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Por qué cuanto antes invierta con criterios ISR mejor le irá en rentabilidad


La inversión con criterios medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG) es un tren en marcha al que los inversores decidirán en qué vagón subirse, si en el de cabeza o en el de cola. De su decisión dependerá la rentabilidad final que obtengan con sus inversiones. Es un ferrocarril que circula a baja velocidad, pero que ya ha recorrido un importante camino. “Del total de activos que atesora la industria de gestión de activos en Europa, el 6% está en fondos que siguen una filosofía puramente ESG. Es un porcentaje muy importante. Aunque estos productos cuentan con una vida mucho más corta que los fondos cotizados, han logrado alcanzar muy rápidamente una cuota de mercado similar a la que hoy tienen los ETF”, revela Detlef Glow, responsable de Análisis de Lipper para EMEA.

"El interés por la inversión socialmente responsable está mucho más avanzado en el resto de Europa que en España, alcanzando sobre todo a Europa Central, Escandinavia y Europa del Norte. Empezó con una directiva de la Comisión Europea, que lanzó a todos los países, y se ha traspasado a la normativa española en el 2017, exigiendo a las comisiones de control de los fondos de pensiones de empleo, no los particulares, información sobre su incorporación de criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza), en su política de inversión", recuerda Amparo Ruiz, directora general de Degroof Petercam AM para Iberia.

A nivel de distribución, los inversores están muy perdidos con la ESG. El institucional, en cambio, no solo lo ha interiorizado, sino que lo está poniendo en práctica. La presión sindical ha hecho que las comisiones de control hayan ido avanzando en la sostenibilidad de las inversiones. En España, uno de los más adelantados en este sentido es el fondo de pensiones de CaixaBank que preside Jordi Jofra, donde ya calculan la huella de carbono en el fondo y revisan cuáles son los mayores consumos dentro de la cartera con el objetivo de estudiar cómo pueden reducirlo arrancándoles compromisos a las empresas en las que invierten. Lo llevan haciendo desde antes de que la regulación fijase el rumbo hacia la sostenibilidad, por una cuestión de pura convicción.

“Esto va a ser una tendencia en España”, augura David Cienfuegos. A juicio del responsable del negocio de Inversiones en España para WillisTowersWatson, se trata de una cuestión de creencia. “Conceptualmente, un proceso de inversión que tenga en cuenta aspectos no financieros se expondrá a un menor riesgo que otro en el que estas cuestiones sean ignoradas. El resultado final en el corto plazo no lo vas a apreciar ni a uno ni a tres ni a cinco años, pero cuando analices plazos más largos sentirás sus efectos. El inversor puede hacer dos cosas: subirse ahora o dejar pasar el tren. Cuanto primero lo hagas, más te beneficiarás porque los mercados todavía no están poniendo en precio el efecto de sostenibilidad. Si entras cuando ese efecto ya esté recogido en precio, te perderás la rentabilidad al haberse convertido en un hecho”.

Aunque los estudios académicos que se han ido publicando sobre la ISR arrojan conclusiones contradictorias sobre si adoptar un enfoque de este tipo da como resultado mejores rentabilidades, cada vez más apuntan que el peso de la sostenibilidad tendrá un impacto importante en el performance. El último estudio académico, publicado por La Financière de l'Echiquier demuestra que invertir de manera sistemática en las empresas con mejores calificaciones ASG genera, a lo largo del tiempo, una rentabilidad superior a la de la inversión en las empresas con malas calificaciones y a la de los índices bursátiles. E incluso lo cuantifica. En nueve años, la cartera con los mejores perfiles ASG genera una rentabilidad 2,3 veces mayor que una con los peores perfiles ASG (ver el estudio).

Según Cienfuegos, en cuanto las organizaciones y empresas empiecen a asumir las necesidad de reportar aspectos como, por ejemplo, cuánto están consumiendo en huella de carbono, cómo están retribuyendo a sus directivos, grado de diversidad de sus empleados o diferencias de retribución entre hombres y mujeres empezará a dejarse notar sobre los precios de los activos de aquellas compañías que tengan en cuenta criterios ESG, lo que previsiblemente derivará en un mejor comportamiento relativo de estas empresas frente al de aquellas que no tengan en cuenta factores medioambientales, sociales y de buen gobierno. Esa será –de acuerdo con el experto- la diferencia entre subirse de los primeros o de los últimos a un tren que “circula despacio, pero que no va a parar. Es algo que viene al mundo”.

Los flujos hacia empresas que cumplan estos códigos éticos se antoja previsible teniendo en cuenta que cada vez más gestoras están incorporando la ESG en sus procesos de análisis. Pero, además, muchas gestoras aplicarán un filtro ISR en todas sus inversiones. Amundi gestiona a día de hoy 280.000 millones de euros en inversiones socialmente responsables, lo que representa casi un 20% de los activos totales del grupo y ha anunciado un plan para que en 2021 todas sus estrategias cumplan criterios de sostenibilidad, lo que inevitablemente provocará un trasvase de flujos hacia las compañías que estén comprometidas con la ESG.

El caso de la gestora francesa es relevante, teniendo en cuenta que se trata de la mayor entidad europea (1,4 billones de euros en activos), pero no es el único. Cada vez más entidades están enfocando sus planes estratégicos en esa dirección.

La gestión pasiva no podrá quedarse al margen. "Cualquier índice de referencia, sea el que sea, tendrá que reportar por ley su grado de compromiso con la ESG", destaca Helena Viñes, responsable adjunta de sostenibilidad, responsable de análisis ESG en BNP Paribas AM y miembro del Grupo de Expertos de la Comisión Europa sobre Finanzas Sostenibles, en el acto de presentación del libro Inversión sostenible: historia, desafíos y 10 casos prácticos de ISR publicado por Funds People y editado por María Folqué, directora de Análisis de Funds People. Esto podría dificultar el acceso a los índices de muchas compañías que no cumplen con criterios de sostenibilidad, lo que les impediría recibir flujos de ETF y fondos indexados.

De cara al inversor, ser sostenible no es solo apostar por estrategias que lleven la coletilla ISR. “No puedes dedicarte a comprar únicamente productos con esta etiqueta. Debes saber qué quieres hacer con tu fondo", subraya Cienfuegos.

Para ello, el experto considera fundamental determinar qué porcentaje de la cartera está invertida en aquellos sectores que mayor impacto van a tener en el desarrollo futuro del mundo (longevidad, digitalización y grado de exposición a la elevada deuda que hay en el sistema). "Ahí los temáticos juegan un papel clave”. El patrimonio de estos productos está creciendo de manera muy significativa. Según Wim Van Hufte, responsable global de análisis e inversiones responsables en Candriam, "el fondo temático es un enfoque distinto de la ISR al seleccionar las mejores empresas según un tema específico de desarrollo sostenible (por ejemplo, energías renovables o satisfación de los empleados) al tiempo que se garantizan buenas prácticas de ESG".

Problemas técnicos para construir una cartera ISR

El problema para los que quieran que su cartera sea 100% ISR es que en algunas categorías existe un déficit importante de producto. “Si animo a una banca privada a crear una cartera solamente utilizando estrategias ESG, le faltarían productos. A algunos clientes les gustaría construirla, pero se encontrarían con una escasez de fondos de gestión alternativa (la ESG en retorno absoluto no existe) y también en determinadas categorías de bonos, como la renta fija emergente o el high yield. En este sentido, estamos analizando con Juan José González de Paz, consultor senior en el equipo de Dynamic Solutions de Natixis IM, dónde faltan exactamente activos para poder construir una cartera 100% ESG”, revela Almudena Mendaza, responsable de ventas de Natixis Investment Managers para Iberia.

Sin embargo, en categorías core -sobre todo de renta variable- ya se pueden construir carteras que sigan estos criterios. De hecho, cada vez se están creando más carteras privadas que siguen específicamente esta filosofía, una tendencia que no solo se limita a las grandes entidades. “El cliente está cada vez más concienciado y las gestoras cuentan con una oferta de producto cada vez más extensa, pero todavía existe un desconocimiento importante. A veces la cadena de valor se rompe en el banquero privado porque no dispone del tiempo necesario para formarse sobre lo que supone este nuevo concepto de inversión", concluye Mendaza.

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