Otro Pancracio que ayuda a trabajar


¿Recuerdan las monedas de cinco duros que tenían un agujerito en el centro? Forman parte de los recuerdos más vivos de mi infancia. Y no sólo porque con una de ellas era posible comprar un flash de lima-limón del tamaño de un iceberg. Ni porque siempre se conservaba una, como oro en paño, para atar a la cuerda de la peonza... Eran, y siguen siendo en mi familia, un complemento imprescindible para el San Pancracio. La imagen del santo con su moneda y su ramillete de peregil, que se cambiaba religiosamente, es todo un clásico en las casas de mi madre y mi abuela. Además de buscar buena suerte para el hogar, se suele pedir a San Pancracio que nunca falte el trabajo y que éste vaya bien.

 

Hace poco, descubrí otro Pancracio que también hace que el trabajo vaya de perlas. Eso sí, está más relacionado con el pecado que con la figura de un santo... Es una marca de chocolate, té y otros productos delicatessen que proporcionan felicidad y ganas de abordar cualquier tarea, aunque sea cansina y tediosa, al instante. El responsable del hallazgo fue Manu Balanzino, un joven cocinero y sumiller que desde Andalucía edita el blog The Gourmet Journal, además de dar clases y colaborar con distintos medios de comunicación. Él me regaló (¡mil gracias!) dos cajitas de dulzura muy sorprendentes...

 

Una de ellas contiene Pistachos Esmeralda (los pueden ver en la imagen). Los frutos secos que se esconden bajo es mágica apariencia están soprendentemente tiernos y sabrosos. Y el chocolate blanco que los recubre hasta llegar al chocolate con leche lacado en verde de la superficie es el primero que me encanta en estado sólido desde que cumplí quince años.

 

La otra cajita de tentaciones lleva el justo y escueto nombre de Crocante. Se compone de unas generosas trufas alargadas de chocolate negro con crujiente de hojaldre y café. También llevan gianduja, una versión avanzada y espectacular de la Nocilla o el relleno de los Ferrero Roché, pero elaborada con avellanas tostadas. Me encanta su textura, porque aunque se llamen Crocante una no deja de pensar la primera vez que, al fin y al cabo, son trufas y que por tanto deberían ser blandas y untuosas. Y resulta que los crujidos acompañan en la boca y en el oído hasta que se termina de masticar.

 

En definitiva, me parecen una gran opción no sólo para hacer un regalo especial - intuyo que su precio es elevado-, sino para tener una cajita en el cajón de la mesa de trabajo y picar un poquito de placer cuando la jornada se ponga cansina. O, por qué no, celebrar que el viernes va de lujo y que se avecina un gran fin de semana...

 

Pancracio dispone de muchos más productos. Es importante tener en cuenta que entre ellos hay panetonnes, un dato muy útil para estas fechas. Me he propuesto probarlos y compararlos con los de Paco Torreblanca. Les informaré puntualmente.

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