Para ponerse el sombrero


Aptos tanto para el frío como para la sofisticación, los sombreros irrumpen cada año con especial fuerza en esas ciudades agitadas en las que, no sólo es necesario protegerse de las bajas temperaturas, sino también de la uniformidad. El invierno no puede ser únicamente sinónimo de capas yuxtapuestas y prendas abultadas, sino también de esas dotes de una sola pieza que coronan los outfit más gélidos.

Llamar al sombrero complemento, es un ejercicio algo injusto, en tanto en cuanto surgió de una de las necesidades más básicas: la de protegerse del sol, la lluvia y algún que otro elemento. Nacido en el campo para afrontar su dureza, emigró a la ciudad elevándose a la categoría de símbolo de distinción. En los años 50, nadie parecía estar del todo vestido si no entronizaba su look con un sombrero. A día de hoy, el abanico de posibilidades es inagotable: desde la paja para el verano hasta la lana para el invierno, pasando por el fieltro o el cuero, los borsalinos, los panameños, las boinas y las gorras sin más.

A pesar de la versatilidad de la prenda en cuestión, uno parece acertar casi siempre, si escoge los colores que más contrasten con el de su piel. El sombrero como extensión de la dermis, puede resultar aburrido e incluso pasar inadvertido en según qué foros. A pesar de la evolución de los tiempos, sigue siendo altamente recomendable, prescindir de él en espacios cerrados, dada la pérdida de sus funciones clave.

Si bien es cierto que los hay que vuelven fugazmente, como es el caso del mafioso borsalino, hay otros incapaces de abandonarnos ni una sola temporada dada su funcionalidad casi biológica. Es el caso del de lana, reinventado por Anna Sui en su vertiente más natural y ensalzado por Dior acudiendo a la sutil angora.

Algo más masculino y desenfadado, es el gorro gaucho, tradicionalmente usado en el sur de Brasil, Uruguay y Bolivia. De ala más bien ancha y delicadas plumas, se trata de un sombrero evocador de jinetes de otra época y llanuras infinitas. Hermes se ha encargado de resucitar este último con especial mimo

Si no tienes miedo a la apariencia superlativa, puedes atreverte con las piezas de Galliano: las encontrarás napoleónicas y hasta propias de la guardia real. En definitiva, mil motivos para ponerse el sombrero.

Autor de la imagen: http://heatherbuckley.co.uk, vía Flickr, Creative Commons

 

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