Marcianos


Nuevo post del blog de María Folqué y Montserrat Formoso de Funds People.

Pues ya lo ha dicho Stephen Hawking esta semana en Londres, “la inteligencia artificial puede ser más lista que todos nosotros”, los humanos, por aclarar. Por ello el astrofísico británico insta a establecer colonias en otros planetas ante una “casi segura” futura catástrofe tecnológica en la que los robots habrían conseguido diseñar automejoras por sí mismos. Nosotras de momento nos agarramos al casi, por lo del miedo a los cambios, ya saben, pero sin perder de vista el concepto de “colonias donde todo estaría por hacer”: construir carreteras, inaugurar polideportivos, abrir aeropuertos, emitir deuda publica partiendo de unas cuentas saneadas… Que es pensarlo y entra una morriña.

Y si los robots no acaban con el mundo tal como lo conocemos, siempre pueden hacerlo los bancos centrales. Porque ahí tienen al Banco de Japón, el BoJ, a su presidente, Koruda, y al que manda, Shinzo Abe. Tras dos años en el cargo, Abe anunció elecciones anticipadas para el próximo 14 de diciembre. Él ya había sido Primer Ministro de Japón en 2006 pero renunció a su cargo por “falta de apoyo” en su gestión. Ahora convoca de nuevo a los ciudadanos para constatar su respaldo ante la aplicación de medidas impopulares, y continuar así, ya seguro y entregado, con su famoso programa de las tres flechas. Las encuestas publicadas por la prensa nipona adelantan que Abe mantendría la mayoría, no tanto por su fortaleza sino por la debilidad del rival. Curioso caso de preguntar al pueblo “me sigues queriendo” teniendo ante si un ambicioso futuro, el de arrancar a su economía de 20 años de deflación, y un pasado tan movido, que en ese tiempo han desfilado la friolera de 18 primeros ministros.

La saga continúa: “Currency wars: El despertar de la fuerza”. Porque uno de los temas que hay sobre la mesa es la amenaza de una guerra de divisas en Asia como reacción a la estrategia de Japón de “empobrecimiento del vecino” (beggar thy neighbor). Hace tiempo que el juego de la recuperación lo soporta la política monetaria vía debilitar la moneda para impulsar las exportaciones; pero tal como nos recuerda Roubini la guerra de divisas es un juego de suma cero: “si una moneda es más débil, otra moneda debe ser más fuerte; y si la balanza comercial de un país mejora, de otro deben empeorar”. El objetivo es claro, aumentar la demanda y el crecimiento, la demanda y la inflación, la inflación y el crecimiento –lo complicado es por dónde empezar-, y por encima de todo, poder pagar la deuda acumulada.

Tras el último comité del año del BCE, Mario lo tiene difícil con la inflación y el euro. Dice que la caída del petróleo no tiene porque ser mala, porque el impacto de los precios se vería compensado por la magia del efecto sustitución y la subida de la renta disponible para otras cosas. En cuanto al calendario de QE nos ha aclarado que “early next year” no quiere decir en enero. Así que un poco de decepción entre el público más expansivista, que queda a la espera de algo más que retórica a discreción. Paciencia señor Draghi todo llegará, algún día a Wiedman, que vive tan bien con datos de inflación negativos se le pasará el trauma de su abuelo y le dejará hacer y poder comprar como usted ha dicho hoy “de todo menos oro”. A lo mejor en las segundas rebajas, las de febrero.

Lo bonito de Europa es que tenemos todo el tiempo del mundo, aunque no sabemos muy bien para qué, pero a ver si se nos ocurre algo. Ojalá sea antes de tener que mudarnos a Marte, que no apetece nada y mucho menos con una panda de robots sabihondos que se autocorrigen sin cesar. Ni que fueran de Podemos.

"Dientes, dientes..."

 

Buena semana.

 

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