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Nobeles y extraterrestes


Lo mejor de la semana. Blog de María Folqué y Montserrat Formoso

Atención que hoy vamos de rollo cuarto milenio. Luego no digan que no hemos avisado. Resulta que científicos de la Universidad de Laval, en Quebec, afirman haber detectado últimamente hasta 234 mensajes enviados por civilizaciones extraterrestres. ¡234!, ni siquiera la Academia sueca ha intentado ponerse en contacto con Bob Dylan tantas veces (que oye, si no vamos nosotras, aunque sea por el cóctel y eso). ¿A qué viene este afán?, nos preguntamos.

Nosotras no somos mucho de la teoría de la conspiración, así en general, pero pensamos que hemos dado con la razón de la verborrea UFO. Creemos que están asustados. Casi tanto como cualquier mujer a 10 metros a la redonda del candidato Trump. Y no es para menos. El biógrafo “negro” de Donald, Tony Schwartz, que le escribió su libro de memorias “The art of the deal”, publicado en 1987, se ha declarado aterrorizado y lleno de remordimientos. Aterrorizado porque después de compartir bastante tiempo con Donald, cree que si es elegido y accede a los códigos nucleares “hay bastantes posibilidades de que la civilización llegue a su fin”; y con remordimientos porque cree que ha contribuido a dar una imagen inofensiva y molona de Trump, y según él, ni lo uno ni lo otro. Total, que los extraterrestres, que probablemente hayan leído el artículo del New Yorker donde vienen estas cosas tan tranquilizadoras, deben estar alarmados ante la posibilidad de perder a unos compañeros de universo. Alejados, sí, pero compañeros.

Y como compañeros ganaron Bengt Holmström y Oliver Hart el Nóbel de Economía, o como su verdadero nombre indica, el Premio del Banco Central de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel. No estaban el finlandés y el británico en la parte alta de las encuestas lideradas por Romer, Blanchard, Lazear o J.Melitz. Parece, una vez más, que la Academia sueca no tiene el cuerpo para la macro desde lo de la Gran Recesión allá por 2007, ¿se acuerdan?. No los culpamos.

El tema es que las investigaciones de Holmström y Hart son socialmente útiles y han hecho del mundo, al menos del económico, un lugar mejor. Ahí es nada. Concretamente gracias a sus aportaciones a la teoría de los contratos, esa herramienta que rige la economía y la vida moderna. Pues estos señores avanzaron en el marco teórico para “entender los contratos y las instituciones de la vida real, así como los posibles escollos del diseño contractual", señaló la Academia. Y un correcto diseño de los contratos cobra especial importancia cuando hay conflictos de interés entre las partes (directivo de una empresa vs accionistas, aseguradora vs tomador, institución pública vs proveedor, etc.).

Holmström desarrolló un modelo para definir el contrato óptimo entre un principal, los accionistas de una empresa, por ejemplo, y un agente, el director ejecutivo de la compañía, cuya conducta afectará a las acciones y así al bolsillo de sus dueños. Este contrato óptimo buscará el equilibrio entre los riesgos y los incentivos, buscando que las decisiones que se tomen resulten beneficiosas para ambas partes. Hart se especializó en la teoría de los contratos incompletos. Al no ser posible que en un contrato se recojan todas las eventualidades acotémoslas definiendo los derechos de control: qué parte puede tomar decisiones y en qué circunstancias.

Mucha fórmula y teoría útil para cuestiones sobre cómo establecer la remuneración de los trabajadores, cuál es la proporción de financiación que debe hacerse vía deuda y cuál vía acciones, qué tipo de empresas tiene sentido económico que se fusionen, o qué instituciones deberían ser gestionadas por el sector privado. Nos tememos, queridos Bernanke, King, Kuroda, Yellen, Draghi, Carney…, que os tocará esperar.

Buena semana,

Profesionales

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