Pescanova


TRIBUNA de Alfonso de Gregorio, director de gestión de Gesconsult.

Con Pescanova podríamos perder media tribuna divagando sobre qué es lo que ha llevado a su equipo gestor a presentar un preconcurso de acreedores habiéndose cumplido justo un año de la primera bofetada a los accionistas, la emisión de convertibles (160 millones de euros) y apenas unos meses después de acudir de nuevo al mercado para realizar una ampliación de capital por importe de 125 millones de euros, alrededor del 30% de la capitalización de la compañía en agosto de 2012. Este fue el segundo bofetón al accionista, agravado por el comentario que hicieron con la emisión de convertibles y en las que aseguraban que quedaba solucionado su problema de liquidez.

Y digo divagar, porque la compañía no ha tenido la consideración de explicarnos a sus socios (a fecha de hoy no cogen el teléfono), a sus accionistas, qué es lo que les ha llevado a no formular las cuentas de 2012 y amenazar con “quemarse a lo bonzo”.

Con todo, la mayoría de los analistas del mercado que, por ahora, siguen a la compañía coinciden en que los bancos, o por lo menos algunos de ellos, no le han dado luz verde a la refinanciación de la deuda que vencía este año, algo más de 100 millones de euros. La reacción de Pescanova ha sido lanzar un órdago, amenazar con ”llevarse el Scattergories”,  dejando de lado a todos los accionistas que habían depositado su confianza en ellos y a costa de “matar” bursátilmente a la compañía. El premio, que ellos verán si les compensa, puede ser que los bancos se avengan a refinanciar.

A falta de explicaciones, dos grandes dudas sin respuesta, por lo menos por ahora. ¿Tiene Pescanova un problema de liquidez o directamente es de solvencia? Y esta nos lleva a la siguiente: ¿para qué ha servido/dónde ha ido el dinero captado a los inversores en los últimos meses?

Con todo, una pequeña reflexión que trasciende a Pescanova y que tiene que ver con la percepción del accionista que se ha instalado en un buen puñado de empresas del mercado español independientemente de su capitalización bursátil (desde el MAB al Ibex35). Al accionista no se le ve, en muchas ocasiones, como a un socio o como a un inversor con vocación de permanencia,  sino como “un mal necesario” y, me atrevería a decir, como a un “tonto útil” utilizado para captar fondos.

Vienen a la mente salidas a bolsa de divisiones de grandes compañías que a los pocos años se excluyen a igual o menor precio habiéndose convertido en los grandes motores del crecimiento de la empresa, las vehementes confirmaciones de pago de dividendo para a las pocas semanas retirarlo,  las operaciones corporativas confirmadas por presidentes de compañías al mercado que al final se quedan en nada, opacidad y falta de información, realización de provisiones en la cuenta de resultados que la empresa no tiene a bien explicar a los inversores hasta que no pasan 24 horas, salidas a bolsa de empresas a un precio muy superior al real (como se ha comprobado recientemente), ampliaciones de capital realizadas con el objeto de acometer compras/inversiones que al final no se llevan a cabo, etc…

Creo que lo anterior se puede resumir en la contestación que nos dio el director general de una compañía mediana cotizada en una visita a su compañía: “No me importa lo que haga la acción en bolsa. Yo me dedico a gestionar la compañía”.

Y creo que la contestación en este caso es clara: saquen ustedes sus empresas de bolsa, realicen una OPA de exclusión y traten de conseguir financiación por otros lados, pero no hagan negocio con los accionistas.

El de Pescanova ha supuesto otro golpe más a los accionistas en los últimos años y a los cuales uno no se acostumbra nunca, con el agravante de que en el momento actual España a nivel macroeconómico y microeconómico, necesita generar confianza a los inversores. Hechos como el de Pescanova no hacen más que, cuando menos, generar incertidumbre.

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