Necesidad de asesoramiento en Planes de Pensiones


En la edición de sus premios de este año, Morningstar dejó desiertas tres categorías dentro de los Planes de Pensiones. Sorprendente en principio, pero si analizamos las conclusiones del reciente estudio de los profesores del IESE Pablo Fernández y Javier Aguirremalloa, acerca de la rentabilidad de este tipo de producto en el periodo 2002-2012, no lo es tanto.

Aunque se podrían discutir algunos puntos del mismo, el resumen es poco debatible: de 573 planes con diez años de historia, sólo dos batieron al Ibex 35 y 446 (un 78%) no superaron un 3% de rentabilidad. En las conclusiones hay un dato aún más demoledor: en varios de los casos analizados los inversores perdieron la desgravación fiscal obtenida como consecuencia de las elevadas comisiones y la mala gestión, ¡en menos de cinco años!

Este último dato me lleva a pensar que una parte importante del problema tiene su origen en el carácter meramente “fiscal” que los inversores han otorgado a su relación con este tipo de producto. La mayoría de las veces que he hablado con clientes acerca de sus objetivos con esa inversión, la respuesta se repitió: no había objetivo. El único motivo para aportar dinero cada año era el placer que producía, unos meses más tarde, la desaparición en la declaración del IRPF de esa cantidad en la cifra de ingresos del inversor (efecto mucho más dulce cuanto mayor era el tipo marginal al que tributaba).

Esa actitud ha generado varios problemas a los inversores/ahorradores:

1º En la mayoría de los casos, se han encontrado con una colección de productos que es función directa de los objetivos de colocación que la entidad con la que trabajan ha tenido cada año. Como consecuencia, no existe ninguna coherencia ni lógica en la construcción de la cartera. Por ejemplo, he tropezado con algún caso en el que el cliente tenía en su repertorio un par de planes garantizados cuyo vencimiento se situaba varios años después de su hipotética jubilación.

2º El coste soportado es, en general, desmesurado para el tipo de gestión que se realiza y el valor añadido que le genera al cliente. ¿Es lógica una comisión de gestión del 2% para un fondo de renta variable americana cuya cartera está compuesta, únicamente, por futuros del S&P500 y letras? Pues es un ejemplo real.

3º Nadie se ha preocupado de adecuar la cartera (que tras varios años de aportaciones alcanza una cantidad respetable) a las cambiantes circunstancias de los mercados o del cliente, a pesar de ser un producto que permite esas modificaciones sin ningún peaje fiscal. Así, clientes a un par de años vista de su jubilación, vieron evaporarse en 2008 una parte importante de las cantidades ahorradas por tener una cartera con excesivo riesgo y otros con varias décadas de vida laboral por delante, obtienen rentabilidades por debajo de la inflación año tras año por un enfoque demasiado conservador.

Por desgracia parece que poco ha cambiado y los productos garantizados fueron, una vez más, los que mayor volumen de aportaciones recibieron en la campaña de cierre de año. Probablemente no es la única razón, pero que se tratara precisamente de eso, de campañas con objetivos e incentivos de colocación (para los comerciales y para el cliente, que recordará durante tiempo lo caro que le ha salido el reproductor de DVD), seguro que ha tenido algo que ver.

El mensaje es por tanto que, ante la importancia que en el futuro pueden tener los ahorros destinados a la jubilación por el necesario replanteamiento global del Estado del bienestar, todo el mundo debe darse cuenta de que al igual que en el resto de sus posiciones, tiene que buscar asesoramiento en sus inversiones en planes de pensiones. Independientemente de las ventajas fiscales que generan en el corto plazo, son una parte más de su patrimonio financiero y, como tal, hay que hacerla trabajar en busca de sus objetivos, en función de la situación de los mercados y de sus circunstancias vitales.

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