Oportunidades en renta variable europea


La recuperación de la Eurozona está en marcha desde 2013. No había necesidad de la política acomodaticia que el Banco Central Europeo ha puesto en marcha para evitar la deflación y ayudar al crecimiento económico. No en vano, en la zona euro se han creado tres millones de empleos, el sector de la construcción se está recuperando y los beneficios corporativos son más elevados que el Producto Interior Bruto (PIB), mientras que las inversiones comienzan a producirse de nuevo.

Sin embargo, esta política del BCE sí está teniendo impacto en los mercados. Por un lado, sobre los bonos a corto plazo, que continuarán registrando bajas rentabilidades. No obstante, en Rothschild & Cie Gestion pensamos que los rendimientos de los bonos a largo plazo aumentarán y esperamos que se incline la curva de rendimiento en Europa. Por esta razón, apostamos por estar largos en deuda a corto plazo y cortos en bonos a diez años alemanes y franceses, para conseguir tener una duración modificada mínima en Europa. Asimismo, apostamos por la renta variable del viejo continente. Incluso si el crecimiento del PIB es moderado, el entorno de tipos es muy acomodaticio, lo que favorece los activos de riesgo.

Además, las acciones europeas están infravaloradas de forma generalizada, ya que el mercado está descontando un riesgo de deflación que, en nuestra opinión no se materializará. Nuestras previsiones para Europa continúan estando en línea con el ciclo económico, que en Alemania y España está más avanzado que en Francia o Italia. Por ello, esperamos mayores subidas en la renta variable de estos dos últimos países y sobreponderamos en nuestras carteras las grandes compañías galas y transalpinas. Nuestras principales apuestas son los valores financieros con sesgo valor y por el contrario, infrapoderamos de forma generalizada las acciones de crecimiento.

Estas convicciones se reflejan en nuestros fondos, donde la mayor parte de la exposición en renta variable se concentra en la eurozona. Aunque también tenemos posiciones en Japón, value y grandes compañías. La asignación a bonos es muy pequeña, con una duración modificada mínima, largos en deuda a corto plazo de los países periféricos y cortos en bonos a diez años franceses y alemanes.

Por ejemplo, en nuestro fondo mixto dinámico, R Club, la cartera está invertida en un 80% en renta variable y un 20% en bonos, con una duración modificada negativa. En nuestro fondo mixto más conservador, R Alizés, la exposición es 30% renta variable, 70% deuda, con una duración modificada cero. En términos más concretos, preferimos las compañías que dependen de sí mismas y pueden convertir el bajo crecimiento del PIB en un alto margen operacional y apalancamiento financiero. Encontramos esta situación en sectores como la construcción, ocio, automóviles o bancos, aunque también hay algunos ejemplos en sectores defensivos.

Por el contrario, estamos infraponderados en acciones de crecimiento debido a que no solo están caras en términos relativos sino que también han tenido una peor evolución cuando los tipos a largo plazo aumentan. Es decir, la inclinación de la curva de rentabilidad en Europa impactará en los bancos y de forma más general en las acciones value, pero los bonos y las acciones de crecimiento reaccionarán de forma negativa.

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