflación”, alerta explica Carsten Roemheld, estratega de mercados de capitales de Fidelity International.  

En el caso español en particular, se debe recordar también el punto de inflexión que supuso la intervención a principios del 2013 del Banco de España para frenar la escalada de depósitos extratipados. Esta acción provocó que ese mismo año el patrimonio de los fondos de inversión se incrementase un 49,84% para los fondos internacionales (hasta 23’73 millones de euros) y un 25,76% para los fondos locales, hasta 153,83 millones de euros (datos de Inverco a 31 de diciembre de 2013). Esta tendencia ha sido constante desde entonces: el patrimonio conjunto de fondos internacionales y locales terminó en 234’37 millones de euros a 31 de diciembre de 2014 (un 32% más), y el patrimonio conjunto de 2015, en 293, 63 millones, un 25,82% más (datos de Inverco).

A pesar de que el trasvase de dinero de los ahorradores españoles desde depósitos a fondos parezca descomunal, lo cierto es que no sólo queda todavía mucho dinero depositado, sino que, además, según Fidelity, muchos españoles no han cambiado de actitud hacia el ahorro, pues la demanda de cuentas de ahorro sigue siendo constante. “Parece que muchos ahorradores todavía no se han dado cuenta del drástico cambio que ha supuesto la política de tipos de interés bajos del BCE para su patrimonio personal”, observa Roemheld.

El experto aclara que es necesario distinguir cuándo los ahorradores necesitan asignar parte de su capital a estos instrumentos y cuándo es contraproducente: “Los ahorradores siempre deberían tener unas reservas de liquidez adecuadas de las que puedan disponer rápidamente para hacer frente a un gran gasto inesperado. Para estos fines, se recomiendan los depósitos a la vista”. Dicho esto, Roemheld recuerda que “este tipo de inversión no es adecuada para constituir un patrimonio a largo plazo”. En su opinión, “cualquier persona que esté en disposición de apartar una cantidad periódica de dinero debería plantearse contratar un plan de ahorro en fondos de inversión”.

Los datos que aporta el experto para reforzar su argumento se centran en el interés compuesto creado por distintos instrumentos en los últimos tres lustros. Por ejemplo, comenta que “un ahorrador que hubiera metido 100 euros en un depósito a la vista todos los meses durante los últimos 15 años, habría conseguido una rentabilidad anual del 0,5%, según el tipo medio de los depósitos a la vista del BCE”. Es decir, que “los 18.000 euros totales ingresados como ahorro mensual se habrían convertido en 18.687 euros”.

En cambio, si los ahorradores hubieran dedicado esa misma cantidad a invertir en hubieran invertido el dinero en los grandes valores de la bolsa europea, habrían obtenido un ahorro de 28.552 euros. A su vez, una inversión en los grandes valores cotizados españoles habría generado un excedente de 24.726 euros, es decir, más de 6.000 euros de lo ahorrado con un depósito a la vista (ver tabla).

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Implicaciones de las políticas de tipos cero

La decisión del BCE de llevar los tipos de interés oficiales a mínimos históricos ha empujado a su vez a la rentabilidad de los planes de ahorro a niveles cada vez más exiguos. Desde Fidelity indican que un ahorrador que hubiera empezado a utilizar depósitos a la vista en 2006 habría conseguido una rentabilidad compuesta del 0,4% y los planes de ahorro que se iniciaron hace 5 años han generado una rentabilidad del 0,2%.

Dicho esto, desde la firma insisten en que la clave está en tener un enfoque de largo plazo a la hora de afrontar este tipo de inversiones: “Obviamente, las acciones y los fondos experimentan mayores fluctuaciones en su evolución que, por ejemplo, los depósitos a la vista. Durante los últimos quince años ha habido varios episodios de turbulencias en las bolsas, algunos de escasa relevancia y otros más importantes, como los provocados por el estallido de la burbuja puntocom a comienzos de la década de 2000, la crisis inmobiliaria de 2008, el desastre de Fukushima y la crisis de deuda de 2011. Sin embargo, estas fluctuaciones no han afectado de forma significativa a las rentabilidades de los planes de ahorro en fondos, ya que, por norma general, los hundimientos de las cotizaciones dan paso rápidamente a fuertes avances. Si lo que se quiere es crear riqueza a largo plazo, las acciones y los fondos son imprescindibles”, concluye Roemheld.

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