Los programas de recompra de acciones, ¿operaciones a la fuerza positivas?


La recompra de acciones propias por parte de una empresa puede ser vista e interpretada de manera muy diferente, dependiendo de cuál sea el ángulo desde el que se mire. Así lo asegura Michael Mauboussin, gestor de Legg Mason Capital Management, boutique perteneciente a la gestora estadounidense Legg Mason Global AM, en un artículo en el que discute sobre la mayor o menor importancia que se le da a la recompra de acciones para maximizar el valor a largo plazo de la compañía. Existen cuatro puntos de vista distintos desde los que se pueden analizar estos programas: la empresa, el accionista, los potenciales socios y los medios de comunicación.

El propósito de una empresa es maximizar el valor a largo plazo. Por este motivo, la principal responsabilidad del equipo directivo es destinar los recursos financieros, físicos y humanos de los que dispone a buscar oportunidades de inversión que sean capaces de generar los mayores retornos. En este sentido, “la recompra de acciones propias puede resultar más atractivo que invertir en cualquier otro negocio”, asegura Mauboussin. “Si una compañía de la que eres accionista está adquiriendo acciones propias, debes reconocer que hacer nada es estar haciendo algo”, señala.

En opinión del gestor de Legg Mason Capital Management, “los medios de comunicación deben parar el bulo que dice que la recompra de acciones propias es algo bueno al ser un factor que incrementa el beneficio por acción. En términos aritméticos esto no es cierto. La mayoría de los medios de comunicación tienen poco o ninguna formación en finanzas y analizan estas operaciones desde hechos o ideas equivocadas”. Según el gestor, por norma general, “los directivos tienden a pensar que el mercado infravalora sus empresas, por lo que sus motivaciones a la hora de comprar parten de premisas incorrectas”.

No obstante, esto no quiere decir que estas operaciones sean negativas por norma. “Una compañía que comprase acciones a un precio que es superior a su cotización actual no ha cometido un pecado si en el proceso de toma de decisiones se evaluó cuidadosamente su valor y si dicha decisión fue tomada a partir de informaciones que entonces hacía creer en una infravaloración del valor”, afirma Mauboussin. “Si se realizan correctamente, estas operaciones pueden ser un modo efectivo para devolver el capital al accionista. En cambio, si lo que se busca con esto es, por ejemplo, impulsar el precio de la acción, los hechos demuestran que estos movimientos tienen un recorrido muy corto”.

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