¿Por qué está en crisis la globalización?


El triunfo del Brexit y la victoria de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos son buena muestra del malestar social que existe actualmente hacia el fenómeno de la globalización y los efectos que ha tenido sobre la ciudadanía. Los motivos subyacentes del actual rechazo a la globalización son la falta de crecimiento económico, la bajada de los salarios reales y el aumento de la inseguridad laboral, factores todos ellos generados, en parte, por los avances tecnológicos, más que por el comercio internacional en sí. Así lo asegura Schroders en un informe en el que analiza los motivos que generan el rechazo de la globalización.

En primer lugar, la gestora constata que los beneficios que aporta la tecnología no se están materializando en la economía. “El crecimiento de los ingresos es anémico, dado que la economía mundial está creciendo a la mitad del ritmo en que lo hacía antes de la crisis financiera. Asimismo, es indudable que la globalización ha contribuido a la debilidad de los salarios reales al incrementar la oferta de mano de obra en la economía mundial. Con todo, hay otros factores en juego. Los avances tecnológicos son un factor fundamental. Así, la creciente mecanización de muchas tareas manuales y, más recientemente, la informatización, están desplazando a los trabajadores”.

Aunque muchos se están beneficiando de estos avances, otras personas tienen problemas para volver a acceder al mercado laboral cuando sus habilidades se han quedado obsoletas, lo que –según la entidad- puede dar lugar a un periodo prolongado de subempleo, en el que los trabajadores se vean obligados a aceptar trabajos menos atractivos, o de desempleo, situación en la que su grado de cualificación y potencial de encontrar trabajo empeoran.

En segundo término, Schroders apunta a la ralentización de la productividad, el cual considera que es la verdadera causa del bajo crecimiento de los ingresos. “Un motivo por el que la productividad está disminuyendo a pesar de los avances tecnológicos es que resulta complicado determinar de forma adecuada el rendimiento de los productos relacionados con las nuevas tecnologías. Por ejemplo, ¿cómo se puede medir el rendimiento de un teléfono inteligente, cuando resulta evidente que permite hacer muchas más cosas que un simple teléfono? La demografía es otra posible causa de la pérdida de productividad: conforme los integrantes de la generación del baby boom se encaminan a la jubilación, la fuerza laboral comienza a perder un gran y productivo grupo de trabajadores, y llevará algún tiempo formar a empleados más jóvenes”.

Otro factor es el declive del dinamismo en la economía. “Aunque no hay una única definición de lo que constituye el dinamismo, existen pruebas de menor actividad y asunción de riesgos en diversos ámbitos. Por ejemplo, la movilidad laboral se ha reducido en EE.UU.; la gente parece estar menos dispuesta a desplazarse tanto dentro de un sector como en términos geográficos. Asimismo, existen pruebas de que hay una brecha cada vez mayor entre  las empresas de baja y alta productividad. Por regla general, una economía que funciona bien reasigna recursos a las empresas de elevada productividad, mientras que las menos productivas se quedan por el camino. La ausencia de este efecto, más conocido como destrucción creativa, sugiere que existe un conjunto de empresas zombi de baja productividad que están lastrando la productividad agregada”.

¿Cuál será la respuesta ante esta situación?

Tal y como recuerdan desde Schroders, un tema recurrente en las últimas reuniones del FMI ha sido la necesidad de repartir los beneficios aportados por la globalización de forma más amplia. “Aunque la globalización y el comercio continúan percibiéndose como la mejor manera de generar prosperidad, se reconoció la necesidad de prestar más atención a aquellas personas que se están quedando atrás. Por desgracia, no hubo consenso sobre la forma de lograrlo y, hasta que la situación no empeore, no existirá presión para actuar”.

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