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Mitos y realidades sobre la Teoría Monetaria Moderna (MMT)


Ha bastado una crisis económica y sanitaria global para convertir en realidad lo que hasta hace unos meses sonaba a populismo. La Teoría Monetaria Moderna (MMT) se ha instaurado en nuestras vidas en forma de una de las mayores inyecciones de ayudas monetarias y fiscales de la historia reciente. A un lado y otro del mundo los gobiernos y bancos centrales han usado toda la artillería posible para frenar el impacto económico del COVID-19.

Pero empecemos por el principio. ¿Qué es y qué no es la MMT? La propia Stephanie Kelton, autora de uno de los libros del verano más recomendados por las gestoras, The Deficit Myth, ayudó a derribar los mitos sobre la Teoría Monetaria Moderna en un evento organizado por Principal Global Investors.

Aunque lleva el sobrenombre de moderna, la Teoría Monetaria Moderna es realidad es un marco macroeconómico que nació hace 25 años. La corriente nació con el objetivo de crear una visión “más precisa” del contexto económico. “Es un esfuerzo por entender el sistema monetario moderno; por hacernos una mejor idea de los límites del marco monetario actual”, explica Kelton. “El mundo se ha movido hacia un sistema de divisas FIAT flotantes pero no se ha adaptado el marco a ese cambio”.

También tiene claro qué no es la MMT. “No es un free lunch. Nunca se ha defendido la impresión descontrolada de dinero”, asevera. “Se trata de reconocer cómo funcionan ya los gobiernos”.

Una de las principales críticas a la MMT es que aboga por desequilibrar la balanza de gastos a favor de la emisión de deuda para estimular a la economía. “Hay que recordar que los gobiernos no están sujetos a las mismas normas que un hogar en tanto en cuanto son ellos quienes controlan el valor de la divisa. No es lo mismo que recomendar a una persona de a pie endeudarse porque es el propio gobierno el emisor de la divisa”, justifica Kelton.

La principal idea que quiere dejar claro es que los déficits son la norma, no la excepción. “Durante décadas hemos dependido de los bancos centrales para crear el marco macroeconómico correcto. Los gobiernos se han desentendido del manejo de la economía”, afirma. “El problema es que ahora las propias entidades monetarias están diciendo que no lo pueden hacer solas. El propio Bernanke ya alertó que la política monetaria no es la panacea”.

Una segunda crítica a la MMT es que no toma en consideración el impacto la inflación si la emisión de deuda fuese ilimitado. En opinión de Kelton, es una observación injustificada. “La inflación es un fenómeno complejo que no se entiende ni a día de hoy. Se han consolidado múltiples teorías para medirla, la curva de Philips, etc. Pero la realidad es que los precios no simplemente suben. Alguien lo hace. Y parte de esa realidad es que el capital ha triunfado sobre los ingresos. ¿Cómo puede ser que con la tasa de desempleo en mínimos en EE.UU. no hubiera presión en salarios?”, cuestiona.  

Parte del problema es la obsesión con la inflación en sí”, sentencia la experta. “¿Es una inflación del 1,8% tan materialmente significante que si está al 1,6%?”. Se refiere a que el temor a generar una subida descontrolada de los precios puede estar frenando el potencial económico. En su opinión, se debería permitir a las economías sobre calentarse más en vez de restringirlas artificialmente en temor a un déficit creciente.

Y sobre todo, que las herramientas más útiles están en manos de los gobiernos, no los bancos centrales. “¿Qué nos hace pensar que el QE funcionará para estimular la economía?”, cuestiona. “El QE es básicamente un asset swap: toma un activo con una tir real y te lo cambia por otra sin yield pensando que eso se va a reflejar en la economía. Lo único que hace es exprimir los precios de los activos”.

La MMT se focaliza en lo que tienen que hacer los gobiernos. Y la respuesta de los políticos a esta crisis ha sido el gran ejemplo, en vivo y en directo, de que sí tienen la capacidad. Recordemos que hace apenas meses Estados Unidos aprobó en semanas un paquete de ayudas por valor de 2,2 billones de dólares. “Necesitamos desesperadamente que los gobiernos gasten. Y no lo están haciendo tanto como deberían”, sentencia.  

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