Oportunidades de inversión en el sector energético



Dirigir un fondo de inversión en el sector energético en este momento no es una buena opción para aquellos que quieran vivir una vida tranquila. Pero sí la hace interesante. Los sobresaltos geopolíticos tienen consecuencias muy significativas en los precios del petróleo y ni hablar para las compañías que lo producen y refinan. Actualmente, nos encontramos frente a un cambio en la situación política del Medio Oriente que tiene el potencial de cambiar el status quo del mercado del petróleo, con un alcance tan profundo como el de las crisis petroleras de la década de 1970. 

Incluso antes del paréntesis provocado por la escalada de revueltas populares en Medio Oriente, el precio del petróleo ha sido una verdadera montaña rusa, llegando a 140 USD en 2008, desplomándose a cerca de 40 USD a principios de 2009, antes de iniciar una suba constante ya entrado este año hasta el rango de los 90 USD. Luego sobrevinieron las revoluciones de Túnez, Egipto, la de Libia, Bahrein, Yemen y, aún más recientemente, una venta generalizada de materias primas. Con estos antecedentes, cabe destacar que nuestras inversiones apuntan al sector energético y no meramente al "precio de la energía". Es por ello que queremos diferenciar de la rentabilidad del mercado más amplio y la rentabilidad de otros fondos de energía. 

Dentro de toda esta volatilidad, hay tendencias subyacentes muy importantes que vale la pena destacar. En primer lugar, e independientemente del notable crecimiento de la demanda del petróleo, en parte generado por la industrialización de China y gran parte del Asia emergente, los precios del petróleo se han visto beneficiados por una oferta inelástica.  

¿Qué quiero decir con esto? Que el lado de la oferta de la ecuación del petróleo es extremadamente bajo como para responder a las señales de los precios, mientras que las demoras en proyectos nuevos de envergadura pueden ser de hasta ocho años. Además, más de un tercio del mercado está controlado por un oligopolio -la OPEP- cuyo principal interés radica en el incremento de los precios en lugar de lograr una mayor producción. Una buena proporción de la oferta global restante está en manos de empresas petroleras nacionales, cuyos presupuestos se rigen más por cuestiones sociales y políticas que por producir más barriles de manera eficiente. De modo tal que apenas el 20-25% aproximadamente de la oferta global de petróleo se desarrolla y produce centrada en aspectos comerciales tales como crecimiento y rentabilidad. Si sumamos a ello la incertidumbre que trae aparejada la exploración de nuevos yacimientos, la caída estrepitosa del nivel de los yacimientos maduros (el megayacimiento Cantarell en México que alguna vez representó el 2% de la producción global ha estado bajando un 20% por año desde hace varios años), se obtiene una situación en la que la oferta se contrae. ¿Significa esto que hemos llegado al nivel máximo de petróleo? Para nada: simplemente significa que los recursos son más difíciles de encontrar y explotar que antes, a menudo en zonas más problemáticas desde un punto de vista técnico (como los yacimientos marinos en Brasil) o en países con los que es más complicado hacer negocios. Aún hay mucho petróleo, pero es más difícil encontrarlo y explotarlo, lo que frena efectivamente la capacidad de crecimiento de la producción del petróleo a nivel global. Por ende, las compañías que pueden explotar depósitos de petróleo y gas están en una posición de beneficiarse enormemente de esta situación. 

Esto proporciona un respaldo sólido para un precio de hasta 90 USD-100 USD por barril de petróleo, pues representa el costo marginal de reemplazar los barriles más caros de la producción mundial. Es por ello que nos sentimos cómodos invirtiendo en aquellas empresas que descuentan precios menores a estos en su valuación. Sin embargo, la reciente tensión en el Magreb y Medio Oriente ha permitido llevar al precio del petróleo a 115 USD el barril y más, poniendo en riesgo la producción libia (un 1,5-2% de la oferta global) mientras que la inestabilidad en la península arábiga pone en relieve un riesgo ascendente mayor para el precio mundial del petróleo ante cualquier interrupción en el suministro saudí. 

Si bien no tenemos una visión catastrófica del precio del petróleo, consideramos que la volatilidad de este entorno podría proporcionar un respaldo para los precios del petróleo por algún tiempo. Sin embargo, creemos que la mejor manera de capturar esto es a través de inversiones sensatas en empresas bien gestionadas, algo que intentamos hacer en los fondos que gestionamos. Para nosotros invertir directamente en la materia prima es menos sensato. A menos que sea posible adquirir de forma tangible el recurso, los contratos de futuros reiterativos a menudo derivan en un negocio costoso. Asimismo, el petróleo, al igual que cualquier materia prima, es una inversión estática, mientras que las empresas bien gestionadas que exploran y producen petróleo están constantemente reinvirtiendo en el negocio. Nos gusta tener una empresa que pueda producir, por ejemplo, 100 barriles un año y reinvertir el flujo de efectivo para agregar 200 barriles a las reservas el año siguiente; un efecto combinado que aumenta la rentabilidad a lo largo del tiempo. Ello puede provocar una significativa rentabilidad superior por períodos prolongados. Tomemos a Apache, una empresa estadounidense de E&P de tamaño y diversificación razonables: vio subir el precio de sus acciones de 6,5 USD en 1990 a cerca de 120 USD por acción a finales de 2010, una rentabilidad significativamente superior a la del mercado o la materia prima. 

Entonces, ¿qué es lo que buscamos en un modelo empresarial? Obviamente nos centramos en cómo vemos el desarrollo de las reservas y la producción de una compañía determinada a lo largo del tiempo. Buscamos una combinación de éxito en la exploración, el crecimiento de las reservas y, en definitiva, el crecimiento de la producción.

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