México: claves sobre las cuatro áreas de reforma y oportunidades de inversión


Del 'efecto tequila' a la 'estrella ascendente de América Latina' en tan solo 20 años. Los expertos valoran cada vez más positivamente el potencial de crecimiento desencadenado por las reformas del gobierno de Enrique Peña Nieto, que afectan a los ámbitos de la energía, las telecomunicaciones, el trabajo y los impuestos. Sin embargo, queda todavía mucho por hacer, como asevera Sophia Whitbread,  gestora de mercados emergentes de Newton (filial de BNY Mellon Investment Management): “Aunque han pasado casi 20 años y la crisis ya es cosa del pasado, todavía se notan sus efectos. Por ejemplo, el sector financiero presenta diferencias considerables respecto a otros países de la región: la deuda privada como porcentaje del PIB supone un 28%, mientras que en Brasil esta relación supera el 65%”. 

Aquí está una de las oportunidades de inversión que detecta la experta: México no ha experimentado el aumento del crédito al consumo que se ha producido en otros mercados emergentes. “México, el país que nunca materializaba su potencial, goza actualmente de una envidiable salud financiera”, apostilla Whitbread.

Otra de las oportunidades viene de la mano de la demografía, con un perfil favorable en este país. Se ha de tener en cuenta que la población mexicana se ha multiplicado por cuatro en los últimos sesenta años, alcanzando los 120 millones de personas. En este tiempo, se ha reducido el coeficiente de dependencia (menos adultos mayores en la parte superior de la pirámide de población) y ha caído la tasa de fertilidad. Según la gestora, “este fenómeno ha conducido a un aumento de la renta disponible para el consumo, pero también a un mayor acceso a una mejor educación, lo cual debería redundar en beneficio de la productividad de México”

“Miramos a México con optimismo gracias a los sólidos fundamentales de su economía y a la posibilidad real de reformas de gran calado en los sectores de gas, petróleo y electricidad, lo que debería traducirse en mayores flujos de inversión extranjera directa”, prosigue la gestora. Ésta añade que “las cuentas externas y fiscales de México están en equilibrio, mientras que la inflación subyacente se mantiene en niveles favorables. Al mismo tiempo, se prevé que el crédito registre un sólido ritmo de crecimiento desde los bajos niveles de penetración actuales”. Todo esto lleva a la representante de Newton a afirmar que “existen numerosos motivos que justifican una postura optimista respecto a México a largo plazo”.

Claves sobre la reforma energética

¿Qué nubes pueden ensombrecer este panorama esplendoroso? Whitbread asegura que “la política sigue siendo un obstáculo aparentemente omnipresente en México”. Pone como ejemplo la reforma energética, que pretende poner fin al monopolio que ha ejercido la empresa estatal Pemex en los últimos 76 años. La liberalización del sector “daría cabida a la inversión de las grandes petroleras multinacionales mexicanas”, en palabras de la experta, que define a Pemex como “una empresa anticuada y sumamente ineficiente, cuya plantilla probablemente triplica el número de personas necesarias”. 

Según Whitbread, “la reforma y la optimización de la empresa podrían tener un impacto significativo en la economía general, ya que una parte importante de los ingresos nacionales procede de Pemex”. De hecho, el cálculo gubernamental apunta a que, gracias a la reforma energética, se podría propiciar un incremento del 1% en el crecimiento anual del PIB durante el actual mandato presidencial, y un 2% en el próximo. 

El problema es que el proyecto de reforma lleva meses bloqueado. Se espera que vuelva a retomarse en septiembre, con el Congreso otra vez a pleno rendimiento. Pero desde Newton consideran que el gobierno mexicano está llegando tarde: “Por supuesto, esto supone un duro revés para la administración, pero no debemos olvidar el potencial de transformación que implica semejante reforma. Debería permitirle a México liberar el enorme potencial de este sector y creemos que se ha invertido un ingente capital político para garantizar su éxito”.

Claves sobre la reforma de las telecomunicaciones

La agenda gubernamental también ha tropezado con inconvenientes para implementar la reforma del sector de telecomunicaciones, que persigue la creación de un nuevo marco regulatorio. “Los planes implican la desaparición del antiguo ente regulador, Cofetel, y su sustitución por Ifetel, que gozará de autonomía constitucional. Este marco institucional debería brindar al regulador una mayor autoridad para la consecución de sus objetivos: incrementar la competencia, aumentar el acceso a los servicios y mejorar la calidad de los mismos”, continúa la experta.

Las contrapartidas que ven los críticos con esta reforma es que se permita a la Policía y a las autoridades controlar el tráfico de internet, restringir el acceso en casos de disturbios sociales y facilitar la censura generalizada, por lo que el Ejecutivo ha tenido que introducir varias enmiendas al proyecto de ley. 

Claves sobre la reforma laboral y fiscal

Whitbread pone al inversor en situación: “Históricamente, México ha tenido una legislación laboral sumamente rígida. La cultura del ‘contratado de por vida’ dificultaba el despido de los trabajadores y por ende generaba una reticencia a la contratación por parte de las empresas. Esto ha tenido como resultado un mercado laboral entre gris y negro, compuesto por trabajadores que no están formalmente empleados y que por consiguiente reciben ingresos difícilmente gravables”. 

Para la gestora de Newton, las reformas emprendidas en este ámbito “están mejorando la capacidad de contratación y de despido de las empresas, mientras que el gobierno ha actuado con mano dura contra la corrupción y el poder de los sindicatos”. 

Este programa reformador va de la mano de una revisión del sistema fiscal. “México tiene tipos impositivos muy bajos en comparación con otros mercados: sus ingresos fiscales alcanzan el 20% del PIB según datos de la OCDE, frente al 36% de Brasil y la media del 35% en la OCDE”, contextualiza Whitbread. Para ella, “si México realmente quiere competir, tendrá que generar mayores ingresos fiscales”. 

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