Parecidos y diferencias entre la crisis de Brasil del año pasado y la actual


Los mercados aún están digiriendo la fuerte sacudida vista el pasado jueves en el parqué brasileño, cuando el parqué tuvo que interrumpir la sesión durante 30 minutos después de registrar pérdidas del 10%. El viernes, siguieron a la caída de la bolsa las de los bonos brasileños, cuya prima frente al treasury regresó a niveles inéditos desde junio de 2013 (recordemos que en aquella época el mercado estaba inmerso en una fuerte corrección tras el anuncio de tapering de la Fed), así como el real, que registró su mayor caída desde 1999 a pesar de la rápida intervención del Banco Central de Brasil para defender a la moneda.

El detonante de las ventas ha vuelto a ser uno de los males endémicos del país, la corrupción. En este caso, las fuertes ventas se han producido tras difundirse que el presidente actual, Michel Temer, daba la autorización para sobornar a Bernardo Cunha, ex presidente de la Cámara Diputado y artífice del proceso de destitución de Dilma Rousseff, que irónicamente se inició hace un año por estas fechas, con la votación del Senado para abrir un juicio a la ex mandataria el 12 de mayo de 2016.

A la vista de estas fuertes ventas generalizadas, la gestora de M&G Investments Claudia Calich asevera que “los mercados de divisa y deuda soberana y los diferenciales de la deuda corporativa están poniendo ahora en precio la incertidumbre”. Calich alerta de que el nuevo escenario abre varios frentes políticos posibles, incluyendo “la apertura de un procedimiento potencialmente largo de destitución”, o incluso “la dimisión por la presión política y popular del presidente Michel Temer”, que la semana pasada afirmó en televisión que no dejaría el cargo.

En mayo del año pasado, el país venía de atravesar una fuerte recesión, con una fuerte contracción del PIB (-3,8% en el balance de 2015) y una inflación del 8,7%, aunque llegó a alcanzar el 10%. Al mismo tiempo, el Bovespa se coronó como uno de los indicadores más rentables de 2016, con una subida cercana al 37%, al poner los inversores en precio el potencial de cambio político tras la destitución de Rousseff. Por tanto, no es de extrañar que Calich se pregunte qué impacto económico puede tener este nuevo escándalo de corrupción: “Cualquier reforma estructural, especialmente la reforma de las pensiones, parece ahora muerta. La economía se está estabilizando después de dos años de recesión, pero esta incertidumbre – transmitida a través de una divisa más débil, con menor margen potencial para recortes de tipos y una caída mayor de los niveles ya deprimidos de inversión- podría amenazar a su estabilización”.

Posibles escenarios

Calich también se pregunta quién se encargará de dirigir el país hasta las elecciones generales, programadas para octubre de 2018. “Hay un amplio rango de posibles candidatos, cada uno de los cuales podría impactar de diferentes maneras al mercado”, explica. En relación al comportamiento actual del mercado, la gestora considera que el mal comportamiento de los activos brasileños “serán una oportunidad para comprar otros activos emergentes hasta que se despejen los técnicos de corto plazo, incluyendo las coberturas cortas en dólares”.

Los expertos de Aberdeen muestran dudas sobre la posible dimisión de Temer, pues consideran que dependerá de si O Globo, diario que destapó el caso, hace públicas las grabaciones y el grado de claridad en que estas grabaciones evidencien una conducta judicialmente reprochable al presidente. En todo caso, explican que si Temer decidiera dejar la presidencia, la Cámara Baja brasileña tendría 30 días para elegir a un presidente nuevo, antes que convocar nuevas elecciones. “Aunque ciertos nombres como Rodrigo Maia (líder del Congreso) o Henrique Meirelles (ministro de Economía) han sido sugeridos como potenciales candidatos, cualquier ciudadano brasileño no implicado en investigaciones podría ser considerado, lo que incrementa drásticamente la incertidumbre en torno al liderazgo del país”, afirman.

En Aberdeen también muestran su preocupación por el futuro de la reforma de las pensiones, que iba a ser debatida en el Congreso esta semana. Cabe recordar que el pago de las pensiones supone el 40% de todo el presupuesto federal de gasto, por lo que el futuro de la reforma es una pieza fundamental, “y es difícil imaginar que no habrá como mínimo un retraso o que las provisiones clave no se debiliten sin un liderazgo fuerte y claro”.

En la gestora escocesa opinan que esta corrección, aunque violenta, no será suficiente para interrumpir el ciclo de rebajas agresivas de tipos en el que lleva inmerso el Banco de Brasil durante los últimos meses. “Sin embargo, puede ralentizar el ritmo, porque el banco central ha mencionado en sus actas durante numerosas ocasiones que el ritmo de sus recortes es parcialmente contingente, dependiendo del progreso de la reforma fiscal”, aclaran.

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