Pasos para conseguir una correcta exposición a la megatendencia de la robótica


El matemático británico Alan Turing sentó en 1950 las bases de la inteligencia artificial moderna con el desarrollo del test de Turing, una prueba para medir la habilidad de una máquina imitar un comportamiento inteligente similar al de un ser humano. Turing planteó un concepto que no fue comprendido en su tiempo, pero que a la postre ha sido revolucionario: lo que inicialmente fue un debate científico con trasfondo filosófico es hoy una realidad que cada vez está afectando a más aspectos del día a día: “Un potencial informático sin precedentes, encaminado a la Inteligencia Artificial (IA), permitirá que los robots actúen de forma autónoma y les dará la capacidad de aprender, razonar y reconocer emociones, imágenes, idiomas y mapas”, afirma Johan Van Der Biest, gestor de Candriam.

Éste añade que “los robots forman parte de una nueva revolución industrial, una revolución tecnológica que, como las primeras revoluciones industriales, creará una riqueza sustancial para los inversores con visión de futuro”. Los inversores que quieran obtener exposición a la robótica están de enhorabuena, pues el gestor considera que ya es posible ganar dinero invirtiendo en la temática. “La tecnología subyacente que posibilita una robótica avanzada no está más que en sus etapas de formación y traerá consigo una ola de innovación”.

Candriam ha creado un Consejo Asesor para las Tecnologías y la Robótica, que contribuye a la generación de ideas de su nuevo fondo, el Candriam Equities L Robotics & Innovative Technology. Está integrado por profesores destacados en la disciplina, que transmiten conocimientos de alto nivel sobre robótica y otras tecnologías innovadoras, ofrecen proyecciones sobre cuestiones de investigación y contribuyen a crear ideas.Takeo Kanade, uno de sus miembros, afirma que “solo estamos en el 20 % o el 30 % de lo que será posible en robótica”. A pesar de este fabuloso potencial alcista, el gestor hace notar que el valor generado hasta ahora ha sido posible en numerosas ocasiones gracias a empresas “de gran tamaño, multinacionales, multiproducto”, como Google, Amazon e IBM, aunque considera que “resultaría más difícil una exposición pura a la robótica desde la perspectiva del inversor” la inversión en este tipo de compañías.

En cambio, Van Der Biest cree que “cada vez más, el valor reside en empresas innovadoras de menor tamaño”. Pone como ejemplo al fabricante de semiconductores Nvidia, cuyos servicios ya están siendo integrados por Tesla, Mercedes, Audi, Volvo y BMW gracias que ha empleado la  IA para enseñar a un vehículo autónomo a conducir.

También existen marcas conocidas que se han reinventado para incorporar la automatización a su modelo de negocio, como por ejemplo Delphi, “que fue una unidad de General Motors y ahora es una prominente entidad independiente de vehículos autónomos y eléctricos” o John Deere, que está adaptando sus tractores a las nuevas tecnologías.

¿Cómo identificar a las empresas adecuadas?

“Estas y otras empresas tecnológicas innovadoras han ofrecido rentabilidades por encima del mercado en la última década, aportando más de un 200% a los inversores, mientras que MSCI World solo se ha revalorizado un 50%”, continúa el experto de Candriam. Éste aporta a continuación algunas pautas para poder identificar aquellas empresas con más atractivos para obtener exposición a la tendencia.

En primer lugar, advierte que “no todas las empresas que fabrican robots o desarrollan tecnologías innovadoras son adecuadas para invertir en ellas”. Por tanto, resulta esencial analizar las cuentas de las compañías para determinar cuáles obtienen significativos procedentes de la robótica o las tecnologías innovadoras. Adicionalmente, en la gestora tienen en cuenta cuatro criterios para la correcta selección de valores: innovación, competencia, gestión y análisis fundamental.

El gestor también llama la atención sobre la necesidad de fijarse en las valoraciones, para que los inversores no paguen más de la cuenta: “La tendencia hacia la automatización avanzada no está haciendo más que comenzar y cuesta imaginar que unas empresas bien seleccionadas no produzcan cifras de negocios y beneficios netos sólidos a largo plazo”, aclara. El punto de vista de Candriam es que “el sector se está adentrando en un momento dulce en que una serie de tecnologías disruptivas están pasando del diseño a su íntegra puesta en marcha, tales como vehículos autónomos, máquinas de servicio personal y robots que colaboran con humanos en su puesto de trabajo”.

Van Der Biest aconseja adicionalmente que las decisiones de compra o venta “deben basarse en un análisis fundamental riguroso y no en las emociones”. Matiza que “es importante minimizar las decisiones basadas en el momento exacto de entrada o salida e invertir de acuerdo con tendencias duraderas”. Para conseguir un correcto equilibrio, la veteranía es un grado. Así, el gestor considera que para invertir en la tendencia resulta útil “poseer una combinación de habilidades tecnológicas y financieras”, y disponer de experiencia en la combinación de empresas de mayor y menor tamaño y empresas nicho dentro de una misma cartera, todo con el objetivo de construir carteras “con una menor tasa de rotación”.

Perfil de inversión

“Incrementar la exposición a un tema de crecimiento secular como la robótica y la automatización no es una apuesta a un futuro lejano”, asevera el gestor. Éste ve probable que se acelere la creación de valor y riqueza del sector, “ya que la cuarta revolución industrial se está convirtiendo en un motor significativo de la economía mundial”. “Si bien la estrategia es más un satélite que una exposición principal para la mayoría de los inversores, la percepción acerca de su cometido en la cartera puede cambiar cuando haya robots en la mayoría de los hogares y el sector se popularice”, añade.

Los inversores que quieran tomar parte de la tendencia deben tener en cuenta, además, que “al igual que muchos sectores atractivos y en crecimiento, éste está expuesto a la volatilidad del corto plazo”, aunque Van Der Biest piensa que “el actual desarrollo de productos revolucionarios encaminados a mejorar el futuro debería garantizar un rendimiento superior al del mercado a largo plazo”.

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