Moderadamente optimistas


La edición de 1993 del diccionario politico de William Safire (Safire's New Political Dictionary) define «moderadamente optimista» como «una sensación de moderado bienestar; una prometedora ambivalencia política». El término, empleado con frecuencia por Ronald Reagan durante la década de los ochenta, acabó calando entre políticos y líderes empresariales.

A principios de 2014, muchos inversores se declaraban «moderadamente optimistas» con respecto al futuro de los mercados de inversión. «Optimistas» porque las perspectivas de la economía mundial por fin parecían positivas y relativamente predecibles, pero «moderadamente» porque la mayoría de los inversores son conscientes del daño económico y social causado por la crisis financiera y, lógicamente, se muestran precavidos ante un entorno tan positivo.

Los mercados emergentes, que en 2013 se comportaron peor que las bolsas y los mercados de bonos desarrollados, han sido la piedra en el zapato de los inversores. Muchos atribuyeron este mal comportamiento al anuncio de la retirada gradual del programa de compra de bonos de la Reserva Federal estadounidense. Sin embargo, el tapering solo es uno de los factores que se lo han puesto más difícil a los mercados emergentes pero existen otros, como:

§  La recuperación de Europa. Muchos mercados emergentes se vieron beneficiados por la huida de capitales de la eurozona durante la crisis de deuda. Sin embargo, en 2013 el capital empezó a regresar al Viejo Continente, como evidencian tanto la apreciación del euro como las entradas de capitales en los mercados periféricos de renta fija y renta variable italiana y española, cuando aún cotizaban con una elevada prima de riesgo.

§  China. A pesar de ser el motor del crecimiento de las economías en desarrollo durante la última década, la demanda china se ha ido desacelerando, lo que ha causado bruscas correcciones de los precios de las materias primas que han reducido su valor para los exportadores. Esta situación, combinada con una fuerte demanda interna, ha provocado la ampliación de los déficits por cuenta corriente de varias economías emergentes y algunos de estos países han tenido dificultades para financiar esos déficits, lo que ha propiciado la depreciación de sus monedas. La debilidad registrada por países como Turquía, Sudáfrica, la India y Brasil los ha llevado a endurecer sus políticas monetarias y los activos ubicados en esos países han registrado un mal comportamiento porque los inversores descuentan un crecimiento débil y mayores niveles de inflación.

§  La creciente inestabilidad. Una desafortunada consecuencia del menor crecimiento, la elevada inflación y la debilidad de las divisas es que la estabilidad se ve cada vez más amenazada en algunos países emergentes. El mayor riesgo se da entre aquellos con una acusada desigualdad de ingresos, redes de seguridad social insuficientes, pobres sistemas educativos e instituciones y gobiernos débiles o corruptos. La creciente inestabilidad puede resultar en errores políticos (como imponer controles de divisas) o acabar provocando un trágico cambio de régimen, como en Ucrania. Ninguno de esos escenarios es positivo para los mercados de capitales y, por supuesto, resultan desastrosos para los países implicados.

¿Cómo afectan los problemas de los mercados emergentes a los mercados desarrollados? A nivel macro, parece que el «contagio» ha sido muy limitado hasta ahora, ya que las buenas noticias del mundo desarrollado han pesado más que las malas noticias de los mercados emergentes y los flujos de capital siguen respaldando los activos de mercados desarrollados. Es probable que 2014 se caracterice por los shocks de volatilidad de los mercados emergentes que incrementarán periódicamente la volatilidad del mercado, pero los daños serán probablemente más específicos que sistémicos.

A lo largo de la última década, los bancos y las grandes empresas han continuado con sus rápidos procesos de globalización. Tras la crisis financiera, muchas empresas aceleraron su expansión en las economías emergentes, que parecían encontrarse relativamente a salvo de los problemas del mundo desarrollado. No debería sorprendernos que algunas de estas empresas y bancos experimenten ahora problemas en sus operaciones en el extranjero.

Parece que se empieza a dar un cambio desde los grandes temas sistémicos que han venido dominando los mercados en los últimos años −como la crisis bancaria, la crisis de la eurozona o la política monetaria y presupuestaria de Estados Unidos− hacia factores más específicos. A nivel corporativo, los riesgos incluyen la ubicación de las operaciones de la empresa y qué porcentaje de los ingresos está expuesto a la volatilidad y a otros factores impredecibles. En un entorno de este tipo, el análisis fundamental ascendente, o bottom-up, y el control de riesgos resultan más importantes que nunca. En Kames Capital, creemos que la situación juega a nuestro favor, ya que identificar, analizar y gestionar el riesgo forman la base del proceso de creación de valor para nuestros clientes.

En resumen, somos optimistas con respecto a 2014 ya que los bonos corporativos se verán respaldados por un crecimiento económico razonable combinado con baja inflación y las políticas acomodaticias de los bancos centrales pero, teniendo en cuenta los riesgos microeconómicos, mantenemos la prudencia en nuestra implementación. Podríamos decir que somos «moderadamente optimistas». 

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