¿Otro efecto vodka? Las gestoras internacionales están divididas en torno al futuro de Rusia


“Nunca trates de coger al vuelo un cuchillo en caída libre”. Éste es el consejo que solía darle su jefe a Eric Tazé-Bernard, jefe de asesoramiento de asignación de activos del equipo multiactivo de Amundi. Ahora, Tazé-Bernard recurre a esta pintoresca expresión propia de los traders de Wall Street para referirse al preocupante comportamiento del rublo en las últimas sesiones: “La divisa está en caída libre, no sabemos hasta dónde va a llegar ni cuándo va a empezar a ser el momento de comprar. Va a depender de la evolución de las materias primas y de los conflictos geopolíticos, y aquí interviene el ritmo de producción en Arabia Saudí (que redujo el jueves pasado el precio de los contratos de enero para EE.UU y Asia) y las sanciones aplicadas por Obama”. Así, el experto se muestra muy conciso en su recomendación: “Lo más sabio es mantenerse al margen, el momento de mercado es negativo. Habrá un punto en que el precio será tan bajo que habrá que recortar la producción y eso podría suceder el año que viene, pero es muy pronto para hablar”.

Al estancamiento del crecimiento que ya padecía Rusia antes de enredarse en la disputa territorial con Ucrania se le han añadido las sanciones más duras que le han impuesto EE.UU y Europa desde la Guerra Fría, la bajada constante de los precios del petróleo y, ahora, la fuerte depreciación del rublo. Este conjunto de factores ha traído a la mente de muchos el colapso sufrido por el país en 1998, que ha pasado a la historia como “el efecto vodka”. Las gestoras internacionales ofrecen una primera evaluación sobre la posibilidad de que la historia se vuelva a repetir.

“La caída de los precios del petróleo han logrado lo que no han podido las sanciones: debilitar significativamente la economía rusa”, afirma Hugo Bain, cogestor del Pictet Russian Equities. Éste recuerda que el Banco Central de Rusia intervino en el mercado en octubre, cuando se alcanzó un nivel insostenible de 24,5 billones de dólares en octubre, y dejó flotar el rublo a principios de noviembre.  “Si los precios del petróleo se llegan a mantener por encima de 80 dólares el barril, se puede considerar realizado la mayor parte del ajuste cambiario”, explica el experto de Pictet AM. También indica que “12.000 de 74.000 millones de dólares de las salidas de capital en la primera mitad de este año procedieron de demanda de rusos que los convirtieron en dólares. Mientras estos dólares sigan en cuentas bancarias nacionales pueden volver a ser cambiados a rublos cuando disminuya la aversión al riesgo”.

Bain sitúa en la parte positiva que “la baja cotización del rublo facilita a Rusia equilibrar el presupuesto, aunque genera inflación”. Además, recuerda que un rublo débil “es muy positivo para las empresas rusas, dominadas por la energía, acero e industrias mineras y si se estabiliza a los niveles actuales muchas compañías cosecharán beneficios en 2015”. Por otra parte, señala que “mientras se mantenga la situación al este de Ucrania, es difícil un cambio de sentimiento respeto al mercado ruso”. Sí cree que puede disminuir la tensión, teniendo en cuenta que la mayoría de inversores que querían salir del mercado ruso ya lo ha hecho, provocando que las acciones coticen con grandes descuentos. “Además, con el debilitamiento del rublo, los rusos con aversión al riesgo han estado convirtiendo dinero en activos reales y bienes inmuebles domésticos, empujando los precios de la vivienda”, añade.

Claudia Calich, gestora del fondo M&G Emerging Markets Bond, se fija en el impacto de la devaluación del rublo sobre la deuda rusa. Calich advierte de que “una devaluación grande y prolongada del rublo puede tener un impacto muy negativo sobre su sector bancario”. “El Banco Central de Rusia es consciente de ello, pero tiene herramientas limitadas para estabilizar la moneda. Puede subir más los tipos, pero eso dañaría al sector bancario al elevar sus costes de financiación, reducir la liquidez en el sistema y poder tener impacto sobre la calidad de sus activos (como los préstamos bancarios), justo en un momento en que la economía ha entrado en recesión”, añade la experta de M&G Investments.

Ésta cree que la opción que le queda a la autoridad  monetaria rusa es seguir interviniendo el mercado de divisas, vendiendo dólares, “pero esto continuará reduciendo sus reservas de divisas extranjeras y pondrá más presión a la baja sobre el rating soberano del país”, añade. De hecho, la gestora constata que se han ensanchado los diferenciales de la deuda rusa, tanto los soberanos como los corporativos, hasta el punto que constata que “la deuda rusa ya está descontando un recorte de rating de 6 ó 7 escalones”.

Rusia está mejor preparada que hace 16 años

Urban Larson, gestor de Standish, (parte de BNY Mellon IM), se fija en cuatro elementos para diagnosticar el estado de la economía de Rusia. Comienza hablando de sus puntos fuertes: “Rusia tiene uno de los ratios más bajos de deuda / PIB de nuestro universo, con fuertes métricas fiscales y un excedente de cuentas corrientes y reservas de divisas de más de 400.000 millones de dólares. No creemos que las sanciones contra Rusia aumenten considerablemente y este nivel de sanciones no tiene un impacto inicial significativo en la economía”, afirma al respecto. Sin embargo, reconoce que “la incapacidad de muchas empresas y bancos para refinanciarse en el mercado de dólares estadounidenses tendrá un impacto en el crecimiento, el sentimiento local y las inversiones, aunque la capacidad (y voluntad) de Rusia y de sus instituciones en el sector privado para mantenerse al corriente de pagos con vencimiento en dólares sigue intacta”.

El segundo factor analizado es la reacción del banco central. Larson considera muy positiva su decisión de permitir que flotase el rublo. “El banco central ha invertido aproximadamente 75.000 millones de dólares hasta la fecha para apoyar la moneda y eliminar intervenciones costosas para ayudar a preservar las reservas de moneda extranjera. También permite que su moneda actúe como colchón natural para mitigar precios de petróleo más bajos, por ejemplo”, señala el experto.

En cuanto al precio del petróleo, Larson constata que su descenso “tendrá un impacto en la cuenta corriente de la balanza de pagos si permanece en los niveles actuales durante un periodo de tiempo mayor, aunque desde el punto de vista fiscal la devaluación experimentada hasta la fecha será útil para potenciar los ingresos gubernamentales del rublo”.

El cuarto factor analizado es la evolución de las reservas de divisa, que para el gestor marca “una diferencia clave respecto a la situación rusa de 1998”. Dicha reserva alcanza actualmente los 420.000 millones de dólares, incluyendo reservas de divisas líquidas y los fondos soberanos que se han ido acumulando en los últimos años. “En 1998, antes de la crisis, las reservas de divisas eran tan bajas que ni siquiera cubrían las participaciones extranjeras en bonos locales, lo cual supone un riesgo importante si los inversores extranjeros deciden salir de ese mercado”, recuerda Larson, que afirma que “la economía general era entonces menos fuerte que hoy”. Para el experto, la flexibilidad de la moneda, la acumulación de reservas y la mayor escala de las políticas económicas garantizan que “la economía rusa es mucho más capaz de soportar las tensiones actuales que hace 16 años”.

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