Muéstreme su título, doctor


La semana pasada llevé mi hija al médico. Esperamos un buen rato en una sala espaciosa y bien iluminada, con sillas cómodas, revistas de contenido farmacéutico y varias pantallas planas que reproducían anuncios publicitarios de distintos remedios, comprimidos, bebibles, inyectables y pomadas. Me llamó la atención especialmente el de las pastillas anti hemorroides pues era muy elegante y sofisticado, teniendo en cuenta que el poco glamour de la afección. Nos recibió el facultativo con una amplia sonrisa, una corbata preciosa de Mangui y un espectacular traje de Tongogrosso.

- Antes que nada, permita que le recomiende este complejo vitamínico que hará que su hija ¿es su hija, no? crezca sana y mejore su rendimiento escolar. -Espetó como saludo inicial. Pero dígame qué les trae por aquí.

-Mi hija tiene tos, algo de fiebre y antecedentes de bronquitis.

- Bien, pues le daremos pastillas broncomicoidales de Laboratorios All-in-one, que además de sanarla prevendrá la aparición de hongos en las plantas de los pies

- Oiga, pero ¿qué dice?, ¿donde se licenció usted? Muéstreme su título, doctor.

- En la Universidad de Acapulco, la mejor en Turismo. Aquí tiene.

- ¿Es usted licenciado en turismo? ¡Qué interesante! – Respondí, atónito.

- Sí, pero el trabajo está fatal. Ahora piden chino y ruso además de inglés. En fin, un cursillo de primeros auxilios y aquí me tiene.

No me extrañó. La semana anterior había ido a una empresa de ingeniería a legalizar el parking y me atendió un doctor en filología sueca que había perdido su trabajo en IDEA, una empresa escandinava de muebles baratos con nombres de inventor alemán.

- Que le vamos a hacer, deme las pastillas y probaremos. - Dije.

- Se va usted a ahorrar una pasta en plantillas y anti fungicidas. Se lo garantizo, créame. -Respondió. - Y antes de marcharse, ¿por qué no prueba el masaje anti artritis? Por 50 euros tiene prevención durante tres meses. La masajista es licenciada en física, le irá bien a su físico. -Rió.

Salí de la consulta dolorido, pero feliz de mi buena suerte al tener un “médico” tan simpático y elegante. Como suelo hacer en enero, visité a mi asesor financiero para comprobar el resultado de mis inversiones durante 2013. Tiene un funcional despacho en su vivienda, las paredes cubiertas de diplomas y masters financieros que orlan el título de licenciado en Económicas. Nos vemos cada tres ó cuatro meses y atiende a las horas convenidas. Me suele mandar aburridos e-mails llenos de gráficas y comentarios. Lo encuentro un poco pretencioso, con tanto título y certificación EFPA. Hasta tiene un número de EAFI ¿EAFI no será Engaños y Atropellos Financieros? No me gusta pagar los honorarios, en especial si no ha sido un año de buenas ganancias. Afortunadamente este año ha ido muy bien. He ganado más que el Euribor, la inflación y el bono español. Siempre se empeña en comparar el resultado con estos parámetros, como les llama él. Dice que son una medida de la buena gestión. Ha insistido en que el ciclo de los bonos se ha terminado, que invierta en fondos de acciones. Que manía con los fondos, si luego me devuelve su comisión. Además, he tenido que rellenar esos odiosos cuestionarios económico-financieros que dice que son para conocer mejor mi perfil. No sé yo, me confunde un poco. Me gustaría que fuese como el médico, que me receta esos comprimidos de All-in-one, que sirven para todo. Como me falle en los resultados trimestrales creo que me llevaré la pasta a Swazilandia. He recibido emails tentadores y parece que no piden tanto papeleo.

Amigos, colegas, asesores financieros certificados: Buen año 2014... y mucha suerte.