Por qué el riesgo de estar cortos en volatilidad es hoy elevado


La última visita a España de Alexandre Drabowicz, especialista de producto de Volatilidad, Arbitraje y Convertibles de Amundi, tenía un doble objetivo: por un lado, el de explicar su visión sobre el mercado de bonos convertibles; por otro, hablar de estrategias de volatilidad, aspecto que considera muy importante teniendo, más aún teniendo en cuenta los niveles extremadamente bajos de volatilidad imperantes actualmente en el mercado. “Hay que comprar volatilidad cuando está barata y venderla cuando está cara. Y ahora es indudable que está barata”, asegura Drabowicz.

En una presentación a periodistas celebrada en Madrid, el experto reconocía que la mejor estrategia hasta el momento había sido estar cortos en volatilidad. Pero ahora el riesgo de mantener un posicionamiento de este tipo es muy elevado. “Hay momentos en los que hay que estar largos de volatilidad y momentos en los que hay que estar cortos. El volumen de inversores que se han puesto cortos en volatilidad ha crecido significativamente en los últimos dos años. En algún momento, la volatilidad va a subir y todos los que están cortos van a sufrir: cerrarán sus posiciones, lo que provocará que, a su vez, se produzca una mayor volatilidad en el mercado”.

En estos momentos, nos encontramos en un entorno en el que la volatilidad ha vuelto a sus mínimos de los últimos cinco años. Drabowicz explica que, cuando un inversor está largo en volatilidad y ésta decrece en el mercado, mantener la posición abierta acarrea costes. “Esto es lo que ha penalizado al Amundi Funds Absolute Volatility World en 2013. Sin embargo, la volatilidad en 2014 ha repuntado como consecuencia de las dudas sobre el crecimiento en China, la crisis de Ucrania o la situación que vive Argentina… Esto puede llevar a un mejor entorno para el fondo y también nos permite tener una mayor confianza en su potencial de cara al futuro”.

El experto asegura que es importante distinguir entre aumento de la volatilidad y picos de volatilidad. “El inversor no siempre distingue entre lo que significa un aumento de la volatilidad y lo que son los picos de volatilidad. La crisis en Ucrania, por ejemplo, provocó un incremento de volatilidad y no un repunte pronunciado en un entorno de baja volatilidad”. En su opinión, las estrategias long only de volatilidad pueden proporcionar protección, pero a un coste muy elevado. “Se puede generar rentabilidad absoluta a partir de una estrategia de compra-venta basada en el comportamiento de los mercados, estando largos cuando está barata y cortos cuando cotiza cara”.

“Antes, las estrategias de volatilidad se utilizaban como cobertura, pero también se pueden usar como fuente de rentabilidad”, explica. Por norma general, cuando se produce una corrección en los mercados, la volatilidad aumenta, si bien Drabowicz considera que existen otra serie de señales a las que hay que prestar especial atención. “Existe una fuerte correlación entre los ciclos de tipos de interés y la volatilidad en el mercado de renta variable. Cada vez que se produce una subida de los tipos en EE.UU, asistimos a una subida de la volatilidad. La retirada del QE nos llevará a niveles más normales de volatilidad. Este proceso podría prolongarse durante dos años y medio”.

Los tres escenarios de Amundi

Drabowicz reconoce que no se puede predecir lo que va a provocar el incremento de la volatilidad, pero sí crear diferentes escenarios. En este sentido, en la gestora han creado tres. El primero –escenario central- es el de un entorno en el que la volatilidad permanezca baja, pero con algunos movimientos. “Esperamos un año similar al de 2006, cuando la volatilidad se encontraba en niveles contenidos pero sufrió un brusco aumento en mayo, como consecuencia de una agresiva subida de los tipos de interés por parte de la Fed para hacer frente a la inflación. Hoy, las expectativas en los mercados de renta variable son elevadas y el riesgo de sorpresas negativas mayor, lo que podría provocar movimientos de volatilidad”.

Paralelamente, contemplan dos escenarios alternativos. El primero es el de asistir a un año similar al 2005, en el que la volatilidad permaneciese en niveles bajos de forma permanente. Sería un escenario en el que las condiciones macroeconómicas forzarían a Europa a poner en marcha políticas aún más acomodaticias o a EE.UU. a prolongar su QE, lo cual mantendría la volatilidad en niveles bajos. “Este sería un entorno negativo para el fondo”.

El tercer escenario sería el de asistir a un año como el 2007, en el que se produjese una puesta en precio de la volatilidad. “Un escenario de ajuste, no de crisis, más bien de vuelta a la normalidad. Esto podría producirse como consecuencia de unos datos mejores de lo previsto en EE.UU. que empujase a la Fed a acelerar el tapering”, concluye.

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