Por qué el número 3 va a ser clave en 2018


TRIBUNA de Johanna Kyrklund, responsable de Multiactivos de Schroders. Comentario patrocinado por Schroders.

El número tres se postula como el número mágico a la hora de hablar de la continuidad del entorno reflacionista actual. Crecimiento, rentabilidad de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años e inflación son los tres factores que determinarán la prolongación de este escenario.

Comenzamos con crecimiento. En nuestras previsiones esperamos que el PIB mundial se mantenga en el 3% durante los dos próximos años. Si miramos a EE.UU., también destacamos que el optimismo inicial impulsado por la reforma fiscal perderá fuelle en el contexto actual ya que no esperamos que las compañías estadounidenses aprovechen al máximo los beneficios que generarán por esa reducción de impuestos.

Seguimos con la economía estadounidense y nos centramos en sus bonos del Tesoro a diez años. Mientras la rentabilidad del bono no supere el 3%, las valoraciones de las acciones estadounidenses serán sostenibles, aunque para ello la inflación debería mantenerse moderada.

Y en el último punto, pensamos que la combinación de factores tecnológicos y demográficos moderarán la inflación, cuyo techo situamos en un 3%, ayudando a que el proceso de normalización monetaria sea gradual. En este contexto, las valoraciones se convierten en una barrera al aumento de los rendimientos en el medio plazo. No obstante, creemos que un período de menores rentabilidades es más probable que un mercado inminentemente bajista.

¿Qué podría desencadenar un descarrilamiento de los mercados?

Todo apunta a que la inflación es el mayor riesgo de este 2018. Y es que, si el repunte del comercio mundial se materializase, el crecimiento podría sorprender al alza y, por ende, también la inflación.

Otro riesgo a tener en cuenta serían los salarios. El crecimiento salarial parece no haber tenido en cuenta hasta ahora el ajuste de los mercados laborales. Asimismo, un estudio de la Reserva Federal sugiere que la curva de Phillips no es lineal, por lo que cuando la tasa de desempleo cae por debajo de cierto umbral, la relación entre desempleo e inflación se reafirma y, por tanto, la inflación subyacente comenzaría a aumentar. La combinación de estos dos factores (auge del comercio y aceleración de la inflación) nos daría como resultado una mayor inflación global que pasaría del 2,3% a más de 3%.

Desde una perspectiva de inversión, podemos vislumbrar dos vertientes resultantes en este entorno. Por un lado, mayor volatilidad de los mercados de deuda pública y, por otro, una oportunidad de arrojar rentabilidades superiores para ciertos sectores de los mercados de renta variable con comportamiento cíclico, centrados en el valor.

Para nosotros, una decepción en términos de crecimiento sería preocupante. Las economías desarrolladas se encuentran actualmente en la fase de expansión, que se caracteriza por obtener un nivel de producción por encima de la tendencia, un crecimiento acelerado y un aumento de la inflación. Un escenario que resulta ventajoso para la renta variable. Sin embargo, la fase de desaceleración que sería la próxima en llegar, supondría un hándicap para los retornos.  

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En un primer momento, la fase de desaceleración no es motivo de preocupación ya que la producción sigue estando por encima de la tendencia y, aunque el crecimiento se desacelera, sigue siendo positivo. No obstante, el desafío al que nos enfrentamos es que las expectativas y valoraciones de rentabilidad de la renta variable se incrementen, por lo que habría mayor lugar para la decepción y los rendimientos negativos.

Aunque por el momento nos encontramos en un escenario óptimo, apuntamos tres tendencias a vigilar:

En primer lugar, las políticas de retirada de liquidez por parte de EE.UU. y China. Si bien la normalización de las políticas es apropiada en esta etapa del ciclo, siempre existe el riesgo de que restringir la liquidez demasiado rápido sea contraproducente.

En segundo lugar, el allanamiento de las curvas de rendimiento. Este hecho sugiere que los mercados de bonos comienzan a descontar un crecimiento más lento, situación que contrasta con el optimismo que reflejan las valoraciones de renta variable.

En tercer lugar, el comportamiento del dólar. Nuestra expectativa es que la divisa estadounidense siga manteniéndose débil, a la vez que el resto del mundo alcanza un nivel de crecimiento similar al de EE.UU. En un contexto en el que el dólar se viera reforzado, esta situación podría presionar al crecimiento de China y a la restricción de la liquidez. 

En resumen, en Schroders seguimos posicionados para convivir con un entorno de reflación, con especial interés en los mercados emergentes que se encuentran relativamente baratos. Sin embargo, 2018 tendrá que calibrar que la euforia de la recuperación global sincronizada no se torne en preocupación sobre el retiro sincronizado de liquidez. Una bajada en el rendimiento de los bonos para este ejercicio sí que podría ser la campanada de este 2018.   

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