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Mentes criminales


Nuevo post del blog de María Folqué y Montserrat Formoso de Funds People.

En el quinto aniversario del escándalo Madoff nos ha dado por ponernos filosóficas. Nos hemos dado cuenta de que nuestra honradez es un poco como el árbol paradójico que se cae en el bosque sin que nadie lo vea ni lo escuche y entonces no se sabe si se ha caído o no. Porque al fin y al cabo, el caso es que no hemos sido tentadas lo suficiente (es que ni un jamón, ¡nada!) por lo que nuestra honradez es de momento, nominal. Y luego está el tema del trabajo que da lo otro. Los ladrones no son gente honrada, pero pueden ser muy trabajadores. No nos referimos a pasar la factura de una mariscada, eso lo hace cualquiera. No, nos referimos a las dobles contabilidades, a las vidas paralelas, o en el caso de Bernard, a mantener en secreto la planta entera de un edificio, como si fuera el piso 13 de un rascacielos chino, fabricando informes falsos, dibujando gráficos de cosas que no pasaron, reportando operaciones que nunca se llevaron a cabo. Pufff, qué trabajera.

Y total, para que se lo lleve el trustee. Leíamos en el Wall Street Journal que por los 9.300 millones de dólares que el señor Picard y sus socios han recuperado hasta ahora, su firma se ha embolsado la bonita cifra de 823 millones de euros en concepto de honorarios, que han sido desembolsados por la Securities Investor Protection Corporation. La conclusión está clara. A veces merece la pena dedicarse a un negocio honrado, en este caso, el desmontar un esquema Ponzi. Estén atentos por si ven alguno cerca. Claro que mejor en Estados Unidos, aquí acabarían ustedes en el inefable despacho del Señor Montoro. Llorando, seguramente.

Hablando de Ponzi, la semana que viene llega la Fed, así que el debate sobre qué hará o dejará de hacer vuelve a ser trending topic. Y esto va de observar las reacciones de Wall Street ante los últimos acontecimientos, para que los economistas vayamos ajustando las explicaciones según para qué lado. Si el viernes tras los buenos datos de empleo en EE.UU decíamos que las bolsas perdían el miedo al tapering amparadas por una mayor solidez económica, el acuerdo presupuestario de esta semana entre demócratas y republicanos para evitar otro bochornoso cierre federal produjo entre los inversores cierto miedo escénico.

Y mientras esperamos que Godot no haya perdido el tren, asistiremos a la tradicional sucesión de declaraciones y opiniones de distintos funcionarios de la Fed. Que son mucho de eso. No tanto por un afán de protagonismo, que seguro que también, sino más bien el de divulgar sus ideas: ojo, no para que las sepa el mercado, sino para compartirlas entre ellos.

Porque en 1994, y bajo presión del Congreso, las reuniones de la Fed comenzaron a transcribirse enviando posteriormente un borrador a cada uno de los miembros. Así que para sorpresa de muchos, como ocurre cuando uno escucha su voz, se descubrieron a sí mismos careciendo de la calidad dialéctica que se presuponían: ni hablaban tan bien, ni exponían las ideas de forma clara. Lo que pasó desde entonces es como los posados de los famosos, que pierden la espontaneidad de la arruga: reuniones más largas, discursos preparados y con ideas herméticas que no daban mucho margen al cambio de opinión. Es decir, lo decisivo de la reunión pasó a ocurrir antes de la misma donde había mayor “libertad” al debate lejos de la hemeroteca, mientras que los miembros del FOMC se deshacen en declaraciones y entrevistas públicas para ir dando pistas sobre lo que van a defender.

Total. Que no tenemos ni idea de lo que Bernanke decidirá: dejarle el marrón a Yellen, anunciar menores compras de treasuries, establecer un objetivo de inflación… Nosotras seríamos más partidarias de que reconociese que sí, que llevan años lanzando masivamente posiciones cortas de dólar. Porque señores, ¡1,38! Como hay que buscar explicaciones a todo, muchos las encuentran en el mayor superávit comercial de la Eurozona (Alemania, España, Italia y Portugal) y su posición acreedora frente al resto del mundo.

Y desde aquí lanzamos nuestro humilde homenaje a Nelson Mandela, y nos atrevemos a pesar de la dificultad de hacer algo que esté a la altura, no sólo de su talla política, sino del alboroto llegado de Johannesburgo. Dejarse ver con Mandiba por encima de todo, y si no para esos están las nuevas tecnologías. Aviso a navegantes, que ya hay reincidencia: léanse el manual de instrucciones.

Fuente: Cursos de formación subvencionados pero inexistentes

Buena semana

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