Maximizar el alpha con baja volatilidad en cualquier escenario


En el contexto actual de bajos tipos de interés, los inversores están más que nunca en búsqueda de rentabilidades, pero ¿cuánto riesgo están dispuestos a aceptar?

Las oportunidades son escasas en los mercados de renta fija. Las deudas de los Estados de los países core ofrecen rentabilidades históricamente bajas, la curva de tipos alemana presenta rentabilidades negativas hasta los 3 años incluida. Las deudas a 10 años de los países periféricos han caído fuertemente desde el comienzo del año y el 10 años español ofrece ahora una rentabilidad inferior a la del 10 años americano. En cuanto a los bonos corporativos se refiere, la situación es idéntica. Ahora es muy difícil generar rentabilidad en los bonos de empresas de buena calidad, y si los bonos de alto rendimiento (high yield) siguen ofreciendo atractivas rentabilidades, ello implica asumir un riesgo mayor con un efecto de burbuja latente.

Frente al estrechamiento de las primas de riesgo en renta fija, todos los ojos están recurriendo cada vez más a la prima de riesgo de las acciones. Actualmente se estima en alrededor del 7% en Europa, puede ser una solución en la búsqueda de rentabilidades en la que se han lanzado los inversores. Sin embargo, esta prima de riesgo se acompaña de una importante volatilidad que puede empañar su atractivo. La fuerte caída de los mercados de renta variable durante la crisis de 2008 ha marcado a los inversores.

Con esto en mente, la industria de gestión de activos se ha apoyado en la anomalía de las acciones de baja volatilidad (low volatility anomaly) en un intento de responder a la siguiente problemática: reducir la volatilidad de las acciones manteniendo la rentabilidad ofrecida a los clientes. Numerosos estudios académicos sugieren de hecho que las acciones menos volátiles generan una rentabilidad similar a la del índice de referencia siendo un 30% menos volátiles.

Muchas estrategias de "baja volatilidad" ofrecidas en el mercado se basan en screenings cuantitativos cuyo objetivo es eliminar los valores más volátiles del universo de inversión. Otras soluciones utilizan modelos de riesgo y optimizadores, pero pocas son estrategias que van más allá del enfoque puramente cuantitativo. Desafortunadamente, si las estrategias clásicas de "baja volatilidad" ofrecen un amortiguador durante las fases de caída de los mercados, ellas decepcionan en los periodos de subidas. Además, estas estrategias carecen de diversificación y muestran altas concentraciones en algunos sectores o países. El riesgo asumido por los inversores es por lo tanto mayor de lo esperado en caso de evolucionar mal alguno de los sectores o de los países fuertemente ponderados.

Por último, la visión del riesgo centrado en la volatilidad histórica plantea la cuestión de la capacidad de estas estrategias para gestionar las inflexiones de mercados. Parece en efecto difícil de negociar un giro con sólo mirar a los retrovisores ...

Para superar las limitaciones de estas estrategias de "baja volatilidad", hemos desarrollado nuestra propia solución capitalizando de una parte nuestra capacidad para seleccionar valores de baja volatilidad y de otra parte en nuestra experiencia en construcción de carteras. En efecto, combinamos filtros cuantitativos, modelos de valoración y visión cualitativa del gestor para seleccionar las acciones que forman la base de la cartera. Recurrimos a una “pata” satélite con el fin de dinamizar la cartera durante las fases alcistas. Por último, podemos usar derivados que nos permite gestionar activamente la exposición de la cartera.

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