Melancolía. La frustración. El tedio.


Eso nos contó hace no tanto un filósofo muy reputado y lo que nos cuentan otra vez en Melancolía.

 

Familiares, bailes, 1,000 dólares en trajes y millones de sonrisas falsas retumbando en la cabeza y en el corazón de la "melancólica" Kirsten Dunst (prometo que me parecía melancólica antes de esta película). Con esta actriz nunca sabes si quiere ser una virgen suicida o la novia de Peter Parker y creo que debería decidirlo pronto, no es lo mismo ser Grace Kelly que Katherine Hepburn aunque la segunda venda más cuadros de Ikea.    

 

Y volviendo a la frustración no es más que darte cuenta que la vida no tiene sentido, que tu vida es justo lo que no deseas y que la única culpable eres tu misma. Y ya no hay vuelta atrás, es impresionante cómo trazan el paralelismo entre los planetas y la vida de la novia (¿cadáver?), cómo sin darse cuenta la vida de ascensos, de trabajo duro, de sonrisas, de éxito no es simplemente lo que habías buscado y tu marido te compra una casa en el campo que rápidamente te enseña qué es lo que más detestas o detestarías en ese momento: una casa en el campo. Ya no hay vuelta atrás, no vale excavar hasta lo más profundo de tu ser porque no hayas tenido antes la voluntad de ser feliz. Y eso es una depresión, el pozo en el que caes si no eres honesto cuando lo tienes que ser. El planeta ha trazado ya demasiadas elipses, la vida te da demasiadas oportunidades y ser feliz no es un estándar ni es algo que dependa de la suerte. Sólo te queda romper con el pasado y con la sociedad y, a partir de aquí, empezar de nuevo (ahí empieza la parte 2).    

 

De la primera parte quizá se pierde la matrícula de honor en los mensajes obvios, barrocos, simplones durante la boda: el campo de golf, el hoyo 19, la madre, el padre (demasiado sencillo coger el personaje de John Hurt de la última de Indiana Jones y meterlo en la boda con Smoking, ¡menos mal que no cogió el hombre elefante como película de referencia!) y, sobre todo, la peor escena de la película, la de la novia cambiando los cuadros abstractos por los clásicos en el despacho de su cuñado.    

 

Ya en la segunda llega el tedio, una vez que te has dado cuenta que tu vida no tiene sentido sólo queda esperar a que el planeta choque (o no choque), a que tu vida pase lentamente sin tener ni siquiera la intención de coger ningún tren. ¿Para qué? Para volver a equivocarse y otra vez sin voluntad y sin lucha no hay premio. Y ahí llega su hermana, Claire, una buena persona que sólo desea que su vida continúe eternamente en la mansión, con su hijo viviendo una vida maravillosa. La vida de Claire se analiza desde un punto de vista externo: los caballos, su hijo, su marido, su casa, su modo de vida, etc. Esto permite que el director no tenga que centrarse en artificios socarrones ni en ejemplos banales sino que todo se desarrolla desde un punto de vista mucho más minimalista que te permite disfrutar mucho más del mensaje y de la actuación de todos los personajes, espectaculares todos en esta segunda parte.    

Lo mejor, la escena en que Justine (Dunst) se tumba desnuda y mira al cielo de tú a tú, como diciéndole a "Melancolía" esta soy yo y esta eres tú, por fin, sé quién soy yo y no te tengo miedo. Es la única vez en toda la película en que la sonrisa de Justine es sincera y plena.

 

Supongo que a eso se refería William Blake: "If the doors of perception were cleansed, every thing would appear to man as it is: infinite."

 

La mejor película del año, en mi opinión (secundada por el cisne negro) más profunda en el pensamiento y, hasta cierto punto, más original. Creo que la idea de que la película tenga 2 historias paralelas en las dos hermanas y que ambas terminen viviendo bajo el mismo techo con las mismas "ganas" de mirar al futuro es INMEJORABLE, sobre todo, si mientras tanto hay un planeta en órbita contra la tierra. El cisne negro es pasión, es latidos de corazón y miedo a lo desconocido pero esto es la vida y la supervivencia de la raza humana en una sociedad que no te deja saber qué quieres estudiar, a qué quieres dedicarte, con quién debes casarte, qué te gusta y qué no te gusta. Una obra MAESTRA de nuestro tiempo.

 

Supongo que la evolución natural al final de una película, ¡una buena película!, es pensar en lo bien que está hecha y luego en lo inteligente que es el director y no al revés. ¡Qué lo revise Malick porque vaya "bodrio" de la vida!. 

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