¿Por qué están cayendo las bolsas? Las gestoras lo explican


Las fuertes correcciones que están afectando a los mercados de renta variable están haciendo que el final de año se esté convirtiendo en un auténtico calvario para los inversores. Muchos de los que registraban ganancias anuales están empezando a ver en sus extractos números rojos. Para los que ya estaban en pérdidas el camino es aún más tortuoso, ya que éstas han engordado de manera significativa en los últimos días. ¿Qué está pasando? ¿Por qué están cayendo los mercados? Las gestoras internacionales tratan de encontrar una explicación que trasladarle a sus clientes. Al contrario que en otras fases bajistas, en esta ocasión las caídas no estarían motivadas por un solo hecho, sino por un conjunto de factores que están intranquilizando a la comunidad inversora.

“Sin marcar ningún orden en particular, nos encontramos con el precio del barril de crudo WTI bajando casi un 30% desde el 3 de octubre, la batalla presupuestaria de Italia, el Brexit, las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, la intensificación del ajuste cuantitativo por parte de la Fed en octubre, el final de la flexibilización cuantitativa de la eurozona en diciembre...”, enumera Mark Holman, consejero delegado de TwentyFour AM. Hasta hace poco, los inversores habían podido pasar por alto todo esto debido a la fortaleza de los beneficios empresariales, particularmente en Estados Unidos. Pero esto también está cambiando. "En el tercer trimestre, la fotografía está siendo menos optimista de lo que muchos esperaban”, indican desde Schroders.

Por si fuera poco, estos focos de incertidumbre han coincidido con la publicación de datos macro que han generado muchas dudas entre los inversores, entre ellos la contracción del 0,2% del PIB alemán en el tercer trimestre, lo que ha disparado todas las alarmas en un entorno en el que las perspectivas de crecimiento económico se están revisando a la baja. “Los mercados están comenzando a descontar algunos temores de recesión”, reconoce Karolina Noculak, estratega de inversiones multiactivas en Aberdeen Standard Investments.

La experta cree que la principal razón que hay detrás de las ventas iniciales en los mercados de renta variable ha sido el aumento de los rendimientos de la deuda pública en EE.UU. “Para ser más específicos, han sido los bonos del Tesoro a diez años rompiendo la barrera del 3,2%, lo que es más una cuestión psicológica que económica. Este temor de que unos tipos más altos causen un daño duradero en los activos de riesgo ha sido reemplazado por la creciente preocupación por la desaceleración económica”, afirma. De la corrección no se salva ni la bolsa americana, donde el S&P 500 ha experimentado su racha más larga de bajadas desde que Trump se hiciera con la presidencia.

El mercado vivía una paradoja: el ajuste monetario se estaba produciendo en EE.UU, pero el dolor se estaba sintiendo en los mercados de fuera de EE.UU, principalmente en los emergentes. Esto, ahora, ya no es así. “La política fiscal de Trump había provocado una repatriación de capital (sobre todo de países emergentes) a la bolsa americana. Esto derivó en una extrema divergencia entre el comportamiento de la renta variable estadounidense y la del resto del mundo a finales de septiembre. Era hora de que la bolsa americana empezara a caer por su propio peso. Su mercado estaba saturado. Lo que precipitó el movimiento es que los inversores americanos comenzaron a ver que el mercado inmobiliario estadounidense se estaba debilitando y que las tensiones comerciales con China podrían acabar perjudicando al crecimiento de EE.UU. el próximo año”, señala Didier Saint-Georges, miembro del comité de inversión de Carmignac.

Su opinión es muy coincidente con la de Kim Catechis, responsable de mercados emergentes de Martin Currie, filial de Legg Mason, quien considera que la caída de la renta variable estadounidense "responde simplemente a una cuestión de gravedad. El mercado de valores de EE.UU ha estado en una trayectoria divergente de la realidad: las acciones han ido alcanzando valores máximos, ya que las empresas han estado publicando resultados récord, mientras los nubarrones se iban acumulando en el horizonte". Esos nubarrones son cada vez más: endurecimiento de la política de la Fed, persistencia de las hostilidades comerciales, preocupaciones geopolíticas...

Según Fabiana Fedeli, responsable de activos fundamentales en Robeco, "los inversores se han dado cuenta de que la acumulación de elementos que perjudican a los mercados fuera de EE.UU. tampoco es muy positiva para Wall Street. Teniendo en cuenta que la prima de riesgo de la bolsa americana se sitúa en niveles históricamente bajos con respecto a otros grandes mercados, no sólo entendemos la venta masiva acontecida, sino también por qué algunos de los valores growth americanos (el sector tecnológico, principalmente) se han llevado la peor parte”. En este sentido, resulta interesante ver la rotación de estilo que se está produciendo este año (con los sectores defensivos, como sanidad y servicios públicos, tomando la iniciativa) y las fuertes captaciones que están experimentando los monetarios en dólares, la categoría que mejor comportamiento está registrando este año.

De todos modos, siempre es conveniente poner las cosas en contexto. En primer lugar, el fuerte retroceso del S&P 500 no es agradable, pero tampoco históricamente inusual. “Caer dos veces alrededor de un 10%, como ha ocurrido este año, no es tan poco usual: desde 1990 ha habido siete veces en los que durante un año se han registrado al menos dos caídas del 10% o más”, recuerdan desde DWS. En segundo término, el descenso está alimentado por el sector tecnológico, cuyo peso en el mercado americano ronda el 30%, si bien también ha afectado a China, donde su ponderación en el índice se acerca al 40%. “Las ventas de acciones del sector tecnológico tanto de EE.UU. como de China han sido un duro golpe”, apuntan desde BlackRock.

La cuestión, ahora, es saber si este movimiento es una corrección puntual o el inicio de un cambio de tendencia. Por ahora son más los que se inclinan por lo primero. Ritu Vohora, directora de inversiones del equipo de renta variable de M&G Investments, considera que el crecimiento global sigue siendo lo suficientemente sólido como para soportar tasas de interés e inflación más altas. “En este momento, las perspectivas son mejores de lo que el mercado está fijando en los precios”. Jane Shoemake, directora de inversiones en Janus Henderson, cree que estamos ante un pull back natural del mercado. “No estoy demasiado preocupada por los datos de crecimiento”, asevera. Tampoco lo está Paul Read, gestor de Invesco, quien considera que la probabilidad de ver una recesión el próximo año e incluso en 2010 es muy reducida. "Aunque el PIB se pueda ralentizar, las cosas van bien y las perspectivas son buenas", opina.

La desaceleración del crecimiento económico está pesando sobre el ánimo de los inversores, aunque es posible que este enfriamiento de la actividad sea temporal. "Es demasiado pronto para concluir que la economía se está desacelerando drásticamente a nivel local o global. Además, los ciclos económicos no son uniformes. Cada ciclo es único. Una vez superado el pico de crecimiento, no resultaría extraño que la economía volviese a crecer a un ritmo cercano a su potencial", advierte Igor de Maack, gestor de DNCA, afiliada de Natixis Investment Managers. Por ahora, es difícil encontrar gestoras que esperen un cambio de tendencia, aunque muchas reconocen que el ciclo está maduro y algunas –como J.P.Morgan AM- ya están aconsejando a sus clientes preparar sus carteras para un escenario de final de ciclo…

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