Materias primas y bolsas de EEUU, Alemania y emergentes de forma selectiva: las apuesta de Greetham


“La situación pinta bien para 2011, pero vivimos en un mundo de tensiones y los ciclos económicos cortos podrían haberse convertido ahora en la norma”. Es la opinión de Trevor Greetham, gestor de fondos multiactivos de Fidelity International en su último informe titulado “Oscuro por dentro, brillante por fuera”, en referencia a la positiva historia que parecen estar contando las alzas de las bolsas en contraposición con los problemas económicos de fondo, como la llegada de una inflación que obligará en algún momento a endurecer las políticas monetarias y contener el crecimiento.

“Consideramos que una nueva desaceleración es un riesgo para el próximo año, no para éste, pero cuando esto ocurra la deuda pública volverá por sus fueros ya que las fragilidades volverán a hacerse aparentes”, comenta el experto. Para Greetham, la mejor forma de lidiar con este entorno es mantener una cartera bien diversificada en una amplia gama de activos y la suficiente flexibilidad para aprovechar las oportunidades tácticas cuando se presenten.

Para el actual entorno, señala que los riesgos en 2011 están claramente orientados al alza y por eso los fondos multiactivos que gestiona están posicionados para aprovechar es te ambiente con sobreponderaciones en materias primas y acciones, especialmente en EEUU, Alemania y algunos mercados emergentes, eso sí, de forma selectiva.

Entre las razones, señala que la “economía de EEUU se está recuperando con fuerza gracias al cóctel de relajación monetaria y presupuestaria”, mientras la “confianza empresarial alemana está en máximos desde la reunificación, aupada por la política única de tipos de interés bajos en la zona euro y un sector exportador líder mundial, y China no ha conseguido hasta ahora enfriar su vibrante economía interna”. Razones para invertir en las citadas regiones. Para el experto, estos factores se combinan para provocar un “estrangulamiento en las materias primas y una multiplicación de los beneficios de las multinacionales”. Por ello, cree que los tipos de interés en algunos países en 2011, elevando el riesgo de pérdidas en las carteras de bonos, aunque no hay perspectivas de desaceleración a corto plazo.

“Ahora que los nuevos pedidos se están recuperando y los inventarios de las empresas estadounidenses vuelven a estar bajo control, las probabilidades de un crecimiento mundial sincronizado son mucho mayores”, dice el experto, explicando que su estrategia preferida consiste en posicionarse incrementando las asignaciones a materias primas en detrimento de la deuda pública. “En circunstancias normales, también se podría optar por una sobreponderación general en renta variable de los mercados emergentes, pero en esta ocasión las economías desarrolladas tienen más exceso de capacidad y políticas más expansionistas”, comenta, haciendo hincapié en el atractivo de EEUU y Alemania. “En los mercados emergentes somos más selectivos y preferimos países como Brasil, Rusia y Corea, con tipos de cambio flotantes y exportaciones de materias primas o tecnología. Estas economías deberían experimentar apreciaciones de sus divisas -más que grandes medidas de endurecimiento monetario- para contrarrestar las presiones inflacionistas nacionales”, apostilla.

La inversión irónicamente menos segura

La clase de activo que menos le gusta desde un punto de vista táctico es la deuda pública: “Con la consolidación de una tendencia de crecimiento mundial más fuerte, probablemente los rendimientos suban más desde los niveles actuales, niveles que siguen siendo bajos desde una perspectiva histórica. Irónicamente, esto podría exponer a los inversores a minusvalías que harían de los denominados "activos sin riesgo" una de las inversiones de mayor riesgo este año”, afirma Greetham.

Greetham analiza también Reino Unido, que, como la mayor parte de Europa, “es presa de una fiebre de austeridad aderezada con profusión de comentarios sobre recaídas en la recesión después de que la economía registrara una contracción anual del 2% en el último trimestre de 2010. La confianza del consumidor es baja, pero la elevada confianza empresarial británica entronca con las tendencias más positivas que se observan en otras regiones”, comenta.

Con respecto a EEUU, destaca tres acontecimientos del segundo semestre de 2010 que expusieron una postura claramente a favor del crecimiento: en junio, el presidente Obama escribió una carta abierta a los otros líderes del G-20 argumentando que los estímulos económicos no deberían retirarse demasiado pronto, ya que el crecimiento es siempre la mejor estrategia para reducir la deuda pública. En noviembre, la Reserva Federal anunció una operación de expansión monetaria cuyo fin específico es la creación de empleo, pero que también pretendía elevar los precios de las acciones y mantener la debilidad del dólar. Por último, la victoria republicana en las elecciones legislativas provocó una ampliación de las reducciones de impuestos de la era Bush y una mejora de las intenciones de inversión y contratación, al considerar las empresas estadounidenses que su gobierno se vería obligado a adoptar una línea más favorable a los intereses del sector privado.

“La estrategia está funcionando. La economía estadounidense creció a una tasa robusta del 3,2% en el último trimestre de 2010, frente el 2,6% del trimestre anterior, siendo el consumo y la inversión empresarial los grandes motores de esta subida. Con ello quedó oculto uno de los hechos más impactantes. Los que pensábamos el verano pasado que el giro a la baja en el ciclo mundial de inventarios provocaría una recaída en la recesión acertamos a medias. Un freno temporal en la reconstitución de los inventarios de las empresas supuso un enorme descenso del 3,7% en el crecimiento estadounidense, un golpe al PIB aún mayor que el registrado en el cuarto trimestre de 2008, cuando las fábricas del mundo prácticamente se paralizaron. Sorprendentemente, EEUU consiguió absorber el exceso de inventarios sin dejar una gota mientras el consumo y las exportaciones se disparaban. Las ventas finales crecieron a una tasa anualizada del 7,1%, el ritmo más alto desde 1984, pero lo verdaderamente notable es que esto se consiguió sin inflación y, por lo tanto, sin riesgo inmediato de subida de tipos por parte de la Fed. El deflactor del PIB se situó en una tasa anualizada del 0,3%, una de las cifras más bajas de las que se tiene constancia”, dice Greetham en su informe.

 

 

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