Mercados emergentes: la principal amenaza es el fuerte crecimiento de EEUU


El año 2011 debería ser positivo para la renta variable emergente. No es difícil defender esta afirmación con cuatro argumentos: los principales indicadores están a punto de tocar suelo, el amplio diferencial de tipos entre los mercados emergentes y los maduros continúa estimulando los flujos de capital, el boom inversor en infraestructuras y construcción residencial en casi todas las regiones emergentes y las más que razonables valoraciones de inventario.

Pero en muchos casos, cuando la decisión inversora parece obvia, no se presta suficiente atención a los riesgos. He aquí los dos riesgos más serios para la renta variable emergente en 2011: el aumento de la inflación en el mundo emergente y la fuerte recuperación económica de EEUU.

El riesgo de inflación es evidente por si mismo. Debido a la boyante demanda doméstica en el mundo emergente, los output gaps se están estrechando y la presión de los precios se ha intensificado. Los salarios se están elevando rápidamente y los precios de las materias primas se acercan a nuevos máximos. Además de los altos flujos de capital, la oferta monetaria también se ha incrementado, alimentando la especulación. Consecuentemente los precios de los alimentos están aumentando más rápido que lo habitual. Estos factores ya han empujado la inflación en los trimestres pasados. Como las divisas se han fortalecido y las autoridades han comenzado a hacer más rigurosa su política monetaria (China, India, Corea del Sur y Brasil son buenos ejemplos), las cifras inflacionistas no deberían deteriorarse mucho más en los próximos trimestres. Mucho dependerá de los precios de los alimentos, los cuales son muy difíciles de predecir.

El segundo riesgo, la robusta recuperación de la economía de EEUU, es más peligrosa para la rentabilidad de los mercados emergentes. Esto requiere una explicación. A pesar de la ligera mejora de los datos económicos desde el verano, la recuperación de EE.UU. está lejos de ser convincente. Concretamente, el mercado residencial y el crecimiento del empleo aún presentan dificultades. Sin embargo, la política económica ha estimulado mucho la recuperación, especialmente en el apartado monetario. Esto ya es palpable en la confianza de los consumidores y de las empresas. Existe la posibilidad de que el crecimiento económico pueda dar un acelerón en algún momento en los próximos meses, lo que llevaría a unas mayores expectativas de tipos de interés y un fortalecimiento del dólar. Esto podría provocar la retirada de parte de de la inversión americana en los mercados emergentes. Mejores previsiones de crecimiento, tipos de interés más altos y una apreciación de la divisa.

Una rápida mejora de la economía americana tendría un impacto considerable en los flujos de capital. No sólo decrecería el flujo de capital de los EEUU a los mercados emergentes, sino que EEUU recibiría más flujos de capital de otras partes del mundo. En resumen, el mundo emergente recibiría menos capital. La consecuencia sería la depreciación de las divisas frente al dólar y el euro y una menor cantidad de capital disponible para la inversión y el consumo. Las expectativas de crecimiento se moderarían y algunos países con grandes déficits en su cuenta corriente – India, Turquía y Sudáfrica por ejemplo - podrían verse inmersos de repente en una situación algo diferente.

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