Nociones básicas para saber cómo llevar correctamente el factor investing a una cartera


Los factores son la base de cualquier cartera, ya que son los que generan la rentabilidad a largo plazo. Básicamente existen cinco en los que poder invertir: value (compañías que presentan valoraciones atractivas), quality (empresas que presentan ratios de calidad elevados), size (compañías de mediana capitalización), momentum (valores que típicamente se han comportado bien en los últimos 6-12 meses) y mínima volatilidad (empresas menos volátiles). El factor investing es comprender, identificar y separar estos factores de riesgo y ponerlos a disposición de los inversores. Según explica en una presentación a periodistas André Themudo, miembro del equipo de ventas de BlackRock para Iberia, la inversión en factores se puede dividir en tres partes.

La primera sería entender qué factores han aportado rentabilidad o riesgo en determinadas clases de activos. Una vez comprendidos e identificados, lo segundo sería separar estos factores del mercado. Por último, sería empaquetarlos en un producto de inversión para que todos aquellos que lo deseen puedan comprar o canalizar sus visiones de mercado a través de factores. La popularidad del factor investing se ha disparado en los últimos años. Para Themudo, esto se debe a la tecnología. “Su avance en los últimos años ha permitido tratar datos con una capacidad y precisión que antes no existía. Hoy, la tecnología y su escalabilidad ha hecho que los índices factoriales sean configurados a través de datos mucho más procesables, precisos y matemáticos que antaño”, afirma el experto.

BlackRock ha dado un paso hacia delante en todo lo relacionado con el desarrollo del factor investing. En 2015 fichó a Andrew Ang, quien está considerado uno de los padres de la inversión por factores. Se trata de un profesor de la Universidad de Columbia (Nueva York) muy conocido por sus numerosas publicaciones para distintos organismos internacionales sobre el factor investing, estilos de inversión que cada día acaparan un mayor volumen de activos. De los 4,5 billones de dólares que actualmente hay en ETF a nivel global, el 9% (410.000 millones) está en productos de smart beta. Además, los flujos muestran una tendencia creciente. Esto no significa que las entradas sean homogéneas. Unos factores capturan más flujos que otros dependiendo de cuál sea el entorno.

“En 2016, por ejemplo, la primera mitad del año fue de mínima volatilidad y la segunda de value. Este año, en cambio, es más de momentum. Todo depende del punto del ciclo en el que nos encontremos”, indica Themudo. Este aspecto es muy relevante a la hora de elegir los estilos. “En la inversión factorial resulta muy importante saber en qué momento del ciclo nos encontramos para sobreponderar o infraponderar según qué factores. Dependiendo de cuál sea el punto del ciclo, los factores tenderán a comportarse mejor o peor. En momentos de crecimiento económico, factores como momentum, value y size tienden a registrar una evolución más favorable que quality o mínima volatilidad, los cuales se comportan mejor en periodos de contracción de la actividad”.

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Según Themudo, la utilización de factores puede generar una rentabilidad superior a la que ofrece el mercado. Sin embargo, este exceso de rentabilidad suele ser cíclico. “Año tras año, hay factores que registran rentabilidades por encima y por debajo del índice general. Si superpusiéramos el ciclo económico encima de las resultados ofrecidos por cada factor observaríamos que existe un patrón. Por este motivo, una inversión en factores debe plantearse con un horizonte de inversión de largo plazo y siempre a partir de una estrategia multifactorial, ya que esta es la manera de mejorar potencialmente la relación rentabilidad-riesgo de una cartera. Para tener una cartera equilibrada y diversificada, hay que tener siempre todos los factores en cartera, con una posición estratégica de largo plazo”.

Lo evidencia el hecho de que, en el caso de la renta variable americana, el exceso de rentabilidad acumulado desde 2001 de cada uno de los cinco factores haya sido superior al generado por el índice de referencia, en este caso el MSCI USA Index. Si hiciésemos el mismo ejercicio con otros mercados la conclusión sería la misma. “Esto demuestra que es clave tener siempre todos los factores en cartera haciendo asignaciones tácticas en función de cuál sea el ciclo”, asevera el experto. Las correlaciones entre los distintos estilos tienden a ser bajas, pero varían y no son las mismas si se habla de inversión factorial en Estados Unidos, Europa o a nivel global.

Para tratar de arrojar luz sobre qué factores hay que sobreponderar o infraponderar en cada momento, BlackRock lanzó hace un año y medio un Outlook trimestral en el que ofrece sus perspectivas con el objetivo de ayudar a los inversores a la hora de realizar su asignación a cada uno de estos factores. “Esto no significa que vayamos a estar siempre en lo correcto, pero al menos les podemos explicar a los inversores cuáles son nuestras perspectivas económicas y de mercado. Ahora mismo estamos positivos en momentum y size, y negativos en mínima volatilidad, ya que creemos que al actual ciclo de crecimiento económico aún le quedan algunos años de recorrido”, revela Themudo.

La gestora también dispone de herramientas tecnológicas que ayudan a los inversores a entender a qué factores están expuestas sus carteras. “Aunque se trate de vehículos que no inviertan específicamente en factores, esta herramienta permite analizar a qué factores estás expuestos. A veces se da el caso de que los inversores no son conscientes de los riesgos factoriales a los que están incurriendo y tienen carteras con una excesiva exposición a un factor en concreto”.

Razones que justifican la utilización de los inversores de este tipo de instrumentos

Themudo identifica tres. “La primera es que este tipo de inversiones ayudan a mejorar la ratio de rentabilidad/riesgo de una inversión. El segundo es que, con unos ratios de gastos totales (TER) de entre 20 y 40 puntos básicos, estos productos permiten un acceso eficiente a este tipo de factores. En tercer lugar está la transparencia de un producto que te deja conocer cuál es el posicionamiento en cada momento”.

Un aspecto importante a tener en cuenta es que los ETF factoriales imponen límites a la exposición geográfica o sectorial con el fin de evitar concentraciones del riesgo. “Dentro de un índice value, por ejemplo, la exposición sectorial está limitada al peso aproximado que tenga en el índice genérico, lo que disipa el riesgo de concentración. Si el MSCI Europe tiene un peso del 10% en tecnológicas, el ETF europeo value ajustará su metodología en un porcentaje más o menos cercano al del índice matriz. Y lo mismo ocurre a nivel país”, ejemplifica. “El factor investing significa dejar de cortar la tarta en vertical (por países o sectores) para hacerlo a nivel factorial”.

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