Por qué la desregulación puede tener un impacto superior a los estímulos fiscales sobre el crecimiento


Más allá de las tesis de un mundo menos dominado por las políticas monetarias y con políticas fiscales más favorables, según las previsiones de Goldman Sachs AM, “el potencial para la desregulación pueda tener un mayor impacto sobre el crecimiento y los mercados en 2017”.

Los analistas de la firma han identificado tres importantes tendencias centro de la temática de la desregulación que les llevan a vaticinar que a lo largo de 2017 se desarrollará cierto grado de divergencia regulatoria dentro de la economía global, con margen para que algunas regiones apliquen una desregulación competitiva. Estas tendencias se detallan a continuación.

Regulación financiera a varias velocidades

Una de las claves para entender por qué derroteros puede moverse la regulación serán los nombramientos que haga Donald Trump en agencias estatales clave como la SEC (regulador del mercado de valores) o la CFTC (Comisión de Operaciones con Futuros sobre Materias Primas, por sus siglas en inglés). En este sentido, encuentran notable las declaraciones sobre Dodd-Frank de Steven Mnuchin, nominado por Trump para la Secretaría del Tesoro, al declarar que su “prioridad número uno” será reducir los aspectos que restrinjan el préstamo bancario.

Desde Goldman Sachs AM explican asimismo que en marzo de 2017 expira el mandato de Daniel Tarullo, gobernador de la Fed y actual presidente del Comité Federal de Examen de Instituciones Financieras (FFIEC). Tarullo ha sido un defensor de la armonización de la regulación bancaria a nivel global. “Parece probable que Trump presione para que se elija a un nuevo presidente más alineado con su agenda”, afirman desde la gestora.

De empezar EE.UU. a suavizar sus requerimientos regulatorios, y de estar menos dispuesto a una armonización global de los estándares actuales, esto podría proporcionar “un entorno en el que los bancos británicos y europeos, que han digerido más de 80 nuevas leyes y nuevas legislaciones entre 2007 y 2015, sean capaces de presionar para que se regule menos de aquí en adelante”.

En todo caso, las perspectivas para la banca británica seguirán siendo inciertas, “hasta que el gobierno y los legisladores decidan si continúan adoptando los estándares de regulación de la UE sin ser capaces de influir sobre ellos, o bien tomar la tangente y establecer un marco regulatorio menos estricto”. En el primer escenario, los bancos conservarían su pasaporte financiero, pero proseguiría “una armonización continuada de las regulaciones entre todos los sectores, notablemente la banca”.

De cumplirse estos pronósticos, podría observarse en EE.UU. un mayor crecimiento de la concesión de préstamos. Esto ayudaría a “compensar el endurecimiento de las condiciones financieras como consecuencia de unos tipos más altos y una divisa más fuerte”. Una postura más relajada hacia la regulación podría ayudar asimismo a impulsar el crecimiento de los préstamos en Europa, “donde la dependencia del préstamo bancario es mayor”, especialmente porque la demanda de crédito empresarial y de las familias sigue siendo débil.

El pronóstico para Reino Unido es que “la tendencia de costes de compliance al alza continúe en el corto plazo”. Si se combina con la previsión de un crecimiento débil e inflación al alza derivados del Brexit, pronostican que se resentirán las perspectivas de beneficio.

Implicaciones específicas por sectores

El programa energético “America First” de Trump propugna un impulso a la industria local del petróleo y el gas, mediante la suavización de las normas actuales sobre exploración y el aumento de las infraestructuras energéticas. La desregulación sería “claramente positiva para las empresas estadounidenses de energía”, afirman desde la gestora. Sitúan entre las mayores beneficiarias a las empresas de midstream reguladas federalmente, como los propietarios de oleoductos. El eventual incremento del límite de emisiones podría “alentar la demanda de gas e incentivar la inversión en electricidad y petroquímicas”.

En cambio, no hay claridad sobre las renovables. “La eliminación de los incentivos fiscales que alientan la inversión en energía renovable podrían ser una desventaja, aunque la concienciación de las empresas sobre el cambio climático podría apoyar a la industria”, explican los expertos.

Respecto a las farmacéuticas, Trump ha declarado en campaña su voluntad de derogar y reemplazar la reforma sanitaria conocida como “Obamacare”, aunque sin dar detalles. Desde Goldman Sachs AM esperan modificaciones “dado el control por parte de los republicanos de la Casa Blanca y el Congreso”.

Desde la entrada en vigor de “Obamacare” en 2014, la expansión del servicio de cobertura sanitaria ha impulsado su consumo y la contribución al PIB. Su derogación podría provocar “la caída de la cobertura a la población y de los subsidios, reduciendo la demanda”. La incertidumbre es tan elevada que, hasta que se aclare la dirección de las políticas de Trump, podría dañar a la inversión y la contratación en el sector.

Los expertos de la firma sitúan entre los beneficiarios de la expansión del programa Medicare a las aseguradoras especializadas en salud y a los fabricantes de farmacéuticos, pues Trump no ha estado tan dispuesto a la regulación de los precios como su oponente demócrata.

La agenda regulatoria de China

Hasta ahora, los legisladores chinos han tratado de conjugar estímulos y reformas, introduciendo una combinación de liquidez y estímulos fiscales. “Esta mezcla está impulsando el endeudamiento al alza en sectores protegidos por el estado, una caza de retornos en el sector privado y flujos de salida de capital, al intentar los inversores nacionales diversificar su capital fuera de China”, resumen en Goldman Sachs AM.

El próximo Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh), de frecuencia quinquenal, se celebrará en otoño de 2017. Aunque en la firma no dudan del compromiso de las autoridades chinas con las reformas, descartan cambios significativos antes de dicho Congreso. Prevén que los esfuerzos hasta entonces “se centren más en la estabilidad antes que en las reformas”.

Aunque en Goldman Sachs no ven “un catalizador obvio para la volatilidad inducida por China”, prefieren mantenerse cautos en sus previsiones para el país. Así, se limitan a diagnosticar que “es probable que empeoren los riesgos sobre China en el medio plazo, el momento de un eventual ajuste de cuentas se está acercando”.

 

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