Los tipos de interés aún más bajos


Tras la profunda crisis económica y financiera en el área euro, la situación se ha estabilizado. Ya no tenemos esa incertidumbre sobre la desintegración de Europa y  las dudas sobre la solvencia de países periféricos se han disipado, gracias a lo cual las primas de riesgo se han reducido fuertemente. La eurozona ha encadenado tres trimestres creciendo, la demanda interna y el desempleo se ha estabilizado y  se ha producido un pequeño repunte en la inversión. No obstante, el peligro de deflación y de estancarnos en un crecimiento raquítico son los principales riesgos, lo cual es especialmente peligroso para los países con alto nivel de endeudamiento.

Aunque los riesgos de deflación no son elevados, sí que nos enfrentamos a un largo período con inflación baja por varios motivos. En primer lugar, el euro ha tenido un buen comportamiento, lo cual hace que no “importemos inflación”; en segundo lugar, el desempleo se encuentra en máximos en la eurozona, por lo que no vamos a tener presiones en salarios y por último los desajustes en tipo de cambio real que se produjeron en el pasado dentro de la zona euro se tienen que corregir vía medidas estructurales y ganancias de competitividad en los países que se quedaron atrás. En este sentido, se ha visto como países como España han avanzado ya mucho, pero otros como Francia e Italia (segunda y tercera economía europea) tendrán que hacer ajustes para recuperar su competitividad dentro de la zona euro. Lo cual es un importante freno a la inflación y al crecimiento.

Con este panorama, la primera conclusión es que el BCE va a mantener los tipos bajos durante un largo período de tiempo, no vislumbrándose movimientos al alza hasta por lo menos 2018. Además, en el mercado se esta empezando a descontar la inminente actuación del BCE vía un QE, lo cual ayudaría más aún a  anclar los tipos de interés, y según sea su formulación, podría ser un paso para favorecer el crédito y por tanto el crecimiento en las economías europeas.

Desde nuestro punto de vista, y dadas las diferencias en la financiación de las empresas europeas, que captan sus recursos fundamentalmente del sector bancario (aunque esto está cambiando en los últimos tiempos), el QE europeo sería más eficaz si se focalizase en comprar ABS, ya que los bancos sabrían que existe un comprador para el riesgo de su crédito. No obstante existe un problema regulatorio  para que el BCE pueda comprar riesgo de crédito directamente. Es por ello, que el BCE podría hacer una compra de bonos de gobierno al estilo de la Fed, con la idea de que los tipos de la deuda pública cayesen más aún e incentivar a la banca a vender su cartera de bonos y tener que buscar alternativas para mantener sus márgenes, como es el incremento del crédito. En este último caso, las rentabilidades de los bonos europeos caerían significativamente, y las primas de riesgo se reducirían aún más.

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