Poniendo en contexto el PIB de EE.UU.: cuál es la situación económica y qué esperar en consecuencia


Ya están disponibles los datos sobre el crecimiento del PIB de EE.UU. durante el primer trimestre – el primero bajo la era Trump, recordemos-, y parece que vuelve a repetirse la tónica de años anteriores: con una subida de tan sólo el 0,7% anualizado, refleja otro invierno más de crecimiento ralentizado para el país. Los expertos de Legg Mason Global AM consideran que es decepcionante, pero recuerdan que la publicación del dato es la primera de las tres revisiones que publica trimestralmente el Departamento de Comercio, por lo que esta primera “está preparada en previsión de que se publique todo el set de datos subyacentes necesitados para conseguir una medida definitiva”.

Además, explican que el índice de precios empelado para calcular la inflación registró una tasa más alta de lo esperado, del 2,3%. “Dado que este dato es utilizado para el cálculo del PIB, un número más alto genera un dato del PIB más bajo, manteniéndose el resto de factores iguales”. Una vez aclarado este punto, desde la firma destacan como especialmente decepcionante el dato del consumo personal, que subió sólo un 0,3%, frente al 0,9% que esperaba el consenso, y al 3,5% registrado durante el cuarto trimestre de 2016.

De acuerdo con datos proporcionados por Standard Life Investments (SLI), desde que comenzó la recuperación la tasa media de crecimiento de EE.UU. durante el primer trimestre ha sido del 1%. Desde la firma indican que los componentes del PIB donde ha sido más notable este débil comportamiento en los últimos siete años han sido el consumo personal, los inventarios privados, el gasto gubernamental y la exportación de bienes.

“Incluso para los bajos estándares de la recuperación actual, este ha sido un resultado decepcionante para el primer trimestre”, afirma el economista jefe Jeremy Lawson. No obstante, el experto no es pesimista, sino constructivo: dejando aparte que normalmente se revise a posteriori el dato del PIB, observa asimismo una serie de indicadores macro que están reflejando “un crecimiento subyacente más sano”, como los niveles sanos en los que se encuentra el sentimiento de las pequeñas y grandes empresas -como indicadores adelantados del gasto sobre capital-, o la mejoría del sector inmobiliario (donde están empezando a verse signos de escasez de viviendas unifamiliares). El experto sostiene que una tasa de inflación cercana al 2% “sería más coherente con los fundamentales, incluyendo el sentimiento positivo del consumidor y el sólido crecimiento del empleo”.

El pronóstico que realiza el equipo de renta fija de Goldman Sachs AM es que a lo largo del año se producirá “un equilibrio entre el sentimiento muy optimista y los datos estadísticos, y entre los tipos de interés bajos y la política de ajuste de la Fed”. En definitiva, que “las medidas cualitativas y cuantitativas convergerán en torno a un repunte modesto del crecimiento, de en torno al 2,2%”.

En este punto, desde la firma hacen un inciso importante: “Puede que el crecimiento sea más fuerte si la Administración hace progresos en la reforma fiscal, pero no esperamos impacto de ninguna política regulatoria o fiscal pro crecimiento antes de 2018, y estamos vigilando cualquier avance en política exterior y comercial que pudiera desestabilizar la previsión para el largo plazo”.

¿Cómo debe reaccionar la Fed?

El economista jefe de SLI afirma que, en el contexto actual de recuperación económica, la Fed no necesita eliminar gradualmente su política acomodaticia: “Siempre que el crecimiento vuelva a remontar en el segundo trimestre, el mercado laboral siga recuperándose, la tendencia gradualmente alcista de la inflación subyacente se mantenga y los indicadores reales y financieros adelantados no empiecen a darse la vuelta, la Fed debería dar otro paso en el camino hacia la normalización en junio”, concluye.

“Vemos una desconexión entre la persistencia de los tipos bajos y las condiciones financieras acomodaticias a pesar de las revisiones al alza de las proyecciones sobre política monetaria de la Fed”, indica por su parte el equipo de renta fija de Goldman Sachs AM. Sus expertos también prevén que los tipos se ajusten a niveles superiores, y en consecuencia están vigilando un posible endurecimiento de las condiciones financieras. Su previsión es que la Fed suba tipos otras dos veces este año y deje de reinvertir los activos de su balance cuando éstos lleguen a vencimiento.

¿Puede Donald Trump impulsar al crecimiento?

El último ángulo a analizar con estos datos sobre la mesa es el posible impacto sobre el crecimiento del PIB estadounidense del paquete de medidas fiscales propuesto recientemente por Donald Trump. “La política fiscal podría, al menos en EE.UU., cambiar el equilibrio entre ahorros e inversiones y llevar a un mercado con tipos de interés más altos al elevar la demanda agregada y reducir los ahorros agregados (mayor déficit presupuestario del Tesoro, incremento de los impuestos al consumo)”, comenta al respecto Chris Iggo, director de inversiones de renta fija de AXA IM.

Éste considera difícil anticipar cualquier resultado porque aún hay muchas incertidumbres sobre la mesa, como los propios detalles de la reforma fiscal. En todo caso cree que, si se ejecuta una reforma fiscal de estas dimensiones sólo en EE.UU., “es probable que aumentarán los flujos de capital globales hacia EE.UU. y los rendimientos no serán capaces de subir mucho, el dólar se fortalecerá y esto será un obstáculo para generar crecimiento adicional, porque se incrementaría el déficit actual por cuenta corriente”. La predicción de Iggo es que “se necesitará una rebaja fiscal sustancial para impulsar al crecimiento lo suficiente como para cambiar las expectativas inflacionarias y llevar a una Fed mucho más agresiva de lo que ahora se está poniendo en precio”.

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