Mi fondo gana y yo pierdo


Mi fondo gana y yo pierdo

Miguel de Juan Fernández- A bordo del ARGOS 30 Mayo 2014

Por fin cumplo la promesa que os hice hace dos semanas y voy a abordar en este artículo el hecho de que muchas veces haya que separar la rentabilidad del fondo de inversión y la rentabilidad de los propios partícipes del fondo.  

Supongo que la inmensa mayoría de vosotros pensaría que la rentabilidad de unos y otros debería coincidir, a fin de cuentas, es el dinero de los partícipes el que el gestor está invirtiendo por lo que la rentabilidad que obtiene, que es para sus inversores, debería ser la misma,…pero no. De hecho, en líneas generales o en promedio si preferís, suele ser bastante menor la que obtienen los inversores de los fondos que la que los fondos en sí están obteniendo.

Dudo mucho que este hecho se comente a menudo a los clientes de las entidades cuando van a contratar un fondo y pienso que sería razonable que se les explicara. Dado que estoy escribiendo sin tener delante los datos, perdonadme pero quedaros con la idea en general. Si no recuerdo mal, creo haber leído, pongamos es un suponer, que la rentabilidad media de los fondos genera un 7% y la rentabilidad media que obtienen los clientes, pongamos- otro suponer-, que era el 4%,…y estamos hablando de cifras después de gastos y comisiones, es decir, desde el valor liquidativo inicial al de la fecha en cuestión.

¿Cómo puede ser esto o mejor, por qué sucede esto?

La respuesta es principalmente una cuestión de falta de paciencia y de no entender el funcionamiento de un fondo de inversión. Bien es cierto que desde la industria financiera se fomenta esa falta de paciencia, pero en este caso, también los inversores han de asumir su parte de culpa, su cuota de responsabilidad,…la urgencia de ganar lo más posible en el periodo más corto de tiempo no está exenta de costes ni de riesgos,…y éstos no deben dejarse de lado.

Recuerdo que en el libro El lemming que salió raro (Ed. Eje Producciones Culturales, 2012) incluía unas gráficas tomadas de John Bogle, el fundador de los fondos indexados Vanguard de bajo coste, en el que resaltaba cómo los inversores generalmente se equivocan a la hora de invertir su dinero en bolsa: básicamente invirtiendo más cuanto más cara está la bolsa o cuando más está subiendo y, al contrario, retirando, o metiendo menos, dinero de la bolsa cuando ésta está cayendo. Esta misma situación pasa en el caso de que hablemos de las entradas o salidas de dinero de fondos de bolsa y si me apuran, con aquellos que mayor rentabilidad han conseguido en un periodo muy corto de tiempo y viceversa.

Y no penséis que estos errores de timing los cometen exclusivamente los inversores particulares o minoristas,…de esta forma de actuar no se escapan ni los asesores financieros o los banqueros privados o los sistemas de gestión de carteras de fondos ya que se basan también en la creencia de que las tendencias existen,…y nos envían señales.

Al final lo que pasa es que nos gusta tanto entrar y salir de los fondos de inversión y movernos hacia el sector o el fondo que más esté logrando en el último periodo del que nos fiemos lo suficiente como para cambiar nuestra anterior elección. El problema es que estos saltos entre fondos terminan generando costes, que hay que detraer de la rentabilidad bruta y errores- que como indicaba Bogle son sustanciosos- lo que perjudica seriamente a nuestra rentabilidad. La rentabilidad que el fondo está logrando queda en muchos casos alejada de la que realmente obtenemos por nuestra propia imprudencia a la hora de invertir. Tenemos poca paciencia y por si fuera poco, se nos fomenta el que la poca que tenemos desaparezca. Al igual que el periodo medio de una acción en un fondo ha pasado de contarse en años a contarse en meses, con los fondos ha pasado algo por el estilo: antiguamente se mantenía un fondo en la cartera de un inversor varios años, entorno a siete u ocho años; ahora está en poco más de uno.

Si a ello le añadimos que nos equivocamos en el momento de entrar y de salir (y no será por falta de datos y tecnología, ya que ésta es omnipresente y muy avanzada- otra cosa es hacia dónde avance que, según mi humilde punto de vista, lo hace hacia el lugar equivocado) tenemos una tormenta perfecta. Y recordad, insisto, en que desde el sector se sigue fomentando esta equivocada forma de invertir ¿? , ya que si hablamos por ejemplo de un servicio propio de la banca privada, la gestión de cartera de fondos, recuerdo que en una de las entidades en que trabajé se llamaba gestión activa de fondos, lo que implicaba- lo creáis o no- que el equipo gestor que movía el patrimonio de los clientes entre los miles de fondos a su disposición, lo hacía para mostrar que realmente era “activa”; ya me imagino que la versión oficial sea que lo hacían- y lo hacen- para obtener mejor rentabilidad, pero en fin…

Os diré un secreto: en todo este mes no he realizado ni una sola operación en el Argos Capital FI,…y no considero que ello implique que no esté siendo “activo”. El problema para ese tipo de estrategia es que se generan menos comisiones, mi ventaja para mí es que intentamos evitar costes superfluos.

Afortunadamente la rotación entre los argonautas es mínima, por lo que su rentabilidad sí es pareja a la del Argos y en algunos casos incluso superior al haber promediado cuando el precio del valor liquidativo estaba por debajo de su nivel inicial. Pero los argonautas son una raza aparte y su confianza no será defraudada.

Un abrazo a todos y hasta el próximo artículo.

miguel.dejuan@hotmail.com

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