No sólo se indignen


Ante los problemas, hay quienes salen corriendo, quienes se bloquean, los que se enfadan y los que se centran en pedir que rueden cabezas, las de los demás claro está. Pero por suerte, también hay quien trabaja en las soluciones. Y en este grupo –tan reducido como el de los románticos, dicho sea de paso– está Josep Prats. Este analista económico y gestor de inversiones, conocido en el sector por sus veinte años de trayectoria profesional en Ahorro Corporación, ha tenido la osadía de irrumpir en el gallinero en que se ha convertido el debate sobre la crisis económica para, lisa y llanamente, dar soluciones y lo hace en su libro No sólo se indignen. Propuestas para un Estado de bienestar sostenible (Ed. Plataforma Editorial, 2011).

 

“Si se quiere se puede”, escribe Prats como reflexión final del libro, “se puede reducir el déficit público a cero, se puede obtener superávit y, a partir de ahí, se pueden pagar las deudas”. ¿Cómo? Por supuesto que haciendo números y, aunque los lectores adictos a las cifras no quedarán defraudados, no es el libro de Prats sólo un libro de números; no es tampoco un tratado de economía o no lo es en el sentido más técnico. Ya es hora de cuadrar las cuentas y para ello, lo que hay en No sólo se indignen es un manual para el comportamiento responsable o, mejor dicho, lo que hay es un tortazo bien dado en la cara del lector. Lo anticipa ya Ramón Tamames en el prólogo “el tema central de este libro es la llamada a la responsabilidad de cada uno, que es lo opuesto al victimismo”. Y pone un ejemplo bien claro “queremos que los políticos cumplan la ley, pero estamos dispuestos a instalar radares en nuestros coches para no cumplirla nosotros.”

 

La representación política, la transparencia contable, las cuentas públicas, los impuestos, la seguridad, la educación y la cultura, la sanidad, las pensiones y los subsidios, obras públicas y vivienda y administración general son los diez temas analizados por Prats. A cada uno de ellos les dedica nunca más de unas diez páginas porque desde la primera frase se va al grano y aquí no hay concesión a las divagaciones. Como así escribe Iu Pijoan i Font en el epílogo del libro “a la confusión interesada de barra de bar en que tan a gusto chapoteamos opone la transparencia del Libro Mayor”. Sencillez, mucho sentido común, fina ironía –soberbia es su explicación sobre una nueva cuota mínima a pagar de 5.000 euros para las sociedades sin beneficios– y, sin duda, mucha polémica en sus propuestas. Aquí van algunas.

 

- Cada ciudadano recibirá anualmente una relación de todas sus aportaciones a la administración y una factura por todos los servicios públicos recibidos.
- Las tasas y precios públicos tendrán más relevancia; los impuestos especiales pueden subirse; el dinero ocioso sufrirá un nuevo gravamen.
- La justicia será gratuita sólo para el que gane el pleito.
- Con dinero público, ni un artista ni un intelectual deberá hacerse rico.
- Cada acto sanitario conllevará una tasa de 25 euros con algunas excepciones.
- Para el cálculo de la pensión: 46 palabras bastan y están en la página 78 del libro.

 

No esperen los lectores adoctrinamiento alguno, el que quiera ver sombras ideológicas se equivocará. Aquí sólo hay –y ya es mucho– justicia, cortesía y valentía. Cuando abran el libro, enseguida sabrán por qué.

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